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IGNACIO ESPINOZA GODOY
lun 8 jul 2019, 6:57am 3 de 3

Drogas legales: el ejemplo, fundamental



PADRES E HIJOS

"La palabra convence, pero el ejemplo arrastra", reza una famosa frase que bien puede aplicarse en la vida cotidiana cuando se trata de que los hijos no adopten hábitos negativos que observan de los padres, como el hecho de fumar o de ingerir bebidas alcohólicas, de tal manera que si los vástagos se percatan de que sus progenitores (puede ser el papá, la mamá o ambos) consumen tabaco o son muy dados, por ejemplo, a tomar vino o cerveza con cierta frecuencia, también sentirán que tienen el derecho de imitar ese modelo que tienen en casa sin que nadie les reproche esa conducta.

Sin embargo, amable lector, a pesar de que los hijos observen que sus padres tienen una relativa adicción (según la periodicidad en el consumo) al tabaco o a las bebidas de contenido alcohólico, esto de ninguna manera les autoriza a hacer lo mismo ya que habría que tomar en cuenta ciertas consideraciones y factores que pueden influir para emitir una prohibición dirigida a los hijos e hijas no obstante que los progenitores tengan ese hábito que en ocasiones se puede convertir en una adicción difícil de superar si no es con el respaldo de ayuda profesional, una vez que se tomó conciencia del daño que ocasiona o que ya ocasionó, según sea el caso.

Generalmente, las niñas y los niños tienden a imitar todo lo que hacemos o les enseñamos sus padres (mamá y papá, ambos), desde hábitos positivos como la limpieza, el vocabulario libre de palabras ofensivas e hirientes, hasta, lamentablemente, costumbres negativas perjudiciales como la impuntualidad o la irresponsabilidad, de tal forma que así se va moldeando, gradualmente, el carácter y la personalidad de pequeñas y pequeños, con defectos y virtudes, aunque lo ideal sería que prevalecieran los aspectos positivos sobre los negativos, por las implicaciones que estos últimos tendrán en el futuro inmediato de las hijas y los hijos.

De manera inconsciente, los vástagos van asimilando todo lo bueno y lo malo que observan no sólo dentro del hogar, sino también fuera de él, a través de lo que les enseñan sus amistades. Sin embargo, dependerá de la solidez de sus valores y principios morales que adopten o rechacen esos hábitos que pueden perjudicarlos, a pesar de la insistencia de sus "amigos" o "amigas" para que prueben esas drogas lícitas que están al alcance de sus manos y que no siempre es fácil dejar una vez que han caído en sus garras.

No obstante, los padres de familia deberíamos ser el mejor ejemplo para que los hijos e hijas no sean presas de esa tentación que representan el alcohol y el tabaco, que generalmente emplean las personas para olvidarse de sus problemas o para pretender escapar de sus conflictos cuando no encuentran la mejor manera de enfrentarlos y superarlos. Esa es, generalmente, la razón que esgrimen quienes fuman e ingieren bebidas embriagantes, que consumen tabaco y toman alcohol para evadir su realidad, olvidarse por unas horas de los problemas que no pueden resolver porque no hay a su lado alguien que les ayude en ese aspecto.

Los expertos en apoyo a personas que padecen ese tipo de adicciones coinciden en afirmar que no hay alguna droga (lícita o ilícita) que ayude a solucionar los problemas, sino que, por el contrario, sólo contribuye a agravarlos al generar que quien los padece se enferme más al consumir con mayor frecuencia esas sustancias que sólo destruyen el organismo de manera gradual hasta culminar, en muchas ocasiones, en la muerte de quien no pudo encontrar la ayuda que requería para superar esos conflictos de diverso tipo que lo agobiaron durante mucho tiempo.

Por ello, en la medida de lo posible, los padres de familia debemos estar en alerta constante para observar el comportamiento de los hijos e hijas, para prevenir que vayan a ser víctima de una adicción a cualquier droga, sobre todo si se trata de las ilegales, que son las que más daño ocasionan a quien las consume.

Nadie conoce mejor a los vástagos, así que debemos estar al pendiente del menor cambio en su conducta ya que puede ser el principio de su ingreso al mundo de las adicciones que no siempre son vistas de esta forma al pensar que se trata de algo "normal" el hecho de que los y las adolescentes se tomen unas cervezas con sus amistades.

Empero, estimado lector, no debemos minimizar el hecho de que un hijo o hija nuestros llegue al hogar con aliento alcohólico o con olor a cigarro, pues más vale agarrar el torno por los cuernos desde un principio, pensando que no pasa nada, a esperar a que esta conducta se convierta en un acción constante y frecuente.

Finalmente, habría que considerar, aunque suene como sermón o como algo repetitivo, que mientras los hijos no observen que sus padres no consumen ningún tipo de drogas (lícitas ni ilícitas), seguramente que cuando sus amigos o amigas les ofrezcan un cigarro o alguna bebida alcohólica, no lo pensarán dos veces y rechazarán la tentación y los peligros que se esconden detrás del mundo de las adicciones.

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