Festejan a las mamás en el Panteón de Oriente
11 de may de 2008.Durango. Durango. El Panteón de Oriente abrió sus puertas el día de ayer desde las 8:00 de la mañana, desde temprana hora cientos de personas comenzaron a arribar al camposanto para celebrar el Día de las Madres con quienes ya se adelantaron en el camino.
Hasta las tumbas más humildes fueron dignas de un remozamiento por parte de los familiares del difunto que ahí descansa. | José Juan Torres
Fueron muchas las manifestaciones con que los visitantes recordaron a sus mamás, abuelitas, tías o familiares; los ramos de flores, las coronas, música y rezos formaron parte del repertorio de festejos de ayer sin importar el intenso calor de hasta 34 grados centígrados.
Música. Dependiendo de la manera de ser en vida de la madre difunta, es el ritual de la visita. Canciones como “Amor eterno”, “Mi cariñito”, “Hermoso cariño”, “Dos coronas” y “Las mañanitas” forman parte del repertorio que los músicos que llegan a tocar hasta la tumba ofrecen para recordar a la persona que se ha ido. Tres canciones por 100 pesos es la oferta.
“A mi abuelita le gustaba mucho la música, siempre ponía música en la casa porque era muy alegre ella. Por eso cuando podemos pues le traemos a los músicos para que le toquen las canciones que ella cantaba. Ahorita ya le tocaron Las mañanitas, Amor eterno y El Chubasco, era la otra que le gustaba mucho”, recuerda María de la Cruz Ortiz Bañuelos, quien acudió al panteón
Recuerdos. Pero si en algo coinciden el Día de las Madres y el Panteón de Oriente es en que ambos están llenos de recuerdos. María Mercedes Ávalos Galindo acudió a visitar a su madre, quien falleció hace un año cuatro meses, que comparte la tumba junto a su abuelita y recuerda esta fecha de manera especial. “Es que para este día se reunía mi mamá con su mamá y hacían comida, disfrutaban mucho su día. Nosotros las acompañábamos y estábamos con ellas festejándolas junto con los nietos”. Las flores adornaban el sepulcro, los parientes sentados alrededor de él platicaban y recordaban viejos tiempos; ahí pasan la mayor parte del día.
Una jornada maratónica la vive también Gloria Hernández, quien en compañía de su familia acude al panteón para pasar prácticamente todo el día con su mamá, que falleció hade más de dos años. “Primero rezamos, arreglamos la tumba y se la limpiamos, le ponemos sus flores y luego ya nos sentamos a platicar. Claro, nos traemos comida para almorzar y comer porque nos quedamos todo el día con ella”.
Sin distinción. La muerte llega igual para todos y no distingue clases sociales. Isidro Ramírez Cuevas, de 63 años de edad, perdió a su madre hace 30 años, desde entones no falta al panteón para acompañarla en ocasiones especiales como el Día de Muertos y el Día de las Madres. “Ahorita me voy a arreglar la tumba de mi hijo, que murió de nueve meses y que mi madre ni siquiera conoció, a los dos les traigo sus flores y sus coronitas”.
La única diferencia es el sepulcro, algunos son más ostentosos y están construidos con materiales más caros; pero el destino es el mismo. “Tuvimos una mamá muy bonita, hermosa. Que nos dio mucho amor, cariño, consejos, todo. No nada más a nosotros, sino a toda la comunidad porque formó parte de la Cruz Roja y apoyó en la Ciudad de los Niños, por eso podemos decir que Dios nos prestó una madre muy buena”, comentó María Lucía Pérez Hoyos de Córdoba.
Soledad. En el recorrido que realizó El Siglo de Durango pudimos comprobar que el amor de una madre mueve a una persona para visitarla en su día, muchos acudieron a pesar de alguna discapacidad o de su avanzada edad. Pero también fuimos testigos del amor de una madre, que a pesar del tiempo, mantiene vivo el vínculo con su hijo, fallecido hace 19 años.
“Vengo sola a visitar a mi único hijo que falleció hace 19 años porque estaba malo del riñón. Él dejó tres hijos chiquitos que ahorita ya están grandes, pero todos viven en Estados Unidos y ya están casados, desde entonces vivo sola”, son las palabras que salieron desde el fondo del corazón de Juana García. El Día de las Madres representa algo especial pues su hijo le preparaba una comida y festejaba con ella, el recuerdo del mejor regalo que recibió por parte de su único hijo le llega junto con las lágrimas, “yo me separé de mi esposo hace muchos años y mi hijo nunca me dejó, él me dijo que se iba a estar conmigo siempre, y así fue, estuvo conmigo hasta el final. Ése es el mejor regalo que pudo darme”.














