Editoriales - nota 6 de 6

Disciplina y libertad

Por: Phillip H. Brubeck


La disciplina de los japoneses en su trabajo y en su vida cotidiana es uno de los factores que se reconoce como el punto clave para el éxito que han tenido, fundamentalmente en el mundo de los negocios.

Ésta es una idea general que se tiene en México, fundamentalmente por la literatura que nos ha llegado, dentro de lo que es la cultura de la calidad en la administración de las empresas.

Sin embargo, considero que es conveniente analizar más a fondo estas aseveraciones, para encontrar sus causas filosóficas a lo largo de su vida nacional, en su alma colectiva, en sus circunstancias particulares a lo largo del tiempo, sin juzgar los resultados positivos, que saltan a la vista en este país, o los negativos que pudiera llegara tener este fenómeno social.

Es conveniente recordar que durante los siglos XVII a XIX, el Japón permaneció cerrado totalmente a la influencia de las otras culturas, totalmente aislados del resto del mundo, por disposición de los señores feudales y del emperador, para no perder su independencia frente a las potencias europeas en su espíritu colonialista de la época.

El shintoísmo es una religión politeísta, ligada a la vida agrícola, animista, enfocada a los dioses para que les favorezcan con las buenas lluvias, las cosechas abundantes, el buen marido o la buena esposa, la fertilidad para tener muchos hijos que permitan la descendencia. Dioses a los que se les pide la protección de la furia de los elementos naturales que en forma continua asolan las islas niponas, el terremoto, las olas gigantes y el tifón. A su vez, los fieles buscan mantener la armonía con la naturaleza a través del respeto de todo tipo de vida, de las personas, animales y plantas, así como la no contaminación de aire y agua. En síntesis, todo enfocado directamente a los aspectos materiales.

En contraposición a esa especie de materialismo, se encuentra el budismo, que en su más pura acepción original se centra en la negación de todo, de la persona, de las cosas, de los sentimientos y las aspiraciones personales, para llegar a final de cuentas al vacío absoluto, al silencio del Nirvana en una vida contemplativa sin meditación trascendental. Una de las enseñanzas de esta religión en el Japón radica en el hecho de que siempre se debe perdonar a la otra persona.

Shintoísmo y Budismo se mezclan para que en la actualidad se tenga una sociedad arreligiosa, con una cosmovisión temporal y material estable, por lo que busca mantener la armonía, que en el aspecto social viene a establecerse en los principios de que la gente no debe pelear ni discutir entre sí.

Así podemos explicar que se hayan dejado arrastrar por el totalitarismo del señor feudal, a quien tenían que obedecer a costa de la vida. Una ideología en la que al restaurarse el poder del emperador, para tener el crecimiento como nación, para incrementar su territorio y su mercado, los arrastra a las guerras con Rusia y China, de las cuales resulta vencedor el pueblo del sol naciente, y con este ímpetu guerrero llegan a la Segunda Guerra Mundial, para restaurar el orden en el universo occidental, siendo castigados con una cruel derrota que destruyó el orgullo nacional y con él el de los individuos, por lo que se han mantenido por más de cincuenta años en un régimen totalitario, de ocupación por las tropas americanas, de las cuales han servido como base militar y fuente de suministro para las guerras de Corea y Vietnam, y zona para el control del mundo oriental, obedeciendo siempre al estilo de vida americano.

Es la cosmovisión del guerrero, porque sin obediencia no podría funcionar una sociedad tan grande en un territorio pequeño. Sistema que está vigente desde el siglo XVII cuando se inició la época feudal, en la cual se dividió al pueblo en cinco castas, que en orden de importancia eran la guerrera, que tenía como cabeza al shogún, el señor feudal, seguidos de los agricultores, a los que tenían en segundo lugar para hacerlos sentirse más importantes y por ende tuvieran un mayor orgullo de su trabajo que venía a representar una mayor producción de alimentos, lo cual era de gran importancia para el sostenimiento de las guerras, y también por la alta generación de impuestos para el sostenimiento de los ejércitos; más abajo se encontraban los obreros, los artesanos; en cuarto lugar los comerciantes y en la base de este sistema, al igual que en la mayoría de los pueblos de todo el mundo en aquella época, los esclavos, la mano de obra barata para los trabajos más pesados e innobles.

Como en cualquier país, en el ejército no se discuten las órdenes, simplemente se cumplen o procede el castigo, no se puede replicar. De ahí proceden en primer lugar la disciplina y la obediencia. El honor se fundamenta en el triunfo de las fuerzas armadas, del grupo, de la casta a la que se pertenece y el orgullo de saber que es a la patria a la que se está sirviendo.

