Editoriales - nota 1 de 5

El misógino

Por: Guadalupe loaeza


Misógino: Se aplica al hombre que siente aversión hacia las mujeres o rehuye su trato, dice el diccionario de María Moliner a propósito de esta condición tan lamentable que todavía padecen muchos mexicanos. No hay nada más triste que un hombre que se dista ser inteligente, sea misógino. ¿También a ellos se les olvidará que son hijos de una mujer? O, ¿será por eso? ¿Se nace o se hace? Si se nace, ¿es entonces genético? Y si con la vida se han vuelto misóginos, ¿cuál fue la causa? ¿Por qué los hombres se vuelven misóginos? ¿Por represión sexual? ¿Por qué tuvieron una madre demasiado dominante? O, ¿por temor al poder de las mujeres? ¿Cuántas categorías de misóginos existen?

Misógino closet: Es aquel que no se manifiesta como tal pero siempre se ríe de los chistes antifeministas. Este hombre insiste en mantener a la mujer bajo su autoridad como una protección necesaria de su propia debilidad. Si es soltero o divorciado, acostumbra salir con mujeres mucho menos preparadas que él, más jóvenes e ingenuas. Por lo general no acepta la superioridad intelectual de ninguna mujer. Para él todas son mediocres y tiende a clasificarlas de la siguiente manera: la bonita es siempre tonta, la inteligente es fea y la bonita e inteligente es de cascos ligeros. Por añadidura, aquéllos que pertenecen a esta categoría siempre están cambiando de pareja y son, naturalmente, hipócritas. Misógino edípico: Este tipo de misóginos aman y desprecian a su madre. La aman cuando está de mandil haciendo sus platillos favoritos, cuando le tiene sus camisas planchadas y sus trajes impecables. La aman cuando calla a sus hermanas porque él está hablando. La aman cuando dicen: tengo seis mujeres y un hijo. La aman cuando critica a su cónyuge y no le reclama cuando se la pasan las copas. ¿Bajo qué circunstancias odian a la madre? Cuando opinan políticamente, cuando no responden al papel tradicional de lo que debe ser una madre mexicana, cuando sus"cuates" bromean con ella, cuando no les muestra lealtad absoluta y si acaso es viuda o divorciada, no soportan que tenga novio. Misógino agresivo: Este machín no nada más agrede verbalmente, sino que muestra su hostilidad hacia las mujeres, a golpes. Cuando bebe es capaz de insultar hasta la misma Virgen de Guadalupe. Por lo general son muy adictos a la pornografía; para ello se valen de películas, de fetiches y de revistas tipo Penthouse, Hustler y Lui. Acude frecuentemente a los table dances y engaña a su mujer hasta con la portera del edificio. Disfruta enormemente haciendo llorar a una mujer. Pero lo que más goza es cuando la esposa y sus amantes le ruegan, le piden disculpas, le suplican, le prometen no volverlo hacer y le dicen que no pueden vivir sin él. No obstante que es un infiel empedernido, le dicen a su compañera en turno: si me engañas, te mato. Y adoran a la que les responde: pero si tú me engañas, yo me muero. En el fondo odian la dependencia que tienen con las mujeres. Misógino tradicional: He aquí algunas frases de su eterno discurso: Las mujeres están mejor en su hogar. Una mujer intelectual no es una buena esposa. La educación universitaria y la ambición personal hacen de ellas malas esposas y malas madres. La medicina no es una buena carrera para las mujeres. Las mujeres no pueden leer todo tipo de libros. Las mujeres que están siempre demasiado arregladitas y no se les mueve ni un solo pelo son frívolas y tontas. Misógino cobarde: Esta categoría resiente cualquier tipo de independencia de las mujeres como una agresión personal. Entre más independientes, realizadas e inteligentes, más las odia. No permite que las mujeres escapen de su papel tradicional y condena dicho comportamiento como una violación de la naturaleza básica de la mujer. Está convencido de que la mujer es física, mental y moralmente inferior. Está tan arraigada su misoginia que