Nosotros - nota 4 de 5

Valores y hábitos se adquieren en el hogar

Por: Ignacio Espinoza Godoy


PADRES E HIJOS

A menudo –con mucha frecuencia, diría yo- escuchamos, sobre todo en la escuela, la queja recurrente de algunos padres en el sentido de que los maestros no les inculcan buenos hábitos, cuando esta responsabilidad corresponde exclusivamente a los paterfamilias, pues en el hogar se aprenden y adquieren –casi siempre por imitación- costumbres, tradiciones, hábitos y valores que marcarán positiva o negativamente a los hijos.

Cabe aclarar que también existe la otra cara de la moneda, cuando los maestros se quejan ante los padres de familia porque muchos de sus alumnos carecen del más mínimo respeto por la figura magisterial y lo que implica su autoridad en el salón de clases. Créame –y usted lo sabe mejor, amable lector, si es padre- que esta situación es más frecuente de lo que quisiéramos, pero es parte de la vida cotidiana en muchas escuelas.

Lo cierto es que los padres de familia sabemos que la responsabilidad total de que los hijos posean y pongan en práctica los valores aprendidos en casa es de nosotros, aunque en ocasiones los pequeños –y los no tanto- nos hagan quedar mal con su mal comportamiento, influenciados por algunos de sus compañeros que los incitan a romper las reglas establecidas en el plantel escolar y que a veces se refleja en la baja de su aprovechamiento escolar.

En este contexto, los padres estamos obligados a seguir de cerca la actuación de los hijos, y no pensar que su comportamiento en la escuela es impecable, tal como sucede en casa, donde sí podemos supervisar cada una de sus actividades, al menos hasta donde podemos ya que siempre habrá algunas cosas que tratarán de escondernos porque saben de antemano que no recibirán nuestra aprobación.

Los maestros, en este aspecto, siempre serán los mejores aliados de los padres de familia, porque son los principales vigilantes del salón de clases y conocen de primera mano las virtudes y defectos de cada uno de sus alumnos, por lo que si queremos saber, con objetividad e imparcialidad, cómo se conducen nuestros hijos, dentro y fuera del aula, preguntémosles a los profesores y tendremos las respuestas a muchas de las preguntas que nos hemos planteado infinidad de ocasiones a nosotros mismos pero que no siempre nos atrevemos a formular directamente, ya sea por la presunción de que todo lo sabemos y de que conocemos bien a nuestros hijos, o bien, porque tenemos miedo de que nos digan todo lo contrario.

En lo personal, soy de la idea de que los hábitos positivos, tales como la higiene, la puntualidad, el orden, la disciplina, entre muchos otros, se adquieren en el hogar, desde que los hijos disciernen entre lo que está bien y lo que está mal; a partir de que ya razonan y distinguen estos dos conceptos están en condiciones de dirigir su comportamiento y sus acciones hacia el lado de la balanza que les indiquen los padres. No obstante –y hay que reconocerlo, porque así sucede en la realidad que palpamos todos los días-, hay casos en que no siempre se conduce a los hijos por el mejor de los caminos, por muchos factores que influyen en la formación integral de los pequeños.

Y aunque quizá suene repetitivo, por lo general, los hijos son un reflejo de los padres, pues a través del ejemplo de éstos, aquéllos van aprendiendo los hábitos que los distinguirán de los demás y los marcarán, a la vez, en forma positiva o negativa. Además, tengamos en cuenta que, en este aspecto, de nada sirve que los padres pregonemos e inculquemos un sinnúmero de hábitos si nosotros mismos no los ponemos en práctica en el hogar.

Resulta incongruente que los padres les exijamos a los hijos que adopten como suyos hábitos tales como la puntualidad, la limpieza y el orden, si nosotros no somos capaces de ponerles el ejemplo cuando se dan cuenta de que llegamos tarde al trabajo, que no contribuimos a mantener la higiene de la casa y que, al terminar de bañarnos, dejamos la ropa sucia y la toalla regadas en el suelo.

Al mismo tiempo, no tendríamos autoridad moral para exigirles que incorporen a sus virtudes valores tales como el respeto, el servicio y la honestidad, sin el hogar presenciaran escenas de violencia entre los padres, si no percibieran muestras de apoyo mutuo entre éstos o si fueran testigos de cómo uno o los dos progenitores mienten continuamente por cualquier razón, por pequeña que ésta sea.

La conclusión de la presente colaboración se resumiría sencillamente en que los hábitos y valores se adquieren y aprenden exclusivamente en el hogar, con los padres como guías, ejemplos y modelos. La escuela funciona, en ocasiones, como un valioso apoyo para reforzar todo lo positivo que se asimila en casa, mas nunca es la responsable del buen o mal comportamiento de los hijos, ya que los cimientos de su formación provienen de las enseñanzas que asimilaron, en su momento, en el hogar.

Valoro sus comentarios al correo nachogodoy2000@yahoo.com.mx

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