Nosotros - nota 2 de 7

El ruido como contaminante

Por: Jessica Ayala Barbosa


¿Contaminación auditiva? ¿Escuché bien?

El ruido es un elemento que ha estado presente a lo largo de la historia de la humanidad, pero al que hoy más que nunca la gente se ha acostumbrado sin conocer los severos daños que puede provocar en el organismo.

Se le denomina contaminación auditiva o acústica a aquella que es generada por el ruido, es decir, por todo sonido no deseado o molesto para el oído que se deriva principalmente de la actividad humana. Los automóviles, aeronaves, la construcción de obra pública, los espacios de esparcimiento y la industria, son las fuentes más comunes de ruido a las que la gente se ha acostumbrado sin conocer los efectos negativos que acarrea a su organismo.

El ruido se mide en decibeles (dB), una unidad que pertenece a la escala con la que se mide la presión sonora y, aunque para determinar el daño que éste pudiera causar en la salud se deben tomar en cuenta otros factores como la frecuencia y el tiempo de exposición, los reglamentos internacionales que buscan regularlo han coincidido en fijar el límite máximo deseable entre los 60 y 70 dB.

Por otra parte, la Organización Mundial de la Salud (OMS), detalló en el documento Guías para el ruido urbano (1999), las consecuencias de la contaminación auditiva y fijó los niveles de ruido que el ser humano puede soportar a lo largo del día, tomando en cuenta los distintos ambientes en los que se mueve, así como las funciones que realiza.

CONSECUENCIAS DE LA CONTAMINACIÓN AUDITIVA

1.- Deficiencia auditiva. Se define como un incremento en el umbral de la audición (el sonido más bajo que un individuo puede captar), que normalmente está en los 0 dB y que puede estar acompañado de un zumbido de oídos. Ocurre al exponerse de manera continua y prolongada a ruidos que exceden los 70 dB, o bien, a uno breve que exceda los 140 dB en el caso de los adultos, y 120 en los niños.

2.- Trastornos del sueño. Son ocasionados a partir de los 30 dB, las personas que buscan conciliar el sueño pueden experimentar dificultad para dormir, interrupción o alteración en la profundidad del mismo, cambios en la presión arterial y en la frecuencia cardíaca, incremento del pulso, vasoconstricción, variación en la respiración, arritmia cardíaca y mayores movimientos corporales. Dado que el sueño ininterrumpido es un prerrequisito para el buen funcionamiento fisiológico y mental, la presentación de cualquiera de los efectos mencionados durante la noche, provocará a la mañana siguiente fatiga, depresión y reducción del rendimiento. Son susceptibles a estos trastornos, los ancianos, los trabajadores que cambian de turno constantemente, así como las personas con propensión al insomnio y las que tienen algún padecimiento físico o mental.

3.- Alteraciones fisiológicas. Después de una exposición prolongada a altos niveles de sonido, las personas pueden llegar a desarrollar hipertensión y cardiopatía. El riesgo es mayor para los trabajadores que se exponen al ruido industrial por más de cinco años, así como para quienes viven cerca de aeropuertos, industrias y calles ruidosas, pues se considera que a largo plazo el ruido del tráfico con niveles de entre 65 y 70 dB también ocasiona problemas cardiovasculares. Otro efecto es el desarrollo de respuestas reflejo, cuando los sonidos son poco familiares y aparecen súbitamente.

4.- Trastornos mentales. Aunque el ruido no los causa de forma directa, se presume que puede acelerar e intensificar el desarrollo de trastornos mentales latentes; además, la exposición a altos niveles de ruido en el área laboral se asocia con el desarrollo de neurosis. A pesar de que los resultados de la relación entre el ruido y los efectos en la salud mental no son concluyentes, los estudios que se han realizado acerca del uso de tranquilizantes y pastillas para dormir, así como de síntomas psiquiátricos y tasas de internamientos en hospitales psiquiátricos, sugieren que el ruido urbano puede tener efectos psicológicos negativos.

¿CÓMO AFECTA A LOS NIÑOS?

El doctor Jaime Albores de la Peña, especialista en otorrinolaringología, explica que el daño que el ruido ocasiona en los niños puede producirse incluso durante el embarazo, sobre todo en el último trimestre, cuando el feto está más expuesto a los sonidos del exterior debido a la disminución de líquido amniótico y el adelgazamiento del tejido adiposo del abdomen de la madre.

Aquí, el ruido actúa como un factor de estrés que, como cualquier otro, impide el desarrollo adecuado del niño. Además, señala que si los niveles de ruido son excesivos pueden llegar a causar un trauma acústico intrauterino. En etapas más avanzadas, durante la primera infancia, la exposición crónica al ruido puede dificultar la adquisición de la lectura y reducir la motivación.

En la escuela, el ruido se constituye también como un distractor que impide la concentración y por ende afecta los procesos de aprendizaje, es por ello que siempre se recomienda que las instituciones educativas se construyan lejos de áreas ruidosas, como vialidades muy transitadas, los alrededores de algún parque industrial o los aeropuertos.

RUIDO Y RENDIMIENTO LABORAL

Además de los trastornos del sueño que provocan fatiga y, en consecuencia, una reducción en el rendimiento laboral, se ha demostrado que el ruido puede perjudicar algunos procesos cognitivos que se emplean durante las horas de trabajo, tales como la lectura, la atención, la solución de problemas y la memorización, produciendo deficiencias y errores. En otras ocasiones, el ruido actúa como distractor y puede provocar algunos accidentes. Por otra parte, cuando es súbito puede producir un efecto desestabilizante que repercute en el desempeño de la persona.

UN ENTRETENIMIENTO PELIGROSO

El ruido juega una función social muy importante entre los jóvenes, quienes suelen acudir frecuentemente a conciertos, discotecas, salas de video, cines, parques de diversión, eventos al aire libre y otros lugares donde el nivel de sonido generalmente sobrepasa los cien dB, llegando a exceder, en ocasiones, el nivel del umbral de dolor (140 dB), lo que puede generar una deficiencia auditiva significativa.

La recomendación para evitar el daño es no exponerse a niveles de sonido por encima de los cien dB más de cuatro veces al año, durante un período de cuatro horas. En cuanto al uso de audífonos, otra forma de exposición al ruido que emplean especialmente los jóvenes, el doctor Jaime Albores, advierte que deben ser muy cuidadosos al momento de elegirlos, sobre todo cuando son de botón, ya que existen algunos modelos de muy mala calidad que lastiman el oído.

Opina que estos aparatos tienen aplicaciones muy específicas y no deberían ser utilizados todo el tiempo, o en la calle, porque el sonido impide estar atentos a las señales del entorno, y puede llevar a las personas a sufrir un accidente. Además, los jóvenes que acostumbran utilizar estos aparatos tienen problemas para modular su habla y, por otra parte, se van convirtiendo en seres antisociales.

CÓMO COMBATIR LA CONTAMINACIÓN AUDITIVA

Es casi imposible imaginar una ciudad sin contaminación auditiva y dado el crecimiento de la población, las opciones que tiene la gente para protegerse de ella son cada vez más escasas, por lo que la única vía parece ser la toma de conciencia ante la problemática. Esto es, exigir una regulación efectiva del ruido, pues aunque existen normas internacionales que la mayoría de los países han integrado a sus reglamentos, en casos como el de México, estos pocas veces se cumplen.

Correo-e: ayala.jessica@hotmail.com

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