Kiosko viernes 5 de sep 2003, 6:40pm - nota 6 de 8

El cine mexicano y su época de oro

Por: Gerardo Gómez Cano


Es indudable que la creatividad y talento de los mexicanos tuvo un florecimiento importante en el cine que se produjo a partir de la tercera parte del siglo pasado. No sólo sirvió para proyectar a los actores y cantantes más destacados de ese entonces, sino que plasmó en sus tramas la forma de ser y de pensar, así como las costumbres que imperaban.

El éxito taquillero y el reconocimiento internacional de la película “Allá en el rancho grande” (Fernando Fuentes, 1936) hizo prosperar un nuevo género cinematográfico cuyas curiosas convenciones lo hacen genuinamente nacional.

La comedia ranchera es la muestra de un cine exageradamente mexicano, como el tequila y sus machos bravíos. Su universo es el del mezcal y el mariachi, el de los jarritos de barro y el papel picado, el de los sombreros charros, los sarapes, las trenzas arregladas y el repertorio de trajes típicos. Además los salones de mariachi, las canciones autóctonas y las coplas populares.

REFLEJO DEL PAÍS

Como se sabe, en nuestro territorio confluyen varios ‘mexiquitos’ y la comedia ranchera los supo homenajear a todos entre gritos de entusiasmo y admiración con cintas como: “!Ay Jalisco no te rajes!”, “Jalisco nunca pierde”, “Bajo el cielo de Sonora”, “Sólo Veracruz es bello”, “Ay qué re’chula es Puebla”, “Qué lindo es Michoacán”, sin olvidar mencionar “Jesusita en Chihuahua” o la inolvidable “Los tres huastecos”.

En todos estos filmes hay algo en común, la presencia de las jovencitas enamoradas, los machos héroes y simpáticos, el canto y el buen humor. Sin importar la provincia o región, el escenario ideal siempre es el pueblo impecable, la plaza mayor con su pintoresco kiosco o el atrio de la iglesia local.

Obviamente no podía faltar la cantina y la hacienda en donde se desarrollan muchos de los momentos más emocionantes. En la taberna se ahogan las penas o se enfrentan los rencores; en la hacienda aparecen los trajes de manta y los vestuarios de lujo. No obstante, lo que le pone el sello característico a estas producciones es la música sobre cualquier drama.

ÉXITO EN TAQUILLA

En la comedia ranchera se desarrolla el culto al macho mexicano. Los buenos son notables triunfadores y los malos muy villanos, pero casi siempre redimibles. Los conflictos son siempre de honor o de amor.

Luego del éxito adquirido con sus épocas revolucionarias “El compadre Mendoza” y “Vámonos con Pancho Villa” (ambas de 1935) Fernando de Fuentes concibió la fórmula comercial capaz de convertir al cine nacional en una industria rentable.

“Allá en el rancho grande”, un melodrama ranchero con abundantes canciones y escrito por Gus Águila, se convirtió en un trancazo que jamás se pudo igualar. La reunión de personajes cómicos como “Chaflán” y Emma Roldán, mujeres bellas como Crucita Esther Fernández o músicos como el cantante Tito Guízar y el cantautor Lorenzo Barceltam, originaron un nuevo género que se impondría a todas luces como la comedia ranchera que hoy conocemos.

Un ambiente idílico sublime que parecía ignorar la Revolución y, sobre todo, la Reforma Agraria cardenista. Escenarios de cartón enmarcaron una fórmula que daría pie a infinidad de versiones muy parecidas: estereotipos en lugar de personajes y la historia de un malentendido entre un hacendado y su caporal por culpa de la noviecita santa del segundo.

Sin embargo, Tito Guízar pronto fue superado por Jorge Negrete, quien con su gallarda figura y su potentísima voz, triunfó con “Ay Jalisco no te rajes” (1941), de Aurelio Robles Castillo. Por su parte, “Jesusita en Chihuahua” (1942) propuso a Susana Guízar como el personaje rudo que pronto se convertiría en uno de los pivotes del género ranchero. La cinta, coprotagonizada por Pedro Infante, estaba dedicada a la gloria del tormentoso norte de México, plagado de hembras, canciones y tequilas.

Sin contar la cinta “Me he de comer esa tuna” (Miguel Zacarías, 1944), “Los tres García” (1946) de Ismael Rodríguez ofrece la primera gran obra del género a través de la historia de tres primos hermanos que se enamoran de una joven nacida en Estados Unidos.

