Durango
NALLELY URBINA
lun 15 jul 2019, 12:53pm 1 de 29

'Volar' para ser flaca; adicción al cristal

Peligro. Especialistas reconocen que los múltiples mensajes en redes sociales y medios de comunicación que promueven la delgadez como la perfección provocan baja autoestima en las personas en condiciones de vulnerabilidad emocional.


Siempre fue la más grande de su salón, en tamaño. Tiene un rostro fino que da gusto ver, pero toda la vida ha sido minimizado por las críticas que acostumbran a hacerle por su peso.

Gorda le dicen y sueltan la carcajada.

Desde pequeña ha sido así, ahora tiene más de 20 años y aunque ya no estudia, ese calificativo la sigue a donde va.

A los 15 tuvo una idea que le cambió la vida. Decían que con el cristal o "humo" las personas enflacaban, no solo eso sino que quedaban en los huesos.

De ahí se le ocurrió la estrategia con la cual lograría lo que con el ejercicio no había podido, y que por cierto, sus padres también le exigían: bajar de peso.

Su papá es un militar de 50 años con un físico envidiable y su esposa 10 años menor, con un perfil de esos que son aceptados por canónes de belleza.

En la prepa, muchos se drogaban, había pastillas de diazepam, marihuana, resistol y cristal.

Dio la primera bocanada al humo que salía del foco, como parte de su ideal de ser flaca. Así, pensaba, al lograrlo escaparía de los insultos que la seguían desde siempre. Le asustó; sin embargo, no iba a dejar que el miedo la venciera como lo habían hecho las groserías, la discriminación y el rechazo de los chicos.

Le dio una y otra y otra... Casi no sintió nada, solo menos sueño y menos hambre.

Pero, luego de meses de consumo, el resultado fue más depresión ya que por alguna razón no adelgazó, quizás fue la estrategia del destino que sabía que solo quería ser aceptada, no se drogaba con otra intención más que enflacar y al no lograrlo simplemente dejó el cristal.

La historia se repite a diario con adolescentes y mujeres jóvenes y adultas que esperan ser flacas.

A cada instante hay un bombardeo de ideas que favorecen la cultura del tener más que del ser, explica Mónica Urbina, psicóloga que ha tratado a mujeres con problemas de adicción.

Han llegado a su consultorio con la idea de que se "engancharon" en el cristal porque alguien les dijo que con la metanfetamina adelgazarían. Pero la especialista destaca que esto va más allá.

"Tener cierta ropa, ciertas proporciones del cuerpo, el cabello perfecto: ese es el mensaje", advierte.

Está comprobado que las redes sociales tienen un efecto negativo en los adolescentes, con el consumo de contenidos en los que se priorizan estándares de belleza, comentó. Su autoestima baja.

La entrevistada señaló que debido a esta sensación de rechazo por no cumplir objetivos basados en el tener y no el ser, se ha generado vulnerabilidad en todos, pero especialmente en los más jóvenes. De ahí que también problemas como el bullying se han disparado.

"Hay que tener un buen aspecto, muchos amigos, buena cara... hay que tener".

El consumo para bajar de peso se registra más en las mujeres que hombres afirmó.

Incluso hay adultas con varios embarazos que han probado la pastilla "milagrosa, ya usaron de todo" y de repente deciden probar la droga, refirió. Uno de los casos atendidos por la especialista, fue el de una madre de familia, que pese a ser de escasos recursos presentaba un problema de adicción, el cual comenzó supuestamente para adelgazar. La dependencia era tal que gastaba el dinero de la comida en dosis de cristal. Sin embargo, el consumo es la consecuencia de diferentes "vacíos" pocas veces identificados por las personas.

La condición de obesidad en una persona muestra de por sí un comportamiento compulsivo hacia la comida, que viene ligado con depresión, angustia, soledad, problemas económicos, codependencia u otros.

Son situaciones que "primero los llevaron a comer mucho y luego los llevaron a querer bajar todo lo que comieron. Hay principalmente un desequilibrio en la parte afectiva". Urbina destacó que es necesario conocer las fases de una adicción: comienza con el uso, que es una etapa de exploración, luego el abuso y finalmente la dependencia a la sustancia.

Eso explica porque la chica a la que todos llaman gorda, dejó de fumar cristal cuando se decepcionó por que no bajaba de peso. Estaba en proceso de experimentación. "Como a mí me dijeron que me iba a quitar la panza lo usé, pero me di cuenta que no era verdad y entonces cambio de producto", ejemplificó la psicóloga.

No obstante, pacientes como la madre de familia que atendió, han pasado a la adicción. Aunque la mayoría de los casos coinciden en que las víctimas se encontraban en situación de vulnerabilidad y con sentimientos de exclusión.

Aunado a esto los trastornos alimenticios también son una constante, según la Dirección General de Epidemiología de la Secretaría de Salud, este año en la entidad se ha documentado el caso de tres mujeres y un hombres con anorexia y bulimia, enfermedades compulsivas igual que las drogas. Adictivas y progresivamente mortales.

En contraste con la atención a otras enfermedades, la cifra es baja, principalmente porque no todas las víctimas lo reconocen como un problema y no buscan ayuda igual que con la adicción al cristal.

En el caso de la chica a la que todavía llaman gorda, y que se atrevió a hablar, al darse cuenta que no bajaba de peso dejó de consumir, pese a que el cristal es una de las drogas más adictivas y de fácil acceso.

Le dicen cricrí, meta, humo, foco, speed y es una de las más consumidas actualmente, hay quienes aseguran que para reducir su talla pero podría tratarse de un vacío que va más allá del físico.

Efectos

Los adictos al cristal pueden tener síntomas como ansiedad, confusión, insomnio, trastornos emocionales y comportamiento violento.

Aumento

De una década para acá en el estado ha sido notorio el aumento de personas consumidoras de drogas.

Factores

Especialistas reconocen que más allá del deseo de bajar de peso existe un problema emocional que genera vulnerabilidad.

Peligro. Especialistas reconocen que los múltiples mensajes en redes sociales y medios de comunicación que promueven la delgadez como la perfección provocan baja autoestima en las personas en condiciones de vulnerabilidad emocional.
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