Editoriales - nota 7 de 7

Enfermedad de la patria

Por: Federico Reyes Heroles


Patrias difíciles es la expresión de Gustav Heineman para referirse a la condición de esas naciones formalmente unidas, rodeadas por fronteras que sólo se suponen propias y deseadas, atrapadas por una identidad superpuesta que termina por enfrenar más que por unir a los ciudadanos. Patrias difíciles porque si la patria no nace del interior no existe a cabalidad. Caemos así presas de esos territorios que no pueden recibir medida ni en centímetros, ni en metros cúbicos, ni en gramos. No sabemos de su fortaleza o de su debilidad reales. Nos quedan sólo las expresiones folclóricas, superficiales, las máscaras. Pero ¿de verdad tendremos patria? Patrias difíciles pues se trata de ese alma nacional que damos por supuesto y que no está ahí, de ese acuerdo básico que debe pesar más que nuestras diferencias y que es una mentira, de ese amarre incuestionable que no existe. La patria puede ser un gran engaño. En el 2006 México se ratifica como una patria difícil.

A dos siglos de nuestra independencia, a casi un siglo de la revolución maderista, a noventa años de la promulgación del que suponemos acuerdo jurídico madre de la legalidad, queda claro que una porción importante de los mexicanos no cree en esa patria. Justificaciones hay varias: como la injusticia ha sido tanta es válido que los desvalidos desconfíen de todo: la riqueza se acumula en unas cuantas manos, los tribunales sólo benefician a los ricos, el progreso sólo llega a muy pocos. El principio suena aceptable: ¿por qué creer en unas instituciones que siempre juegan en contra de los más pobres? Es el escenario previo a una revolución. Pero ¿de verdad es cierto? Habrá acaso que tirar todo este andamiaje institucional a la basura. ¿En este naufragio nacional nada hay que salvar? De ser cierto los mexicanos merecemos una medalla a la tolerancia: somos una especie extraña, venida de otro planeta que soporta las peores afrentas y se queda apacible. O quizá la propuesta no sea del todo correcta. ¿Cómo es posible que hayamos llegado a este brutal aturdimiento?

Tesis: la pobreza aumenta. Falso. Hace medio siglo más del 60 por ciento de la población se encontraba en lo que hoy llamamos pobreza extrema. Hoy representa menos el 20 por ciento. Es mucho, por supuesto, tenemos que seguir combatiéndola, pero que la demagogia no nos ciegue. Proporcionalmente hablando hoy hay menos pobres. La apertura nos entregó al imperio. Falso. Gracias a la incorporación de México a los mercados globales hoy dependemos menos de la exportación de nuestras materias primas -petróleo principalmente-. Hoy somos más libres. Patria difícil porque no podemos aceptar que México ha tenido un crecimiento brutal de clases de ingresos medios que hoy tienen un genero de vida que era de unos cuantos hace medio siglo. Y lo mismo vale para la educación o la salud pública. A pesar de todo los indicadores muestran una clara mejoría. Con todas las deformaciones de las cifras, en ese medio siglo el ingreso per cápita se ha cuadruplicado o más. ¿Dónde estaban los derechos humanos o la democracia a mediados del siglo XX?

Las medidas de justicia social tienen que partir del supuesto de ese éxito parcial que ha resultado negado por todos. Fox ganó negando el pasado y en el 2006 por muy poco gana una porción de mexicanos convencidos de que el país no sólo no avanza sino que retrocede. Esa mentira flagrante ha tenido un gran éxito político. Hoy uno de cada tres mexicanos piensa que el país involuciona. Hay, sin embargo, un pequeño problema con esa mentira enferman al país. Por ejemplo, gracias a nuestro sistema de educación pública, en México sigue habiendo una movilidad social que resulta envidia de muchos. No es extraño el caso de familias que provienen del sector primario, de campesinos o ejidatarios y que, en una generación, brincan a profesionistas. Claro el PRI -gracias a sus corruptelas- no está en posición de reivindicar esos logros. El PAN ganó la Presidencia en el 2000 negando esos avances. En el 2006 la intención de incendiar al país cundió. Pero, de nuevo, por esa ruta ¿a dónde vamos?

Nuestra patria está enferma porque le hemos mentido sistemáticamente. Mentiras que exaltaban sin límite los logros, mentiras que escondían realidades brutales, pero también mentiras que niegan cualquier avance. Permitir que la confusión y el descrédito se conviertan en un negocio nos hará cada día una patria más difícil. Tenemos que acelerar el paso y evitar que nuestros conciudadanos tengan que migrar, sí. Tenemos que lograr una estructura fiscal más sólida, recaudar más para tener un estado más fuerte, que atienda con mayor eficacia a los que más lo necesitan, sí. Tenemos que solucionar el problema de pensiones e incrementar el ahorro interno, por supuesto. Tenemos que invertir más en infraestructura y atraer más inversión, sí. Pero sobre todo tenemos que sacar a la patria de ese mercadeo irresponsable en el cual tirarle piedras se ha convertido en el mejor negocio.

La patria está muy enferma y cada día se hace más difícil. Hay un mínimo de patriotismo que todos debemos recuperar. Ponernos de acuerdo sobre el mejor camino hoy pareciera una labor imposible. Pero podemos caminar por otro sendero. Sigamos la lección de Popper y gritemos falso cuando alguien atropella la realidad. Falso que no hayamos progresado. Falso que las instituciones sólo trabajen para los ricos. Falso que la apertura nos haya dañado. Falso que México sea el Edén. Falso que la miseria no disminuye. Falso, falso, falso.

P.D. Oaxaca es un infierno. Es una afrenta a todos los mexicanos. ¿Hasta cuándo?

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