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PETRONILO AMAYA
lun 15 ago 2016, 9:15am 8 de 23

Ángel Zárraga, poeta de pinceladas cenzontles



LETRAS DURANGUEÑAS

"No despreciéis la sensibilidad de nadie: la sensibilidad de cada cual es su genio…tened presente siempre que la imaginación ha sido considerada en la historia del arte y de la poesía una de las cualidades más relevantes, y, lo es hoy mucho más, pues significa la luz del genio", Charles Baudelaire.

El genio, la chispa de la divinidad o lo que algunos llaman la gracia (como ha ocurrido con otros grandes creadores universales), también fue consustancial al artista durangueño Ángel Zárraga Argüelles, pues si en la pintura fue capaz de imponer su estilo en las más excelsas escuelas europeas, en la poesía y la prosa (fundamentalmente en la crítica) también destaca con esplendente iluminación, no obstante haber concentrado sus afanes en el quehacer pictórico. Hay testimonios de que sus apuntes críticos fueron de mucha consideración en su momento: "…un crítico de singular originalidad y un escritor dueño de un estilo absolutamente profesional", a decir del historiador de arte Antonio Luna Arroyo, uno de los más pacientes estudiosos de su vida y obra, quien como fruto de sus empeños entregó en 1970 el libro "Zárraga"(1) en el cual, aparte de la Introducción histórica, Su vida, Sus opiniones sobre el arte, Críticas a la obra del pintor y Su obra, dedica el capítulo cuarto a los Poemas del artista nacido en Durango hace 130 años, develándonos una faceta poco conocida del hombre que se codeó con los intelectuales más conspicuos de su época: Guillaume Apollinaire, Pablo Picasso, Ramón del Valle-Inclán, Auguste Renoir, Diego Rivera, Jaime Torres Bodet y Carlos Pellicer, entre otros.

Sabemos, gracias a la mencionada obra de Luna Arroyo (definida por él mismo como "de recapitulación y síntesis de documentos…") que las primicias literarias del Ángel durangueño vieron la luz cuando éste apenas contaba 16 años: la Revista Moderna (dirigida por Jesús E. Valenzuela, otro duranguense hoy olvidado) a instancias de los poetas Luis G. Urbina, José Juan Tablada y Amado Nervo, le publicó el soneto Eucaristía (julio de 1902), la composición en endecasílabos Psique, (agosto de 1902), Caín (marzo de 1903) y Madrigal para unas manos (abril de 1903). Posteriormente, en 1905 Rubén Darío interpuso sus oficios para que se incluyeran dos poemas de Zárraga en la Antología de poetas hispano-americanos, no siendo sino hasta 1924 que vuelve a publicar, esta vez, en la hoy revista de culto Contemporáneos, donde compartió el primer canto de su Oda a la Virgen de Guadalupe. En 1944 que se publicaría completa dicha Oda, en el libro Poemas (1917-1939) (2), que incluye: Oda a la Virgen de Guadalupe, Coloquio de la Natividad, Oda a la Victoria y Estancias del retorno.

ENVÍO

¡Por ti, padre lejano; porque nunca estés triste;

por salvar tu simiente, la de tu estirpe noble;

por el sagrado vientre de que nacer me hiciste,

yo seré fuerte y grande como copa de roble!

Este poema breve (Envío), lo publicó El Liberal de Madrid, el 3 de septiembre de 1908, es decir, cada vez fue escribiendo menos poesía, pero nunca la dejó en el tintero totalmente. El primer canto de la Oda a la Virgen de Guadalupe está fecha en París, 1917, mientras que el segundo canto lo escribió entre 1918 y 1936, en la misma ciudad. Oda a la Victoria y El Coloquio de la Natividad datan de 1939. Estos poemas, como el mismo autor lo expresara, aluden a la más honda inquietud del mundo, por eso su angustia es evidente, y en el de la Victoria Zárraga especula sobre "…el triunfo en la comunión del cuerpo y de la sangre…" (3).

Otros poemas posteriores son Clave (dedicado a Alfonso Reyes, quien -por cierto- hizo el prólogo al libro de poemas de Zárraga, señalando, donde precisa: "…no engaña este poeta cuando afronta la captación del mundo mediante las operaciones mágicas del lenguaje y del ritmo. Limpieza y honradez por fuera y por dentro ¡Quién pintara como él pinta!¡Quién escribiera como él escribe! ¡O quién escribiera como el pinta y pintara como él escribe…", Siempre y Flecha, los tres de 1944, cuando ya el artista radicaba en su patria. Dos años antes de su muerte.

A decir de Octavio Paz "No es poeta aquel que no ha sentido la tentación de destruir o crear otro lenguaje", y para el caso de Zárraga, dicha afirmación queda como anillo al dedo. Me explico: su poesía y su pintura son vasos comunicantes que intentan plasmar y compartir su pensamiento más hondo, a veces confrontándose, a veces complementándose, pero ambos reflejan su mundo e intentan cambiarlo: el autor cree en la magia del arte para ello. Y concibe, como Benedetti, que "la poesía es el género de la sinceridad última e irreversible", por ello retorna cíclicamente a la palabra escrita.

