El ojo incorrupto de un arzobispo, cadáveres casi momificados, cuerpos extraviados y osamentas desconocidas, son algunos de los misterios sepultados a los pies de Nuestra Señora de la Asunción, hasta ayer encerrados en la Catedral Basílica Menor de Durango.
Secretos a los que El Siglo de Durango tuvo acceso en exclusiva, para sacar a la luz aquello a lo que por muchos años se denominó “túneles”, pero que son oscuras y antiguas criptas que guardan los restos de Arzobispos y Canónigos.
Tres metros bajo Catedral existe una serie de pasajes recién remodelados, con cavidades donde se encuentran sepultados por lo menos 15 de los arzobispos que ha tenido la entidad.
UBICACIÓN
Detrás del altar mayor hay un estrecho pasillo con tres accesos que dirigen a los sepulcros subterráneos y a un costado del podio de lectura bíblica, está otra vía de descenso a las bóvedas.
Aunque las criptas anteriormente exponían los ataúdes con sus aromas y en ocaciones los cadáveres, hace dos años la Arquidiócesis de Durango decidió reconstruir el sitio. En aquel entonces, menos de 10 personas tuvieron acceso al lugar.
En la actualidad las bóvedas subterráneas tienen la apariencia de túneles sin salida. Ya no existen osamentas expuestas y las urnas con los restos fueron apiladas en las paredes, esto con la finalidad de que los cuerpos descansen como lo marca la fe católica, expresó el historiador Miguel Vallebueno Garcinava.
Uno de los cuatro apartados ubicados en el pasillo de las criptas mantiene en reposo un ataúd grande, de madera deteriorada. En él se encuentra amplia variedad de huesos humanos y tres cráneos, todos ellos sin identificar; uno presenta, incluso, el desprendimiento intencionado de la parte superior de la cabeza.
PERSONAJES
Entre los cuerpos de religiosos descubiertos en las criptas, que presentan características destacables están Francisco Mendoza de Guerrero, quién se conservó en un estado similar a un muñeco de cera momificado, “derretido y estropeado”, describió Alonso Martínez Barrios, guía custodio del Museo de arte sacro de la Catedral de Durango.
Francisco de Castañiza, por su parte, mantiene uno de sus ojos en estado incorrupto. Asimismo, Ignacio Iturribarria, quien era Canónico Magistral en el año de 1833, presentaba al momento de su exhumación de las criptas gusanos secos incorporados a su piel.
Misterios
En una bóveda tan secreta y protegida como esta, los cuerpos también desaparecen. Según datos proporcionados por Alonso Martínez, en cavidades donde una placa revelaba el nombre de un religioso y donde se suponía estaban depositadas sus osamentas, descubrieron que esos cadáveres no se encontraban.
Algunos de los cuerpos no localizados son los de Joaquín Granados, Antonio Macarruya y Francisco Gabriel Olivares, este último con fecha de muerte a finales del siglo 16; se dice se le arrancó el corazón para colocarlo en el Templo de Santa Ana, pues fue él quien lo construyó.
Vallebueno Garcinava abrió la posibilidad de que algunos de los huesos ubicados y desconocidos, podrían pertenecer a las osamentas de religiosos extraviados. Incluso reveló que al momento de realizar la remodelación de las criptas, se descubrieron también huesos en el suelo de la bóveda.
Al inicio del pasillo se encuentra una área nueva de enterramiento para el actual Arzobispo y para los futuros religiosos de la entidad.
REVELACIONES DE LOS SEPULCROS
En el año de 1620 se describió a la Catedral como un sitio que disponía de un altar mayor, área del coro y sus criptas. Aunque durante muchos años la expectativa y el misterio se mantuvo oculto, ahora El Siglo de Durango tuvo acceso a detalles antes nunca destacados.
Los ataúdes del Siglo XIX se construían de madera y se sellaban con una lámina, esto generaba la apariencia de un “enlatado”. Los líquidos corporales se conservaban, pero el cuerpo se descomponía.
Entre los hechos sobresalientes, está el que los restos de José María Laurensan -muerto en el siglo XIX-, mantenía en su dentadura un paladar de oro.
Al religioso Santiago Zubiría, por otra parte, se le sepultó en un ataúd que tenía incrustado un reloj que marcaba cuarto para las 11. Según los archivos de su acta de defunción, esa hora la denominaron “la hora triste”, porque fue exactamente cuando falleció.
RESTOS
Algunos de los 15 arzobispos y obispos que se encuentran sepultados en las criptas de catedral son:
* Gonzálo de Hermosillo
* Francisco Mendoza
* Francisco de Castañiza
* Ignacio Iturribarria
* Francisco de Quintanilla
* Pedro Tamaroni
* Antonio López Aviña
* José María González y Valencia