Durango
Juan M. Cárdenas
lun 10 dic 2012, 11:24pm 1 de 25

Mapimí, mágico desde su fundación



Con más de 400 años, ha sido testigo de los cuatro principales pasajes históricos de México.

Fue colonizado por los españoles, aquí estuvo preso Miguel Hidalgo antes de ser decapitado, Benito Juárez fue su huésped distinguido y Pancho Villa planeó aquí la toma de Torreón. Hace 414 años fue fundado Mapimí, un pueblo que huele a historia, que sabe a minería y que transmite su magia.

Hace unos días Mapimí consiguió la categoría de Pueblo Mágico, con lo que se convirtió en el primer municipio de Durango en alcanzar esta distinción. Además, forma parte del Camino Real Tierra Adentro, reconocido en 2010 como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. El Siglo de Durango estuvo ahí para conocerlo.

La colonia

José Ángel Ramírez apenas llega al metro setenta de estatura, es de piel morena y ojos claros; podría ser la persona que más sabe de historia sobre Mapimí. Cuenta que este pueblo prosperó gracias a la mina encontrada en las montañas y cuyo valor fue descubierto por Fray Servando de Ojuelos, quien avisó a la Corona Española para comenzar la explotación.

Sin embargo, las tribus de los Cocoyomes y Tobosos se aliaron para evitar la colonización y se opusieron de manera violenta a la evangelización. Al menos en tres ocasiones arrasaron con el pueblo, liquidando a la población que llegaba al lugar; el último ataque fue en la Semana Santa de 1715, durante la procesión para venerar al Señor de Mapimí.

Esto llevó a los españoles a construir túneles que conectaran a los principales inmuebles del pueblo, para protegerese de futuras invasiones de las tribus rebeldes. Actualmente, no solo persisten los túneles sino que se encontraron pinturas rupestres en las partes altas de las montañas en las que los indígenas describen sus costumbres, su gobierno y sus dominios; éstas pinturas forman parte de los recorridos turísticos que José Ángel y una decena de personas ofrecen.

La independencia

En la esquina sureste de la plaza principal de Mapimí se encuentra labrada en cantera la cabeza de un águila, cuya punta se enfila hacia el Recinto Hidalgo. Se trata de un inmueble que conserva su fachada original de cantera y herrería que hace 200 años fue un convento, donde el 9 de abril de 1911 el cura Miguel Hidalgo fue encarcelado por mediación de las monjas, pues la guardia española pretendía encarcelarlo en uno de los dos cuarteles del pueblo antes de enviarlo a ejecutar en Chihuahua.

José Ángel narra que durante sus nueve días de cautiverio, el "Padre de la Patria" escribió una serie de poemas a los paisajes que pudo apreciar en Mapimí. Uno de ellos se conserva en el museo local y está dedicado al Cerro de la India, cuya forma se distingue sólo desde el pueblo.

La habitación precisa donde Miguel Hidalgo fue recluído forma parte de una casa particular que el Ayuntamiento pretende comprar para ofrecerla al turismo

El Benemérito

A principios de septiembre de 1864 el pueblo tuvo la distinción de recibir al entonces presidente de la República, Benito Juárez. El "Benemérito de la Américas" estuvo en Mapimí para entregarle su título de Villa; se hospedó en lo que antes era una casa hogar el 7 y 8 de septiembre pues además otorgó títulos de naturalización a europeos, asiáticos y norteamericanos que habitaban Mapimí.

El recinto es ahora el Museo Benito Juárez, del cual José Ángel funge como guía. Mientras sus botas recorren los pasillos, muestra orgulloso la cama de latón puro en la durmió el "Benemérito"; en el recinto se conservan roperos, baúles, lámparas y demás muebles de la época.

Sin embargo, en las cuatro habitaciones del Museo hay fotografías, documentos y objetos donados por los mismos habitantes de Mapimí; entre ellos abundan las máquinas de coser Singer, pues en aquí se instaló una fábrica que generó decenas de fuentes de empleo. También se encuentra la legendaria fotografía en la que aparece Francisco Villa en traje de baño metiéndose a bañar en una alberca cercana al poblado, así como los ejemplares del periódico El Heraldo de Mapimí.

El caudillo

A unas cuadras de la plaza, Francisco Villa acostumbraba sentarse a platicar con uno de sus compadres en tiempos de la Revolución. Luego montaba su caballo y se retiraba a la hacienda La Cadena para planear sus estrategias; fue así como se planeó la toma de Torreón.

Mapimí vivió a tal grado la época revolucionaria, que la actividad minera se tuvo que paralizar durante un año debido a las constantes combates en esta zona del desierto de Durango.

Una a otra, José Ángel muestra las fotografías que dan fe del paso de la Revolución y de Pancho Villa por Mapimí. El Museo tiene también parte de los rifles y pistolas de las batallas que iniciaron en 1910.


