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ENRIQUE ARRIETA SILVA
lun 7 nov 2016, 11:56am 5 de 23

Rasgos anticulturales de la democracia norteamericana



LETRAS DURANGUEÑAS

Como es de explorado derecho constitucional, los Estados Unidos de Norteamérica, inicialmente fueron trece colonias, después confederación y luego federación. Cuando se integraron en federación para hacer una unión más fuerte y permanente, los estados entregaron su soberanía a la federación.

Pues bien, en el año de 1963, el gobernador de Alabama, George C. Wallace, acuña la frase de: "segregación ahora y segregación siempre", en oposición de la política de integración racial del presidente John Kennedy, quien había ordenado el cumplimiento de la sentencia que ordenaba el ingreso a la universidad de Alabama, de Vivian Malone y John Hood, estudiantes negros. No está de más, señalar que en la ciudad de Montgomery, capital de Alabama, en el transporte público, existían asientos diferenciados para blancos y negros.

La oposición de Wallace, llegó al extremo de pararse en la puerta del auditorio Foster de la universidad, para impedir la entrada de los estudiantes negros, alegando que interponía la soberanía de Alabama, para no cumplir la resolución judicial que obligaba a la universidad a matricular a los estudiantes negros. Ante semejante desafío, Kennedy hizo la observación que Alabama cundo había entrado a la federación, había entregado su soberanía para siempre, por lo que no tenía ninguna soberanía que interponer y que por lo tanto los estudiantes negros tenían que ser matriculados por la universidad y al efecto ordenó a la Guardia Nacional de Alabama, cuyo general Henry Graham, pidió a Wallace, se hiciera a un lado, y fue así como los estudiantes negros pudieron inscribirse como alumnos.

El anterior acontecimiento, apenas es uno de los muchos que ilustran a los Estados Unidos de Norteamérica como una sociedad racista, pese a ser una nación cosmopolita, paradoja extraña.

Es verdad sabida que muchos de los norteamericanos odian a los negros y a los latinos, en cuyas filas los mexicanos forman legión.

Del odio hacia los mexicanos, dan debida cuenta Juan Gómez Quiñones, profesor en el Departamento de Historia de la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA) y David R. Maciel, Profesor afiliado de la División de Historia del Centro de Investigación y Docencia de Económicas (CIDE) y Profesor Emérito de la Universidad de Nuevo México, en un excelente ensayo. Intitulado "Las raíces antimexicanas de Donald Trump", publicado en la revista Nexos, número 466, correspondiente al mes de octubre de 2016.

Dicen los autores del ensayo mencionado, que han existido en Estados Unidos, una serie de actitudes peyorativas, convicciones y prácticas discriminatorias, que vienen desde épocas lejanas, pues han existido desde los tiempos de la Colonia, nacidas desde el primer contacto de los cazadores de pieles y los primeros pobladores anglosajones, quienes los vieron como ignorantes, crueles y como mestizos despreciables, actitudes que se vieron endurecidas de manera grave con la Rebelión de Texas y la batalla de El Álamo.

Siguen la lista de agresiones con la matanza de mexicanos en Texas de 1915-1916, las repatriaciones de 1930-1932, la "Operación Espaldas Mojadas" 1954-1957 y las redadas actuales en fábricas y vecindarios.

En el ensayo que se comenta, se dan a conocer declaraciones negativas de líderes de opinión norteamericanos como William Colby, ex director de la CIA, quien considera a los mexicanos el mayor peligro para Estados Unidos, porque dice existen 60 millones de mexicanos y habrá 120 al final del siglo XX, como Samuel Huntington, quien argumenta que los mexicanos son potencialmente subversivos y una amenaza y como Peter Brimelow y Buchanan, quienes dicen que Estados Unidos enfrenta un gran peligro con los mexicanos y los latinoamericanos, pues podrían destruir el país.

Y así llegamos Donald Trump, candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, quien desde el arranque de su campaña, ha sostenido una verborrea antimexicana sostenida y abundante, diciendo que los inmigrantes mexicanos son criminales o violadores y que edificará una muralla en la frontera para detener la inmigración mexicana cuyo costo será a cargo de los mismos mexicanos.

Que Trump es un loco, coincidimos todos, hasta los mismos dirigentes de su mismo partido, muchos de los cuales se han arrepentido de su postulación y lo han abandonado. De llegar a la presidencia con sus ideas políticas y económicas causaría de inmediato la ruina de su país y del nuestro, y en una nada estallaría la tercera guerra mundial, así de loco está, con el agregado que más bien parece payaso de rodeo que candidato, pues su cabellera color zanahoria y su vientre abultado dan más risa que simpatía.

Adolece de virtudes de ciudadano y candidato, es un ser indigno, cínico, mentiroso y procaz, por lo que cualquiera diría que está lejos de ganar las elecciones del próximo 8 de noviembre, y así lo señalan las encuestas que dan una ventaja cada vez más importante a Hilary Clinton, así como los tres debates en los que fue superado con holgura, pues su cerebro de cavernícola no da para más.

Así las cosas, parecería que México y los mexicanos, estamos a salvo de semejante orangután, pues no llegará a la presidencia del país más poderoso de la tierra, vecino nuestro para bien y para mal.

Sin embargo, hay que tener presente que Donald Trump, no inventó el racismo antimexicano, sino que éste viene de muy atrás, de hondas raíces y que por lo tanto, él no es más que el portavoz actual de ese racismo que cada vez se torna más violento.

Cualquiera en su sano juicio, no votaría por Trump, aunque fuera del partido republicano, se necesitaría estar loco como él. Jamás un candidato, en ninguna parte del mundo, había resultado tan risible y terrorífico.

Entonces pues, si las encuestas reflejan ventaja de Hillary Clinton ¿los mexicanos podemos estar tranquilos de semejante amenaza? Puesto que las encuestas no lo favorecen?

No precisamente, porque el peligro no es Trump, sino el racismo y la violencia de los millones de americanos que están detrás de él y que se aglutinan en un movimiento ultraconservador radical, del cual Trump, no es más que la cara, una cara muy chistosa y fea por cierto.

Solo nos queda a los mexicanos, salir a votar por Hillary Clinton, esperando que los norteamericanos conscientes y correctos, que también los hay por millones, igualmente lo hagan este 8 de noviembre. Esperemos la derrota de este loco de atar, que debería estar en la lista de espera del Factor.

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