Andamios
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Por: Enrique Arrieta Silva - 24 de oct de 2004.Extranjeros en durango (1900-1910)
Hurgando en los periódicos oficiales del gobierno del estado de Durango, es posible saber los nombres y el número aproximado de los extranjeros que habitaban en nuestra ciudad en el primer decenio del siglo XX, y que seguramente por eso mismo no le tenían miedo a los alacranes, así como saber que se agrupaban en colonias y que hasta consulados había.
Colonia Americana, sin duda la más numerosa: HT Benson, Ed Williams, Chas. von Brandis, R. C. Willams, Mat. Dahlgreen, F. Sehulte, W.C Bishop, James A. Le Roy, Mc Caughan, R. E. Taylor, Dr Barry, J. Slater, W. R. Depew, Dr. Cummings, Dr. Jackson, H. E O’Driscoll, Gerald Norton, C. H. Featherssone, G. E. Kedaie, A. Gregori, J.W. Rasor, C. B. Jone, J. E. Brady, A. O. Stevenso, C.J. Apab1asa, Gustavo Raddattz, H. S, Graham, Geo. Habernningg, Edward C. Knight, C. Chapman, F. D. Coats, W. Jaap, Charles Agustine Work, Hiram Wasley Collins, José Caskey, Federico Davis, Frank Houston Gardener, J. de Jesús Walter Taap, Arturo Bohler, Archibald Strarueg Reed, Carlos Roberto Mc Cauhan, A1berto Ransom.
Colonia Alemana: Guillermo Petters, Ad Petters, E. Westphalen, Lederer Lühning, Bosse, Maximiliano Damm, José M. Schlüter, F. Damm, Dr. E. Loefler, G. Weingart, Alberto Denker, Guillermo Dubbes, Rodo1fo Schommer, Luis Bosse, Martían Saltzer, Federico Schroeder, W. Bindil, O Bratenahl, P.E. Stah1ckecht, O. Wigand, E. Biekofsky, G. Weber, Roberto Windsch, E. Tellinger, Julio Drunert, Gustavo Raddatz, Santiago Mo1lá, Hugo Damm e Inés Damm.
Colonia Franco, Suiza y Belga: R H. Lombard, Amado Matthieu, Mauricio Honnoré, Juan Vinay, Juan Leautaud, José Simos, Victor Shietekat, Marius Julien, Samuel Blum, A Deaslé, U. Matthey, W Batis, F. Plesent, A. Tavalero, J. Tajean, A. Charpenel, H. Novion, Pedro Crez, Calixto Bourillon, Mariano Julien, Fanny Reynaud, Luis Matthey, Ernesto Pfacher, Juan Bautista Meynard y José Desmet.
Colonia española: Ángel Castillo López, Jorge Scapachini, Antonio Villalba, Santiago Moya, José Soto, Dolores Lorenzo Gómez, Ramona Bartola, Martín Romero, Luis Torriente, Manuel García, Manuel Torriente y María del Socorro Norris.
Colonia Siria: José Simón, Simón José Watuk, Antonio Juan Dequer, Antonio Jacobo, Pedro Yunis, Jorge Samia, Antonio Chemor, Simón Matuk, Santiago Marroun, Félix Assaf, Salim Alejandro Nahul, Lucía Jacobo, Miguel Schaia, José Alejandro Nahul, Juana Duruit, María Stefan, Juana Latuf, María Ramia Mercedes Matuk, Marta Assaf, María Letayf, Sarah Saab, María Cure, María Shediak y Juana Elias.
Además vivían en Durango los ingleses John Henrri Pengel1y, Francisco Stait Gardner, María Trengove y Santiago Guillermo Hambleton; el escocés Alejandro Ogilvie Stevenson; el holandés Geraldo Edmundo Norton; el chino Juan Bujon y el italiano Juan Camiti.
Durante las fiestas del centenario de la Independencia, las colonias extranjeras tuvieron relevante participación el 16 de septiembre de 1910. La Colonia Otomana donó la Estatua del Comercio, la Colonia Española la Estatua de la Primavera, la Colonia Francesa la Estatua del Estío, la colonia Alemana la Estatua del Otoño y la Colonia Americana la estatua de invierno.
Además había representantes diplomáticos. Así el Cónsul español era Don Anacleto García, el francés Calixto Bourillón, de los Estados Unidos de Norteamérica Cárlos M. Freeman, e! otomano Jorge Letaif y Vicecónsul alemán Rodolfo Schommer.
Era costumbre de las colonias extranjeras, participar en nuestras ceremonias cívicas. Así, el periódico local La Evolución de 23 de septiembre de 1910, elogia su participación en el desfile de los carros alegóricos del día 18, ante las tribunas levantadas en la Avenida Colón, toda vez que sin omitir gastos arreglaron sus carros las colonias francesa, española, alemana, norteamericana, otomana y la china, además de haber obsequiado las estatuas de cantera ya mencionadas, las cuales quedaron colocadas en la Avenida Colón y las Moreras.
Los periódicos norteamericanos, cuentan también mentiras como todos los periódicos del mundo. Resulta entonces, que a ciertos periódicos norteamericanos de gran circulación, les dio por aseverar que en nuestro país no se daba buen trato a los extranjeros y que la clase obrera mexicana había determinado exigir que los americanos residentes en la República abandonaran el país antes del 16 de septiembre de 1906.
Ante tales aseveraciones alarmistas y faltas de fundamento, uno de los miembros más distinguidos de la Colonia Americana, residente en Durango, el señor J.S.M. Caughan, dirigió al Gobernador Constitucional del Estado, Lic. Esteban Fernández, una carta fechada en 11 de agosto de 1906, en la que desmiente estos infundios, haciéndole saber que tiene más de 17 años avecindado en esta ciudad, que no vacila en manifestar que todos los americanos avecindados en la ciudad y en el Estado, así como los de paso hanl sido bien recibidos y que protesta contra tales actos por gratitud a la nación donde por largos años ha vivido satisfecho en unión de su familia, augurando sin temor a equivocarse que todos sus paisanos residentes en la ciudad son de la misma opinión.
México ha sido tradicionalmente un país hospitalario, como pruebas allí están las inmigraciones españolas, chilena y guatemalteca. Durango, fiel a esa tradición ha recibido bien y tratado igual, a los extranjeros avecindados en su territorio, muchos de los cuales han fundado familias mexicanas y han contribuido con su trabajo tesonero a la vida económica de nuestra entidad.
Si acaso una excepción, pudiera consistir en la costumbre del pueblo de Durango, allá por los años cincuenta del siglo anterior, de trasladarse después del Grito de Independencia de la noche del 15 de septiembre, al crucero de Madero y Negrete, y entre vivas a Hidalgo y mueras a los gachupines, apedrear y romper los vidrios de la casa de una familia española de apellido Bracho, pero eso ya era en cierta manera, un valor entendido entre la familia Bracho y el pueblo enardecido por el patriotismo, pues desde un día anterior al Grito, la familia evacuaba su hogar para evitar ser golpeada por una piedra, y a su vez, el pueblo ya sabía que la casa estaba deshabitada, por lo que daba gusto al brazo sin el temor de lesionar a alguien.
Agresión, sí; molestia, sí; vidrios rotos, sí. Pero al fin y al cabo una golondrina no hace verano, según dicen. Vaya nuestra disculpa a la familia Bracho y un apretón de manos a los extranjeros radicados en Durango antaño y hogaño. Dije.














