Cátedra actoral

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Por: Verónica Castro Bojórquez Verónica Castro Bojórquez - 26 de jul de 2003.

Una cátedra de sencillez, humildad y actuación, es la que dio el primer actor mexicano Héctor Bonilla durante la presentación del monólogo “Sobre el daño que hace el tabaco”, de la autoría de Antón Chéjov, la cual presentó bajo el marco del Teatro Victoria invitado por los organizadores del Foro de Arte y Cultura de las Fiestas de la Ciudad.

A las 20:10 horas se dio la tercera llamada, la luz de la sala permaneció igual para recibir a Héctor Bonilla, con pantalón, zapatos negros y camisa blanca, para iniciar con una interesante charla sobre el autor de la obra, de quien mencionó que fue un dramaturgo ruso, originario de Taganrog, Ucrania. Destacó que cuando se pensó enviar testimonio de lo que se hacía en la tierra a otro planeta se pensó en la obra de Chéjov, que se caracterizó por hacer personajes esféricos.

El escritor contrajo matrimonio con la actriz Olga Niepova, con la que no pudo convivir por mucho tiempo, debido a una enfermedad que él padecía.

LA CARACTERIZACIÓN

Después de unos quince minutos su esposa Sofía Álvarez arribó al escenario para iniciar con la caracterización del personaje al que daría vida posteriormente. La intención de caracterizarse frente al público es para que el espectador conozca el proceso que el actor tiene que pasar para representar una obra de teatro.

Durante la caracterización Bonilla contó una anécdota que pasó al presentar una obra de teatro ante jóvenes de secundaria, quienes no pusieron atención a la obra e hicieron mucho escándalo, “la culpa no es del receptor, sino del emisor que no sabe captar la atención de su público”, dijo.

Le pidió al público presente que le hiciera preguntas, excepto “si a Jerónimo lo van hacer cornudo”, al referirse al personaje que actualmente realiza en la telenovela “Mirada de mujer, el regreso”. Confesó que utiliza una almohada que fue de uno de sus hijos para simular la barriga de su personaje, “es de gringo decadente”, al referirse a la “panza”.

Mientras se ponía un aplique en su rostro comentó que se parecía al actor Ignacio López Tarso, “Tacho” su maestro, incluso empezó a hablar como él, al ponerse el bigote dijo que ahora parecía Porfirio Díaz, para después hablar de su personaje, el cual lo calificó como una persona patética y hasta ridícula. Afirmó que no se trataba de una farsa o comedia, pero que coqueteaba con los dos. “Pudo haber sido un distinguido catedrático que se fue rebajando ante la mujer encantadora que tenía”, dijo.

Informó que esta obra la presenta desde que era adolescente, al principio fue por “tragar”, pero ahora la presenta diez a veinte veces por año, según se lo pidan las personas que lo contratan, por eso desconoce cuántas representaciones lleva.

LA ACTUACIÓN

Al darse las ocho con cincuenta y ocho minutos concluyó con la caracterización de su personaje, en ese momento le dijo al público que le daba cinco minutos para empezar con su actuación, pero los presentes le pidieron que iniciara de inmediato, no quería perder más tiempo, deseaban verlo actuar. Así se apagaron por completo las luces del Teatro Victoria, que contó con una buena afluencia, para después dejarse ver una luz que iluminó el escenario.

Héctor Bonila, con muchos años encima, después de la caracterización, lució como un hombre acabado, sin ganas de vivir, con 70 años encima, un hombre que pudo hacer sido, según Bonilla, un catedrático exitoso, que por casarse con una esposa encantadora, pero manipuladora, acabó con su vida y con aquella persona que un día fue.

Iván Ivanovich Husmeadorov (nombre que adoptó Héctor Bonilla para este monólogo) está en un auditorio impartiendo una conferencia “Sobre el daño que hace el tabaco”, pero al tener el uso de la palabra, habla de todo menos del tema de la conferencia, aprovecha la ocasión para desahogar sus penas y empieza a platicar de lo amarga que ha sido su vida, durante 33 años, justo al momento de contraer matrimonio con una actriz. La risa se dejó escuchar en el lugar, debido a los chascarrillos o la cómica actuación que presentó el actor, para después lograr un Teatro Victoria en total silencio, debido a la escena fuerte, desgarradora y conmovedora que ofreció, incluso algunas personas dejaron escapar algunas lágrimas. Justo en ese momento Bonilla demostró el ser un actor de primera, porque se repuso de inmediato de ese trance, para dejar escapar de vuelta otra carcajada entre los asistentes, que al concluir la obra, reconocieron el trabajo de Héctor entre aplausos y gritos de “¡bravo! ¡felicidades!”, etcétera.

Después de salir al escenario, el actor regresó de inmediato para irse despidiendo del personaje, así los apliques, peluca y vestuario quedaron otra vez en el camerino, para pedir al público que le hiciera preguntas de lo que quisieran, en especial de la obra. Así dijo que al concluir una presentación dejaba su papel colgado en el camerino, de no ser así se volvería loco; aseguró no creer en la cuarta pared, ni en la teoría de la vivencialidad.

Comentó que ha tenido muchos maestros en su vida, pero que dos en especial le han dejado un gran legado y le han ayudado a crecer como ser humano y como actor, como ejemplo puso a Alejandro Jorodovsky y Vicente Magdaleno, este último fue su “maestro de la vida”. Después habló de la televisión, de Bush, de quien dijo que era aberrante, entre otros temas de no menor interés para los asistentes. Cabe destacar que su esposa, Sofía Álvarez, de pronto apareció en el escenario para informar que la Selección Mexicana iba ganando 2-0 contra Costa Rica y pedir que el IMAC la invitara a ella para leer un cuento, debido a que el público le gritó que leyera uno.

Así a las 21:50 horas, aproximadamente, Héctor Bonilla se despidió de su público duranguense que una vez más le agradeció su tiempo y le reconoció su labor y primera actuación.

La mayoría de las personas quedó complacida con el evento en sí, aunque una que otra se quejó y aseguró salir defraudada de la obra, debido a que ésta sólo duró quince minutos, pero en general los duranguenses salieron con la sonrisa en sus labios.

SONDEO

En opinión del público

“Fue una obra breve pero fantástica y un actor maravilloso”.

Emilia Elizondo

“Me pareció fabulosa, es un actor increíble en sus caracterizaciones”.

Nellie González de Stenner

“Me gustó mucho, estuvo interesante y es muy buen actor”.

Karla Borrego

“Me gustó mucho el que interactuara y que nos explicara la obra”.

Ricardo López

“Excelente, es un breve ensayo que muestra lo que el actor explicó”.

Víctor García

“Es un monólogo difícil, el método es lo más interesante”.

Alfredo Vázquez

TÍTULO: “Sobre el daño que hace el tabaco”.

AUTOR: Antón Ivanovich Chéjov.

DIRECCIÓN Y ACTUACIÓN: Héctor Bonilla.

PRODUCCIÓN: Sofía Álvarez.

DURACIÓN: Una hora y cuarenta minutos, aproximadamente.

LUGAR: Teatro Victoria.

HORA: 20:00 horas.

INICIÓ: 20:10 horas.

LO MEJOR: La actuación y que Héctor Bonilla platicara de todos los temas con el público, basándose en las preguntas que le hicieron.

LO PEOR: El sonido de los celulares en la sala y el ruido que causó la gente que llegó tarde.

ORGANIZADORES: Comité de Festejos de la Feria, IMAC y Foro de Arte y Cultura.

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