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Siglo Durango
jue 25 nov 2004, 6:40pm 8 de 9

Toda una vida entre átomos



GÓMEZ PALACIO, DGO.- El profesor Óscar Echávarri Lizárraga dedicó 36 años de su vida a la investigación sobre lo que esconde un átomo. Más que un reto, su motivación principal fue la propia duda de por qué la materia tenía cualidades inexplicables.

Hoy cuenta con 52 años de edad y el hecho de ver terminada su investigación, después de más de tres décadas de arduo trabajo, representa para él un sueño cristalizado, una ilusión que ya adquirió forma y es real, tangible y completa.

La historia se remonta a la preparatoria, en el año de 1968, cuando le surgió la duda de cuál era la causa de la relatividad de Einstein. Sus profesores le contestaron que no se sabía, entonces preguntó sobre la gravitación, pero sólo encontró fórmulas y mediciones.

“Me interesó mucho y me di cuenta de que la situación estaba un poco difícil porque las ecuaciones apenas podían describir un poco lo que era el fenómeno, mas no la causa”, manifiesta.

Movido por su deseo de conocer estas causas, se dio a la tarea de estudiar la mecánica cuántica, que es muy extensa y requiere una carrera completa para poder entender “o comenzar a entender” algunas de las ecuaciones, pero la falta de recursos económicos lo llevó a buscar una opción similar, que encontró en la ingeniería industrial.

Mediante una beca viajó a Estados Unidos, donde se hospedó con la familia Heinlein, a quienes recuerda como un gran apoyo, pero luego de dos meses tuvo que regresar por aspectos técnicos de la beca, que no estaban bien estructurados y lo dejaban en calidad de “mojado”.

El profesor buscó entonces una beca por otros lugares, pero no lo consiguió. Siguió trabajando en la teoría, consultó varios físicos, que coincidieron en que había huecos en los estudios sobre el tema del átomo. Bajo la asesoría de los investigadores Harry de la Peña y Miguel Ángel Orozco, continuó su averiguación.

En 1980, Óscar Echávarri ya tenía parte de la teoría, que presentó en ese mismo año a través de El Siglo de Durango. El profesor relata que la materia tiene que estar constituida sólo de luz, como la última expresión de energía en el universo, pero debía demostrarlo por medio de un modelo matemático que en verdad se comportara como la materia.

El profesor se comprometió a publicar sus trabajos. En el año 2005, 25 años después, cumplirá con esta promesa. Confiesa que, más que una pasión, la física de las subpartículas y la naturaleza de la materia le entusiasmó al grado de dedicar casi 12 horas diarias al estudio del tema.

Variables como por qué es constante la masa de un protón con relación a otro debían ser explicadas en el modelo matemático de Echévarri Lizárraga, según le aconsejaron sus asesores.

El profesor laboraba en el Instituto de Educación Superior Francisco González de la Vega durante ocho horas, dormía cuatro y el resto era sólo para trabajar en la investigación, hasta que finalmente encontró todos aquellos valores.

“A veces que estaba distraído, comenzaba a pensar en eso”, confiesa Óscar; “estaba dormido y me levantaba pensando cómo podía encontrar alguno de los valores o en alguna modificación al modelo. Fue una especie de vocación”.

Recuerda con tristeza que alcanzar este sueño fue un factor determinante para su divorcio, pero no se arrepiente de ello, pues considera que la realización de esta teoría fue el propósito para el que fue creado, su razón de vivir.

Su hija, Diana Susana, conoce a fondo esta teoría, pues desde que era pequeña le iba explicando sus avances. Admite que se enfrentó a diversos obstáculos, principalmente en cuanto a recursos económicos, además de la falta de apoyo a investigadores en México.

“Se necesita que en México haya más desarrollo y apoyo a investigaciones porque, de hecho, sí hay material, sí hay recursos humanos para justificar estas inversiones”, comenta; “desafortunadamente, los pasos para ayudar a gente que quiera entrar en la investigación son desalentadores. A mí me desalentaron mucho”.

Al principio, su familia le insistía en que debía poner los pies en la tierra y dejarse de sueños, pero pronto comprendieron que en su afán por descubrir este modelo matemático no desistiría y le apoyaron para que continuara.

“Yo nací para eso, había una fuerza que me movía, es una especie de espíritu propio que te empuja sobre todo lo que pueda pasar para llegar a un conocimiento”, señala. Para Óscar, dedicarse a la enseñanza ha sido una de las satisfacciones más grandes que ha tenido.

Con la conclusión de este proyecto, el profesor inicia una nueva etapa en su vida, que parte de su propia investigación a una nueva averiguación, ahora sobre la gravitación y la teoría de la unificación de las fuerzas.

Entre sus planes próximos, se encuentra también la publicación de su libro, así como impartir conferencias al respecto en el Instituto de Educación Superior donde labora, pues le interesa mucho compartir su teoría con la comunidad lagunera.

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