Aquí no sólo se acentúo la burla al extranjero que desconoce las virtudes del macho –beber, cantar y llorar- y del folclor nacional; sino que, además, Sara García interpretó a una abuela sobreprotectora, vestida de negro, con su perpetuo puro en la boca.

Ese cambio de rol en el género volvió a repetirse en “La barca de oro” (1947), de Joaquín Pardavé, con Sofía Álvarez que echa tiros, bebe en la cantina y compite contra Pedro Infante.

LLEGÓ LA DECADENCIA

Por otra parte, “El gavilán pollero” (1950) del director debutante Rogelio A. González, reunió a Pedro Infante y Antonio Badú. En ella, se revelan resortes como la misoginia entre delirios etílicos, canciones y puñetazos más agresivos.

Esos mismos elementos fueron explotados en “Dos tipos de cuidado” (1952) de Ismael Rodríguez, célebre no sólo por la aparente reunión irreconciliable entre Infante y Negrete, sino por su abierta crítica a las instituciones.

“Dos tipos de cuidado” marcó la cresta más alta del género cuando éste iniciaba su decadencia, ya que supo dar otra dimensión a la agotada rivalidad amorosa entre dos machos y la trama de enredos. Es una burla al matrimonio, a la iglesia y a las autoridades civiles. Célebre resulta el enfrentamiento verbal a partir de los diálogos y coplas de “retache” y con doble sentido entre Jorge “El Bueno” y Pedro “El Malo”.

Con Negrete e Infante, Luis Aguilar fue otro de los típicos héroes de la comedia ranchera. En “Charro a la fuerza” (1948), “El gallo giro” (1948), “Dos gallos de pelea” (1949) y “Primero soy mexicano” (1950), entre muchas otras, mostró sus dotes de macho cantor y confirmó su presencia en el género con una curiosa comedia con otro enfoque.

En efecto, “Del rancho a la televisión” (1952) de Ismael Rodríguez, es el relato del provinciano que no puede negar su origen, que llega a la capital para probar suerte, pero que se topa con amoríos ingratos y verdaderos. En ese entonces, la comedia ranchera iniciaba un descenso.

El número de canciones crecía y, desafortunadamente, tintes de vulgaridad y la simpleza en las tramas. Se empezaron a incorporar situaciones picarescas, así como cantantes de poca presencia física, pero de gran éxito musical, al igual que la unión de varias jovencitas guapas y novatas.

Empezaba el declive de la comedia ranchera y a partir de entonces Infante, Negrete, Badú y Aguilar dejaban su paso a las tramas trilladas para el lucimiento de los acartonados Miguel Aceves Mejía, Lola Beltrán, José Alfredo Jiménez, Javier Solís y Demetrio González, las nuevas figuras de un género genuinamente nacional.

SEMBLANZA

“El Charro Cantor”

Nació en Guanajuato en el seno de una familia de militares y llegó a graduarse de Subteniente. Ante su pasión por el canto, decidió abandonar su carrera para dedicarse a la música y participó en diversos espectáculos de variedades.

Esto le llevó a viajar a Nueva York, donde trabajó en cabarets cantando rancheras, corridos y boleros como el famoso “Yumuri”. Así conoció al productor de cine Gonzalo Varela, gracias al cual debutó en el cine en 1937 con “La madrina del diablo”.

Después vendrían las famosas películas “¡Ay Jalisco no te rajes!” (1941); “El peñón de las ánimas” (1943), primera película junto a la que después sería su esposa, María Félix; “Gran Casino” (1946), de Luis Buñuel; “Allá en el rancho grande” (1948) y “Un gallo en corral ajeno” (1950).

Sin duda, Jorge Negrete es el máximo exponente de un género que luego seguirían Pedro Infante y otros. Realizó giras por Hispanoamérica y España, cosechando grandes éxitos. Fue fundador de la Asociación Nacional de Actores, de gran fuerza socio-política en México. Falleció de una enfermedad hepática durante una gira artística en Los Ángeles.

Cuando se produjo su muerte, el día fue declarado de duelo nacional y se guardaron cinco minutos de silencio en todos los cines del país. Sus restos fueron esperados en el aeropuerto de la capital por más de diez mil personas. En 1955 R. Portas rodó en su homenaje “El charro inmortal” (documental musical sobre su obra con fragmentos de sus películas).


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