Además de que los líderes de cada casta en cada población ejercían un control demasiado estricto con sus integrantes, en esta época se estableció el sistema de responsabilidad mutua, que estuvo vigente hasta 1868 cuando se restableció el imperio, sistema en el que el gobierno central del shogún obligaba a las familias a formar grupos de cinco familias, para tener una vigilancia entre ellos, como un sistema de control, y si alguien de una de las familias llegaba a violar la ley, el gobierno central castigaba a las cinco familias, ya que las otras cuatro no habían tenido la fuerza suficiente para hacer cumplir la ley.

Si bien es cierto que este sistema de responsabilidad mutua dejó de tener vigencia hace mas de 140 años, el concepto de sus principios básicos se sigue aplicando en la sociedad del siglo XXI.

Sociedad arreligiosa que lleva al individuo al relativismo moral, donde las acciones son buenas o malas de acuerdo con las circunstancias en las que se ejecutan. Falta de valores firmes, inamovibles, trascendentales. Todo lleva a una rica vida material inmensamente pobre en lo espiritual, porque nada hay más allá.

Situación que genera en las grandes masas la inseguridad y la sensación de desamparo. Al no tener la conciencia de la existencia de Dios, del ser superior que lo ayuda y protege, que guía su actuar; ante la ausencia de valores teleológicos que normen su actuar en un compromiso de vida del individuo; frente a la incapacidad de tomar decisiones propias que lo lleven a resolver los problemas de una manera particular, la persona no alcanza su desarrollo como adulto, permanece en las actitudes infantiles, la necesidad de ser aceptado, de que le estén diciendo que su actuar es correcto, que le digan lo que se debe hacer en cada momento.

Aspectos de psicología social que arrastran a un gregarismo que es aprovechado por los líderes, quienes no siempre siguen los valores morales y espirituales, pero sí aprovechan esta circunstancia de desamparo espiritual, en que las personas buscan asirse de algo para poder ser y tratar de trascender, algo que se consigue exclusivamente en el grupo social.

De ahí proviene la disciplina tan rígida, porque tienen que hacer lo que el líder del grupo dice y manda, para no ser excluidos y que la vida mantenga su razón de ser. Valga el ejemplo de los niños, de los adolescentes, que buscan hasta lo imposible para pertenecer a la pandilla del barrio o la escuela, y se trauman cuando no son aceptados, cuando los rechazan. Según lo que he podido aprender de algunas personas que conocen esta sociedad en la que se encuentran inmersos, la lealtad del individuo japonés es con el grupo al que pertenece: la familia, el trabajo, la asociación y, por ende, se ve obligado a obedecer todas sus reg1as, que son muy estrictas, las reglas escritas y las tácitas. De aquí podemos explicar los sacrificios del kamikaze, del trabajador que no protesta ni hace huelga, del funcionario que labora todo el tiempo que la corporación le exige de conformidad con sus normas de calidad que no siempre toman en consideración a la persona como tal y sus necesidades morales, espirituales y divinas.

Así, en la disciplina absoluta, la libertad del individuo queda subordinada por completo a los intereses de su grupo, colectivismo materialista sui generis. A pesar de la fuerte influencia del individualismo de los americanos, éste no se enseña en las escuelas ni en el seno familiar; al contrario, la libertad radica en la obediencia de lo que dice el jefe del grupo al que se pertenece, y el pretender actuar con independencia es conceptuado como una actitud egoísta, ya que para el común de los japoneses la palabra libertad es hacer las cosas sin conocer límites ni responsabilidades, y por ende se confunde con el egoísmo, aunque hay personas que están conscientes de que la libertad radica en el actuar con responsabilidad dentro de los topes que representan los derechos de los demás, porque saben que en el respeto se mantiene la armonía social.

Se puede decir que por estas razones de filosofía social, se ha logrado mantener casi intacta la identidad japonesa. Por ello se explica la rápida reconstrucción de un país devastado por la furia atómica desatada por la ambición humana. Reconstrucción que no solamente quedó en la acepción estricta de la palabra, sino que los impulsó a ser una de las primeras potencias económicas del mundo, con gran poder político en el concierto de las naciones, y se le pone como ejemplo de sus sistemas productivos y organizacionales.

Sí, es bueno conocer lo que los ha llevado a elevar su nivel de vida, con una mejor distribución de la riqueza nacional; la forma como trabajan; la manera de organizarse; el desarrollo de sus procesos productivos y sus sistemas de calidad. Pero también la forma en que se han convertido en una de las sociedades con mayor consumismo, con tiendas de todo y para todo en cualquier lugar, porque la mayor satisfacción es satisfacer las necesidades materiales, comprar cosas, como lo hacen todos en el grupo.

No obstante lo anterior, surgen grandes hombres, como Konotsuke Matsushita, que saben desafiar la adversidad y se aventuran no solamente a conformar grupos nuevos, sino que con su visión fundamentada en la filosofía de los valores humanos universales, aprovechando la característica propia del asociacionismo, la disciplina y la obediencia innatos de los japoneses, han sabido guiarlos para alcanzar mejores niveles de vida.

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