La bonanza, un recuerdo

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Por: Primitivo González Muruato Primitivo González Muruato - 25 de may de 2003.

comarca lagunera.- Todo tiempo pasado fue mejor. Esa máxima se cumple al menos con el cultivo del algodón en la Región Lagunera, donde llegaron a sembrarse hasta 100 mil hectáreas en un ciclo agrícola, de tal forma que se le denominó el “oro blanco”. El año pasado apenas se establecieron poco menos de 1,500 hectáreas.

El auge algodonero alentó la construcción de aproximadamente 20 plantas despepitadoras en distintos puntos de la comarca, muchas de las cuales se han convertido en ruinas y quedaron para el recuerdo de aquellos tiempos.

La importancia del cultivo algodonero fue tal que generó miles de empleos directos e indirectos, no sólo en el campo, sino en la ciudad y desde entonces La Laguna es identificable a nivel nacional e internacional como la región que produce algodón.

La Unidad Regional Laguna, dependiente de la Dirección General de Culturas Populares, coordinó un trabajo sobre la historia del algodón, en el cual participaron varios investigadores con la colaboración de técnicos y productores y de donde se toman diversos aspectos importantes sobre el crecimiento y decadencia de este cultivo.

Algo de historia

El cultivo del algodón comercial se introduce en 1830 y para fines de esa década comienza a expandirse aceleradamente, incentivado por el aumento de la demanda creada por la instalación de algunas hilanderas ubicadas en la ciudad de Durango, uno de los centros urbanos más importantes del país en ese entonces.

En la década de 1920 aparece otra innovación fundamental. Se perforan las primeras norias para la explotación de agua subterránea y con ello surge la posibilidad de agregar al riego anual por anegamiento, nuevos riegos de auxilio durante otros momentos del ciclo vegetativo.

Por los excelentes rendimientos que produce la utilización de dosis de agua suplementaria, se generaliza rápidamente y en 1926 había ya en explotación 130 pozos. Para 1937 el 35 por ciento de la superficie se cultivaba con ese método, lo cual explica, por otra parte, el aumento de 50 por ciento en el rendimiento físico del cultivo que se registra durante la década de 1930.

Durante aproximadamente 70 años, la región se conformó, creció y se desarrolló en torno a la producción algodonera de las grandes haciendas controladas por el capital extranjero. Sólo la compañía de Tlahualilo, propiedad de un consorcio angloamericano, reunía en distintas propiedades una superficie potencial de labor de 51 mil hectáreas.

El boom del algodón fue tan importante que ya a finales del siglo XIX La Laguna había desplazado a Veracruz en la producción de la fibra y en vísperas de 1910, abastecía el 90 por ciento de la demanda industrial textil nacional, sin embargo, la creciente acumulación del gran capital no se reflejó en mayores transformaciones tecnológicas ni se reinvirtió en otros sectores de la producción regional. Sus excedentes se integraron al capital financiero o simplemente se depositaron en bancos fuera del país.

La Reforma Agraria

Las producción y productividad creciente del campo agrícola, motivó a los jornaleros a exigir mejoras salariales, menos horas de labores, séptimo día de descanso y otros, lo que no fue bien visto por los hacendados y comenzó a gestarse un movimiento que el presidente Lázaro Cárdenas aprovechó para profundizar la reforma agraria en 1936 y en un plazo de 45 días expropió a los grandes hacendados y distribuyó la tierra.

Lázaro Cárdenas entregó en usufructo 146,000 hectáreas irrigables a 135 mil campesinos y 5,300 hectáreas a 300 colonos. El resto de la tierra con posibilidades de riego, 67,000 hectáreas, quedó en propiedad de los antiguos hacendados, pero fueron fraccionadas en pequeñas propiedades, con una extensión máxima de 150 hectáreas cada una.

Las consecuencias

Los estudiosos de este período destacan los errores cometidos que no permitieron prosperar el proyecto nacional de la Reforma Agraria. En primer lugar, se sobrestimó la cantidad de tierra con posibilidades de riego y en segundo, aun teniendo la superficie prevista, el fraccionamiento de la tierra ejidal fue excesivo y generó las condiciones básicas para la aparición del minifundismo. Se distribuyeron cuatro hectáreas por ejidatario, de las cuales sólo se podría regar menos de la mitad.

Por otra parte, los nuevos ejidatarios no tenían tradición campesina ni conocían el proceso de algodón en su conjunto y, además, no tenían recursos técnicos ni económicos para iniciar la producción, lo cual hace que el Estado adquiera un rol protagónico en el financiamiento, asistencia técnica, organización de la producción y en la dinámica política de la organización campesina, de tal forma que la nueva sociedad ejidal nace y se desarrolla con absoluta dependencia de los diversos organismos que el Estado crea para garantizar su eficiencia económica.

La experiencia colectiva en La Laguna, como los ejidos, fue abortada antes que llegara a consolidarse y duró muy poco tiempo, tanto como el mandato de Lázaro Cárdenas. En la década de 1940, un nuevo proceso de reorganización ejidal, acoplado a las nuevas estrategias agrarias del Gobierno Federal, terminó en pocos años con la propuesta original

En 1955, luego de la guerra, el mercado mundial del algodón incrementó sustacialmente la demanda y, por ende, el precio. En la región comenzó de este modo una nueva época de bonanza que permitió afianzar las nuevas formas de organización ejidal, lo cual disimuló sus grandes limitaciones económicas y, por otro lado, aceleró el proceso de tecnificación y acumulación de las empresas capitalistas instaladas.

El aumento de la productividad y de los costos de producción responden a una serie de importantes transformaciones tecnológicas, que comienzan con la puesta en funcionaiento de la presa “Lázaro Cárdenas”.

La crisis y sus efectos

La entrada en el mercado mundial de las fibras sintéticas trastocó completamente las condiciones de comercialización del algodón.

La falta de agua, de créditos, la corrupción de líderes campesinos, el crecimiento de las ciudades y las reformas al Artículo 27 Constitucional, han dejado a la gran mayoría de campesinos fuera de la siembra de algodón y muchos de ellos también sin tierra.

En medio de todo ello, el algodón ha registrado altibajos enormes al paso de los años, pero con tendencia a la baja, de tal manera que si en 1974 se establecieron 100 mil hectáreas de la fibra blanca, en 1992 fueron apenas 383 y en 2002 se sembraron 1,457 hectáreas, de las cuales sólo una mínima parte corresponde al sector social.

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