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IGNACIO ESPINOZA GODOY
lun 12 ago 2019, 8:40am 2 de 6

Necesitamos más comunicación



PADRES E HIJOS

Cuando madres y padres de familia nos enteramos, ya sea a través de los medios de comunicación o por las redes sociales, sobre la desaparición de jovencitas y de menores de edad (hombres y mujeres), no deja de preocuparnos el hecho de que nuestros hijos vayan a correr la misma muerte, de ahí que por ello debemos estrechar los lazos de comunicación con ellos para aprender a conocerlos mejor de tal forma que sepamos cuando haya señales de alarma que deban inquietarnos para tomar cartas en el asunto para que esa alerta no crezca y no se traduzca posteriormente en una lamentación si algo les llegara a suceder a nuestros vástagos.

Lo anterior viene a colación, amable lector(a), en virtud de que en los años recientes se ha registrado un fenómeno, tanto a nivel local como nacional, que se relaciona con la desaparición de niñas, niños, adolescentes y jóvenes que, por diferentes razones, sus padres y madres pierden la comunicación con ellos y ellas debido a que, en algunos casos, son engañadas(os) por algunas personas con fines nada agradables, mientras que en otros casos abandonan el hogar materno por factores como la falta de atención y de amor, lo que es aún más grave pues se trata de dos elementos de los que no deben carecer quienes decimos querer más.

No obstante, de acuerdo con especialistas en conducta, muchos de esos jovencitos y jovencitas desaparecen por esa terrible ausencia de afecto, cariño y amor, que son esenciales para cualquier ser humano, principalmente si se trata de menores de edad que están en pleno desarrollo y que precisan, mínimo, de una gran dosis de atención hacia todo lo que hacen y sus proyectos, por lo que si carecen de todo esto experimentan un gran vacío en su vida y pierden todo sentido en todo lo que les rodea.

Dentro de este mismo contexto, habría que considerar que, al menos los hijos e hijas que se ubican por debajo de los 18 años de edad, son quienes requieren de mayor atención de parte de sus progenitores, debido a que están en la época en la que precisan de un guía que los oriente, los consienta y que los haga sentir cuán importantes son dentro del hogar, en la vida de sus padres, de ahí que debemos ser más observadores y estar más al pendiente de sus necesidades, pero no sólo del orden material, sino también del afectivo, del emocional, que en ocasiones son más relevantes que el primero de los mencionados.

Una palmada para decirles "estoy muy orgulloso(a) de ti porque vas bien en la escuela", por ejemplo, no estaría demás cuando se trata de expresarles a los hijos e hijas ese sentimiento que experimentamos al observar que ellos y ellas se esfuerzan, se esmeran por obtener las mejores calificaciones, o bien, elogiarlos por alguna cualidad, habilidad o destreza que tengan en alguna actividad, también contribuiría a reforzar la relación entre padres, madres y vástagos, ese nexo que debe fortalecerse continuamente con diferentes estrategias para que, en lugar, de debilitarse o romperse, se haga más sólido.

Además, padres y madres de familia debemos aprender a conocer mejor a los hijos e hijas en cuanto a sus amistades, y para ello nos podemos valer de distintas estrategias al platicar con ellos y ellas de manera informal para que nos informen sobre el tema y así nos enteremos sobre quién o quiénes son las personas más valiosas en su vida (aparte de nosotros, claro está) y así podamos recurrir a esos amigos o amigas más cercanos en caso de que algo malo les sucediera.

Y aunque parezca extraño, muchas mamás y papás ignoran quién o quiénes forman parte de esa selecta lista de amistades que han hecho sus hijos e hijas pues no se han preocupado, de manera legítima y desinteresada, en conocer ese aspecto fundamental en la existencia de sus vástagos, ya que si no aprendemos a conocerlos en todos los ámbitos difícilmente podemos saber si alguno de esos amigos o amigas puede ser una mala influencia en caso de que uno de ellos consuma drogas o sustancias ilícitas que pueden dañar su cuerpo y su mente, con lo que pueden estar en un grave peligro si no actuamos a tiempo.

Quizá podría sonar alarmista o exagerado, pero es preferible parecer metiche y estar muy al pendiente de sus salidas de casa que luego estarse lamentando por no haber aprendido a conocerlos más a fondo, ya que los hijos e hijas son nuestra más grande responsabilidad, así que no hay pretextos para desligarnos de esa obligación, a todas luces la más importante que se nos encomendó desde que los trajimos a este mundo.

Para concluir, estimado lector(a), valdría la pena reflexionar, hacer un alto en el camino y meditar sobre si realmente hemos aprendido a conocer a nuestros hijos e hijas, en torno a si nos hemos interesado en todo lo que hacen y piensan, para saber si están bien en todos los aspectos, de tal forma que no vayan a ser víctimas de una desaparición forzada o voluntaria por falta de atención y amor.

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