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Por: Por Enrique Arrieta Silva Por Enrique Arrieta Silva - 29 de oct de 2006.

Instantáneas durangueñas

  • ¡Ya parió la leona!
  • En los primeros años del siglo pasado, los nuevos presos eran recibidos al momento de su ingreso en la Penitenciaria del Estado, por los que allí se encontraban ya, con el grito mitad humano, mitad animal de: “¡Ya parió la leona!”, que electrizaba al más pintado.
  • Consejos para matar alacranes.
  • En 1912, el periódico católico El Criterio, decía que era fácil destruir los alacranes, huéspedes antipáticos y peligrosos que infestaban las habitaciones, especialmente en el campo y en las cercanías de los jardines, aconsejando para el efecto colocar en los lugares que frecuentaban platos de tierra sin barnizar, anchos y de poca profundidad, llenos de agua.

    Dichos platos debían colocarse levantados un par de centímetros sobre el suelo, tapándolos con una piedra algo grande, de modo que los alacranes encontraran el abrigo sombrío y húmedo que tanto les gustaba, y a partir de eso, visitar periódicamente los platos y matar los alacranes que se hubieran refugiado en esas trampas.

    Por lo visto a los del periódico El Criterio les faltaba precisamente criterio.

  • Cuando se incendió el Mercado.
  • Fue el 7 de abril de 1920, aproximadamente a las 3:30 de la mañana, cuando las llamas empezaron en la parte central del Mercado, ocasionando un terrible incendio que se extendió a algunas casas particulares que se encontraban al lado poniente.

    Careciéndose de agua, la manera de acabar con el incendio después de varias horas fue cortar el fuego destechando habitaciones, destruyendo tabiques, puertas y ventanas, para lo que se utilizó hasta dinamita.

    Dos soldados y un niño resultaron heridos y se registraron daños por más de 100 mil pesos. Eventos desafortunados como éste, nos hace reconocer la bendición de contar con bomberos, cada vez más heroicos y profesionalizados.

  • Anuncio clasificado agresivo.
  • En el periódico de Durango, Fígaro, de 1913, puede leerse este clasificado agresivo: una Sastrería Moderna que vende barato porque necesita dinero, confecciona trajes de mezclilla a $12, 15 y 20 pesos.

    Las Fábricas de Francia, que no necesita dinero, confecciona esos mismo trajes de mezclilla a 7.50 cvos.

  • Orgullo alacrán.
  • En 1932, Salubridad recolectó en la ciudad de Durango 15 mil alacranes, para enviarlos al Instituto Higiénico del Departamento de Salubridad de México, para la preparación del suero antialacránico.

    Se pensaba según se informó, completar la cantidad de 25 mil. Seguramente se logró, pues de lo contrario nuestro orgullo alacrán no se justificaría.

  • Lonches de pierna de moyote.
  • El ingenio para anunciar la venta de la mercancía no tiene límite.

    Viene a mi memoria el grito del joven que en los años 60 vendía lonches en los altos del cine principal, popularmente llamados “gallopa”, publicitándolos como lonches de pierna de moyote.

    Desde luego que no eran de pierna de moyote, pero de esta manera tan ingeniosa anunciaba que la ración de pierna de puerco era magra, tan magra como el grueso de una pierna de moyote, y los cinéfilos sin llamarse a engaño, con gusto se los compraban por la simpática manera de pregonar los lonches.

  • Los trenes que nunca llegaron a Durango.
  • Poco antes del 15 de mayo de 1918 se inició la construcción del terraplén y cimentación de lo que sería la Estación Monumental de Durango a iniciativa del durangueño Felipe Pescador, por entonces director de Ferrocarriles Nacionales, estando a cargo de los trabajos y del proyecto nada menos que el ingeniero arquitecto Manuel Ortiz Monasterio, de prestigio nacional.

    Al terminarse la clave del arco del pórtico central, en marzo de 1919, hubo la gran fiesta. Por fin se inauguró la Estación, la mejor en su tiempo, en octubre de 1925, misma que había sido construida para atender eficientemente a los pasajeros del tren Durango-Mazatlán y Durango­Chihuahua, vías que en 1932 ya tenían su planificación y presupuestos.

    En planificación y presupuestos se quedaron las vías, y la Estación Monumental de Durango se quedó esperando los trenes de Mazatlán y de Chihuahua que como en el cuento de Juan José Arreola, “El guardagujas”, nunca llegaron.

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