Nosotros lunes 2 de jul 2012, 11:45am - nota 1 de 3

El valor de un voto: la cultura de la democracia

Por: Ignacio Espinoza Godoy


PADRES E HIJOS

Una vez que ya pasó la jornada electoral de este 1 de julio, mediante la que se renovarían la Presidencia de la República y las cámaras baja y alta del país, es conveniente reflexionar sobre la importancia que tiene la participación de los padres en un proceso electoral, pues este es un derecho consagrado en la Constitución que no debemos soslayar y restarle importancia, ya que a partir del sufragio los ciudadanos decidimos el futuro económico, político y social de la nación, por lo que también tenemos la obligación ineludible de fomentar en los hijos la cultura cívica de acudir al llamado de la democracia mediante el depósito del voto por alguna de las opciones que, durante 90 días, los diversos partidos políticos y sus candidatos nos dieron a conocer.

No obstante que hay un desencanto y desaliento de la ciudadanía (poco menos de la mitad de la población con derecho a votar no lo hace) por no participar en los procesos electorales, los padres debemos tener la conciencia y la certidumbre muy claras de que los procesos electorales, hasta el momento, siguen siendo la única opción para elegir a nuestros gobernantes, por lo que no cabe el gastado argumento de “Para qué voto, si todo va a seguir igual”.

En lo personal, en ocasiones me resisto a aceptar la expresión que reza “Cada pueblo tiene los gobernantes que se merece”, cuando cada ciudadano tiene el poder de elegir la opción política que mejor le convenza, siempre y cuando se analice con detenimiento cada promesa –ahora les llaman compromisos de campaña- que un candidato plantee de cara a la sociedad.

Insisto en que es natural y, hasta cierto punto, normal, que la sociedad mexicana haya perdido la confianza en la clase política que gobierna al país; sin embargo, también ha faltado mayor involucramiento de los ciudadanos para reclamarle al gobernante en turno lo que les parece mal de las decisiones que toma la autoridad y, además, el cumplimiento de sus “compromisos de campaña”, que a veces se vuelven letra muerta en cuanto llegan al poder.

Hasta el momento, la única forma de plasmar nuestra voluntad sobre el futuro que deseamos para el país se encuentra en nuestras manos, a través de una boleta electoral, en la que hacemos patente nuestra decisión de elegir a las autoridades que tendrán la grave responsabilidad de conducir los destinos de la patria hacia mejores condiciones, en todos los aspectos.

Para ello, los padres también tenemos la obligación cívica de acudir en cada ocasión que se nos convoque a participar en un proceso electoral, desde haciendo cuestionamientos a los candidatos cada vez que se acerquen a nuestros hogares a pedirnos el voto, pues si no les exigimos, si no les planteamos lo que esperamos de ellos y, además, si no se comprometen a enarbolar las justas demandas ciudadanas, hay que reflexionar muy seriamente en la conveniencia de darle nuestra confianza representada a través del sufragio en su favor si no vemos un compromiso firme y claro de su parte.

Lamentablemente, tal como ocurre en muchos hogares, si los padres no acostumbran votar en los procesos electorales, por lo general, los hijos también adoptan esta práctica, que se va transmitiendo por generaciones, a menos de que los jóvenes decidan romper con esa tradición, conscientes de que el voto tiene un valor incalculable como para desperdiciarlo.

En contraparte, afortunadamente, existe el otro lado de la moneda, porque también en muchos otros hogares se fomenta el cumplimiento de las obligaciones cívicas, de tal forma que, incluso, algunos padres acuden a votar acompañados de sus hijos, sin importar que no coincidan sus ideologías o sus preferencias políticas, pues lo importante, a fin de cuentas, es ejercer el derecho a sufragar. Son ejemplos donde, por encima de las diferencias, prevalecen la tolerancia y el respeto a discrepar sobre temas tan delicados como la política.

Aunque al momento en que el que esto escribe lo hacía un día antes de la jornada electoral del 1 de julio, aún se desconocían las cifras sobre los porcentajes de votación, para conocer las estadísticas sobre el abstencionismo, el deseo es que los ciudadanos se hubieran volcado a las urnas para hacer valer la fuerza de su voto y decidir el rumbo que desean tome el país a partir de ese derecho fundamental.

Por ello, amable lector, hoy más que nunca cobra singular importancia el hecho de que tenemos que participar activamente en la vida democrática del país, y qué mejor forma de hacerlo que poniendo el buen ejemplo en casa, concientizando a los hijos en el sentido de que la decisión para tener un mejor futuro para la nación en general está en ese derecho a elegir libremente a las autoridades mediante el sufragio.

→ educacion para padres orientacion familiar consejos VALORES

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