Andamios
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Por Enrique Arrieta Silva - 29 de oct de 2006.Instantáneas durangueñas
Dichos platos debían colocarse levantados un par de centímetros sobre el suelo, tapándolos con una piedra algo grande, de modo que los alacranes encontraran el abrigo sombrío y húmedo que tanto les gustaba, y a partir de eso, visitar periódicamente los platos y matar los alacranes que se hubieran refugiado en esas trampas.
Por lo visto a los del periódico El Criterio les faltaba precisamente criterio.
Careciéndose de agua, la manera de acabar con el incendio después de varias horas fue cortar el fuego destechando habitaciones, destruyendo tabiques, puertas y ventanas, para lo que se utilizó hasta dinamita.
Dos soldados y un niño resultaron heridos y se registraron daños por más de 100 mil pesos. Eventos desafortunados como éste, nos hace reconocer la bendición de contar con bomberos, cada vez más heroicos y profesionalizados.
Las Fábricas de Francia, que no necesita dinero, confecciona esos mismo trajes de mezclilla a 7.50 cvos.
Se pensaba según se informó, completar la cantidad de 25 mil. Seguramente se logró, pues de lo contrario nuestro orgullo alacrán no se justificaría.
Viene a mi memoria el grito del joven que en los años 60 vendía lonches en los altos del cine principal, popularmente llamados “gallopa”, publicitándolos como lonches de pierna de moyote.
Desde luego que no eran de pierna de moyote, pero de esta manera tan ingeniosa anunciaba que la ración de pierna de puerco era magra, tan magra como el grueso de una pierna de moyote, y los cinéfilos sin llamarse a engaño, con gusto se los compraban por la simpática manera de pregonar los lonches.
Al terminarse la clave del arco del pórtico central, en marzo de 1919, hubo la gran fiesta. Por fin se inauguró la Estación, la mejor en su tiempo, en octubre de 1925, misma que había sido construida para atender eficientemente a los pasajeros del tren Durango-Mazatlán y DurangoChihuahua, vías que en 1932 ya tenían su planificación y presupuestos.
En planificación y presupuestos se quedaron las vías, y la Estación Monumental de Durango se quedó esperando los trenes de Mazatlán y de Chihuahua que como en el cuento de Juan José Arreola, “El guardagujas”, nunca llegaron.










