El Nóbel de Literatura, Fuentes y Vargas Llosa
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EDGAR ALÁN ARROYO CISNEROS - 14 de oct de 2007.Año con año, la Academia Sueca, en cumplimiento de lo que dispuso Alfred Nóbel en su testamento, otorga el Premio Nóbel de Literatura al mayor exponente no de ese año, sino de una época determinada, conjugando valores con disposiciones estilísticas que al juicio de los académicos integrantes del jurado, hacen acreedor a un determinado escritor o escritora al máximo galardón literario de todo el orbe. Se premia más la trayectoria que una obra específica, aunque este factor en ocasiones también ha influido en ciertas ocasiones. Algunos de los ganadores del Nóbel son nombres tan reconocidos como Luigi Pirandello, Rabindranath Tagore, Hermann Hesse, William Faulkner, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Octavio Paz, Gabriel García Márquez, José Saramago, Vicente Aleixandre o Harold Pinter, por mencionar algunos.
Sin embargo, debe tenerse muy en cuenta que a la Academia Sueca se le han escapado algunas de las mayores luminarias literarias de los tiempos contemporáneos, como Federico García Lorca, Juan Rulfo, o en épocas más recientes, Phillip Roth, lista entre las que se incluye a los eternos candidatos latinoamericanos Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa. El pasado jueves, se hizo la entrega del premio correspondiente a 2007, resultando ganadora la escritora británica Doris Lessing, una de las herederas del legado de Virginia Wolf, tradición entre la que podemos encontrar a la también galardonada con el Nóbel en 2004, Elfriede Jelinek.
Los críticos literarios no se han puesto de acuerdo sobre cuáles son las categorías que el jurado toma en cuenta al momento de seleccionar favoritos, depurar candidatos y elaborar una lista final con los contendientes reales. La cuestión de la proporcionalidad ha sido un tema constante de debate, debido a que los hombres ganadores del premio superan en una razón prácticamente de nueve a uno a las mujeres. Otros tópicos que se especulan y que en ocasiones han sido confirmadas por fuentes extraoficiales cercanas a miembros o ex - miembros del jurado, tienen que ver con la rotación geográfica que se hace sobre el lugar de nacimiento de los prospectos a ganar el prestigioso reconocimiento literario. En cualquier caso, son criterios subjetivos que develan por otro lado, sospechas y críticas.
Carlos Fuentes es quizá el revelador de una mexicanidad de la que muchos nos avergonzamos: es el escritor que sin pelos en la lengua habla sobre la corrupción del sistema político mexicano y sus causas de origen, sobre la fragilidad de las relaciones bilaterales entre la política y la sociedad mexicana y su contraparte estadounidense, sobre la doble moral que impera en muchas de las familias de cualquier clase social en nuestro país. Todo lo plasma en sus novelas, con un rigor narrativo que se distingue como uno de los que mejor exponen el denominado boom latinoamericano al que también pertenece nuestro otro personaje, Mario Vargas Llosa. Fuentes a veces peca de soberbio y en ocasiones su prosa se vuelve irritante, pero logra salir avante con el paso de la lectura; a pesar de tener obras fallidas (como cualquier gran escritor), su narrativa es indispensable para entendernos.
Vargas Llosa, a su vez, es el escritor-intectual, el escritor-político, el escritor-influyente cuya opinión no puede faltar en la celebración de procesos políticos de peculiar importancia como el mexicano (aún y cuando en ocasiones lo haga con cierta desinformación y más bien con el prestigio que su firma supone). En lo estrictamente literario, sus obras son producto de grandes investigaciones elaboradas en las principales bibliotecas del mundo, como es el caso de una de sus obras maestras, " La guerra del fin del mundo", que sin duda se trata de uno de los mayores logros de la literatura hispanomericana de los últimos lustros. Con una singular y bien estructurada mixtura de elementos políticos, sociales, económicos y demás, sus novelas sirven como base para entender en buena medida los sistemas de gobierno en Latinoamérica.
El problema de Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa con el Nóbel, es precisamente su condición adquirida, dada y confirmada de intelectuales-políticos, críticos (de los mayores) de Washington y todos sus programas de políticas públicas, lo cual ha estribado, según se dice, en las reservas que la Academia Sueca ha tenido con respecto a ambos desde hace varios años, en que sus nombres siempre figuran en las casas de apuestas, al acercarse octubre y la temporada de entrega de los susodichos galardones.
Los políticamente incorrectos Fuentes y Vargas Llosa, fundadores con García Márquez de una de las corrientes literarias más influyentes en cualquier era, tienen bastantes escollos que superar, más allá de su ideología política. Algo que podrá ayudarles a la obtención, en próximos años, de un premio que de sobra merecen, incide en un aspecto fundamental en todo escritor que se vuelve gigante: reinventarse a sí mismos.