La poesía de Ángel Zárraga -apuntó Alfonso Reyes en el prólogo ya citado- "…que amaneció tan precozmente como su pintura -precocidad de una fe y una vocación verdaderas-, y que no es oficio desperdigado en las provocaciones de cada instante, sino lenta maduración que sólo se consiente el llegar al poema por la necesidad íntima de una criatura estética ya lograda y que a veces pide ser expulsada, es árbol que alarga sus ramas a todos los horizontes…", lo cual a la vuelta de más de medio siglo sigue teniendo vigencia: Zárraga maduró tan bien sus objetos verbales que sus palabras no han envejecido, muchas de sus partes pueden pasar como escritas apenas ayer. Cuando escribe siguiendo la tradición, se ciñe a la preceptiva, a la rima y los ritmos exteriores, evidenciando su alta cultura en alusiones a mitos y culturas muy diversas.

En contraparte, el Zárraga visionario se valió del verso libre para la Oda a la Virgen de Guadalupe, el Coloquio de la Natividad y la Oda a la Victoria, logrando intensidad en el ritmo, contención emotiva y un contenido testimonial sobre el ciclo de violencia entre guerras, pasando por la guerra española hasta la ruso-filandesa. Oda a la Victoria es, me parece, un vaticinio humanista con el que pretende crear un futuro mejor, al nombrarlo.

Guillermo Sheridan, un escritor y académico mexicano, nacido en 1950, es decir, cuatro años después de la muerte de Ángel Zárraga, se ha referido a éste como parte de su familia. Así, escribió en la revista Letras Libres (4): "…la madre de Zárraga, Guadalupe, fue hermana de mi bisabuelo Pedro Argüelles, que fuera poeta, profesor de clásicos en la preparatoria de San Ildefonso y decano de la Universidad Nacional. El pintor y yo pendemos, pues, de un árbol genealógico que crece junto al mismo charco desoxirribonucleico". Declara en dicho artículo su admiración por el duranguense, sobre todo como pintor. Y agrega: "Era también poeta. No gran cosa, pero tampoco desdeñables. Los versos eran títulos imposibles para algunos de sus cuadros…". Hace Sheridan, una emotiva evocación del artista que fue omnipresente en su infancia, a través de sus tías, y refiere cómo en Francia, donde desempeñó funciones diplomáticas, también encontró huellas de su ascendiente.

Referente a la poesía de Zárraga Argüelles apunta Sheridan: "Había una estrofa que, a mi manera de ver, condensaba lo que podríamos considerar el estilo de Zárraga y hasta su estética:

Ser sólo

una magnífica arquitectura de huesos única,

una agencia perfecta de músculos y de nervios única,

y en ella, como la paloma refulgente,

el espíritu cegado en la luz. (5)

Y sí, mucho hay aquí de su poética, porque nos ilumina sobre lo que aspiró a ser y hacer. Porque sus versos, por ejemplo, los de Oda a la Victoria, todavía nos estremecen, porque vemos claramente congruencia entre su lírica y su vida, y que como escribió el cronista y poeta Salvador Novo en el periódico Novedades, el 22 de septiembre de 1946, a raíz de la muerte de Zárraga: "…fue un artista que no hacía concesiones a la moda…", lo cual aplica tanto al pintor como al poeta que, cerca de su fin, quizá presintiéndolo, en conmovedor soneto externó su preocupación por no haber atrapado la Musa, como lo ambicionaba:

"He perseguido tanto tu faz desconocida,

he perseguido tanto tu guarismo secreto,

y en la búsqueda ardiente he quemado mi vida

sin que me hayan valido conjuro ni amuleto.

Y aún en esta hora de la postrer partida,

cuando desnudo estoy sin espaldar ni peto,

Mi paso va sonámbulo por el jardín de Armida

entre el laurel amargo y el espinado seto.

Y sigo persiguiendo tu faz innumerable,

esperando el momento en que la esfinge hable,

y al romper el enigma, forzar la ciudadela;

y encontrar la medida, el número y la norma,

el canon invencible de la única forma,

con mis ojos abiertos y con mi alma en vela."

Para no abusar del espacio y darle más trascendencia a la vertiente poética de Zárraga, termino haciendo mías las palabras del escritor, miembro de El Colegio Nacional, y uno de los pocos literatos de culto de la segunda mitad del siglo XX mexicano, Salvador Elizondo, quien en su momento asentó: "Ángel Zárraga fue también poeta de oficio; quiero decir con esto que también escribió versos. Celebro reconocer en un pintor también a un poeta; no porque, como ya lo dije, haga yo mucha distinción entre uno y otro. Zárraga es, como yo lo entiendo o lo concibo, un hombre que quiso saber cómo hacer ciertas cosas de acuerdo con diferentes maneras de entender cómo se hacen las cosas. Casi todo lo que hizo lo hizo bien; atendiendo a la belleza y a la armonía…" (6)

NOTAS

1) Luna Arroyo Antonio, Zárraga. México, Salvat Ciencia y Cultura Latinoamericana, S.A. de C.V., Segunda edición 1993. Pp. 89-94

2) Zárraga Ángel Poemas (1917-1939), México, Ed. Ábside, 1944.

3) Ídem, prólogo.

4) Guillermo Sheridan Zárraga y yo., Letras libres. México. Febrero de 2007.

5) Idem.

6) Zárraga, Grupo Financiero Vital, 1997. Prólogo.

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