constantemente lo traiciona: en sus conversaciones, en lo que escribe, en sus preferencias de lectura, en sus juicios respecto a mujeres destacadas y en la manera en que se relaciona profesional y emocionalmente. Misógino manipulador: Si es casado este hombre convence a la mujer de que es una pequeña maravilla, una pequeña reina y una pequeña estrella de su hogar. Le recuerda constantemente lo dichosa que la ha hecho: ¿Quién la quiere a mi mujercita? ¿Quién la hace tan feliz a esta muñequita? ¿Quién le da gusto a mi chaparrita en todo? ¿Quién es la envidia de todas sus hermanas? ¿Quién es su rey y el dueño de su corazón? ¿Quién la hizo mujer? ¿Quién es mi consentida? ¿Quién es la dueña de mis quincenas? ¿Quién pompó (sic) esa piedrota que trae en su dedito? Si es soltero, le aconseja, mirándola directamente a los ojos, que llegue virgen al matrimonio; la besa con los labios apretados, no obstante siempre le está contando chistes de doble sentido. Si no los entiende, le cae mucho en gracia. Pero si lo entiende, se enoja con ella. Si es divorciado, le habla de sus relaciones pasadas apoyándose en este tipo de expresiones: Todas son iguales. Todas van detrás de lo mismo. Todas son unas calenturientas sin escrúpulos. Y todas son horizontales... Misógino convencido: Aquel que pertenece a este tipo de misóginos no tiene ningún conflicto. Se asume como tal. Para él esta actitud es casi, casi como una postura ideológica. Es como ser racista o antisemita. Constantemente se apoya en la Biblia y en las teorías de filósofos como Nietzsche, Schopenhauer y Hesíodo. Igualmente están de acuerdo con escritores como Lawrence, Oscar Wilde o Camilo José Cela. Asimismo, han estudiado a Freud y, como él, han llegado a la conclusión de que nunca llegarán a entender a la mujer. Misógino culpíjeno: Contrariamente al grupo anterior, éste tiene culpa, es Hamletiano: ¿Ser o no ser misógino? Si no lo soy, ¿seré menos macho? Y si lo soy, ¿soy injusto? Cuando incurre en esta actitud tan negativa, termina por pedirle perdón a su mujer. Sin embargo, le recuerda que él es el hombre de la casa, que él es el que trae el dinero al hogar, y que él debe de ser su prioridad. Si permite que su mujer trabaje, siempre le estará haciendo notar que la casa está muy desordenada, que nunca está con los niños y que la siente lejana. Se apiada de las madres solteras, pero eso sí, a sus hijas les dice: A mí nunca me vayan a venir con su domingo 7. De lo contrario, se me van de patitas a la calle. A pesar de que admira a las mujeres profesionistas y muy liberadas, no estaría dispuesto para votar por una mujer para presidenta. Misógino panista: De éstos, desafortunadamente, abundan en su partido. Allí están las expresiones tan inolvidables como: el mujerío, el viejerío, etc. Etc. Por lo general, éstos desayunan con periodistas, para informarles de una que otra grilla de una u otra funcionaria.

Misógino priista: Aunque muchos de los correligionarios de este partido se ufanan por haberles abierto, desde hace muchos años, las puertas a las mujeres, cuando éstas los superan, entonces no las bajan de: machas, trepadoras, peligrosas, enredosas, traidoras, intrigantes, chismosas y coscolinas... Por lo general, éstos comen con periodistas para informarles de una que otra grilla de una u otra funcionaria.

Misógino perredista: Este misógino es sumamente especial. Hace todo para que no se le note. Sin embargo, basta que se sienta un poquito amenazado por una de sus colegas o que advierta la mínima intriga contra su jefe, para que de inmediato esté dispuesto hasta de robarse información confidencial como arma para atacar a la enemiga. Por lo general éstos cenan con periodistas para informarles de una que otra grilla, de una u otra funcionaria.

Por último ,les recordamos a los lectores que esta enfermedad es contagiosa y muy difícil de curar.

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