Éstas son las ruinas de lo que fue el pueblo de Ojuela, abandonado tras la inundación de la mina.

Símbolos

El arte de Benigno Montoya no se quedó en la capital de Durango. El escultor fue parte importante en la arquitectura de Mapimí y de su arte funerario. En el panteón se pueden encontrar los característicos ángeles del artista zacatecano.

Debido a la bonanza minera en Mapimí, decenas de familias viajaron hasta este lugar provenientes de diferentes partes del mundo. El panteón se dividió en zonas y se formaron el Panteón Francés, el Panteón Chino y el Panteón Inglés.

Era tal el deseo de las familias de los difuntos de conservar sus raíces, que en el panteón se puede encontrar una réplica del Arco del Triunfo como el de París.

Uno de los inmuebles emblemáticos de Mapimí es la iglesia de Santiago Apóstol, construida apenas unos años después de la fundación del pueblo. El arraigo religioso de los habitantes de esta zona se reflejan en las peregrinaciones que desde principios de mes se hacen dentro de la cabecera municipal, y que se prolongarán hasta el 12 de diciembre para venerar a la Virgen de Guadalupe.

Los atractivos de Mapimí abarcan sus casi ocho mil kilómetros. Al noreste de la cabecera municipal se encuentra la Zona del Silencio, una región desértica que cuenta con especies únicas en su tipo de vegetación y de fauna. Ahí se ofrece hospedaje, alimentación, recorridos en caballo, avistamiento de estrellas e información sobre el ecosistema.

En 1888 la empresa Peñoles compró la mina de Ojuela y dio inicio a la época de bonanza de Mapimí. Miles de hombres, mujeres y niños llegaron hasta los alrededores para asentarse incluso en cuevas que todavía existen, para trabajar en la mina.

El acceso a Ojuela está en la carretera Bermejillo-Mapimí, por donde se toma un camino mitad de pavimento en mal estado y mitad de empedrado, de siete kilómetros en los que se aprecian especies vegetales únicas y ruinas del esplendor de la zona. Se trata de una subida de unos 500 metros entre el inicio y el fin, en la que cabe un solo vehículo.

Fueron 14 años los que José Ángel recorrió este camino en bicicleta. Desde que tenía cinco años su papá lo llevó a trabajar la mina, así que conoce cada ramificación y cada vereda como su propia conciencia.

En el camino, José Ángel cuenta que fue tanta la riqueza que se empezó a sacar de la mina de Ojuela, que está considerada como la segunda mina polimetálica a nivel mundial, pues aún se extrae oro, plata, plomo, cobre, zinc y manganeso. Fue esto lo que llevó a Peñoles en 1892 a buscar a alguien que construyera un puente para cruzar un barranco de más de 300 metros de longitud y 100 de profundidad, para sacar el mineral en conchas metaleras hasta donde pasaba la vía del ferrocarril, para posteriormente trasladar el mineral a la Hacienda del Agua donde se hacía todo el proceso de fundición y separación de los elementos, hasta hacer los lingotes que luego serían trasladados a diferentes regiones.

Santiago Minhguin construyó el Puente de Ojuela y, con este mismo esquema, 30 años después edificó el Golden Gate en Califirnia.

En una punta del puente se construyeron dos zonas habitacionales: una, la de los "ricos", tenía el casino, las albercas y las canchas de tenis; la otra, la de los pobres, era donde estaban el mercado, la escuela, la fragua, el laboratorio de ensaye y la capilla.

La extracción de los minerales se realizó en ramificaciones descendentes dentro de la montaña; con el paso de los años, en una de las perforaciones se llegó hasta un manto acuífero del cual comenzó a brotar agua y esto inundó 13 de los 19 niveles de la beta principal.

Peñoles trabajó cinco años en sus planes de rebombear el agua, al no lograrlo cerró la mina. Tras la inundación y los intentos fallidos por rescatar la mina, a mediados del siglo pasado fueron abandonados y se acabó la mejor época de la mina.

En 1961, Peñoles ordenó la destrucción del Puente de Ojela, pero la misma persona encargada de desmantelarlo se opuso a ello y por eso se conserva.

Maravilla

Además de los paisajes desde el Puente de Ojuela, se realizan recorridos dentro de la mina. Ahí se pueden apreciar las formaciones geológicas, los vestigios de la mejor época de la mina y hasta una mula momificada.

El Ayuntamiento de Durango y compañías de deporte extremo instalaron varias tirolesas en las que los visitantes pueden divertirse; hay asadores para quienes desean hacer su propia comida y un restaurante para degustar. Se cuenta con todos los servicios y guías hasta las pinturas rupestres. El atardecer es especial y solo queda en la mente una idea al acabar el día: Mapimí es único.


Mejoras

Entre los planes del Ayuntamiento de Mapimí se encuentra la de sustituir los elementos del Puente de Ojuela que estén más deteriorados.

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