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IGNACIO ESPINOZA GODOY
lun 9 ene 2017, 3:01pm 1 de 4

En enero, ¿sin dinero?



PADRES E HIJOS

Es una escena muy común que se repite cíclicamente cada inicio de año: bolsillos vacíos luego de la resaca moral (y hasta física, en ocasiones) que nos dejó diciembre, cuando mucha gente contaba con cierta cantidad de dinero adicional producto del esfuerzo de todo un año de trabajo. Me refiero concretamente al aguinaldo, esa prestación social a que tiene derecho todo trabajador luego de un año de labores y jornadas extenuantes, cuyo fruto se recoge en el último mes del año como estímulo o recompensa pero que no siempre es bien utilizado pues se piensa que es para gastarlo inmediatamente, tan pronto como llegue a nuestras manos.

Sin embargo, a la vuelta de unos cuantos días, nos percatamos de que ni siquiera nos dimos cuenta del destino que tuvo ese dinero que nos ganamos con el sudor de la frente, que nos costó tanto trabajo, para que al final lo despilfarráramos en regalos o en la compra de artículos que no son una verdadera necesidad para nuestra vida cotidiana. Es entonces cuando nos llega la cruda moral, el arrepentimiento por no haber reflexionado con tranquilidad sobre la mejor forma de gastar esos recursos económicos adicionales que no son precisamente para deshacernos lo más pronto de ellos, como si se tratara de una carrera contra el tiempo.

Esos recursos económicos extraordinarios, amable lector, los debemos cuidar como algo sagrado, de tal manera que les demos el mejor uso, para destinarlos a resolver algún pendiente, pero no para gastarlos en lo primero que se nos ocurra como, por ejemplo, en la compra de una nueva pantalla de televisión porque la que tenemos ya no satisface nuestras expectativas, a pesar de que funcione perfectamente. No se trata de competir con nadie ni de acumular objetos que sólo satisfacen nuestra vanidad momentáneamente y de esta forma poder presumir con los familiares, amigos o compañeros de trabajo que nos dimos un lujo, aunque innecesario por las circunstancias actuales.

Además, tomando en cuenta que, a partir de este año, se nos vienen incrementos de precios en prácticamente todos los bienes y servicios -empezando por la gasolina-, los padres de familia debemos cuidar con mayor esmero cada peso que ingrese al hogar, ya que de esta manera estaremos protegiendo nuestra economía para que gocemos de cierta estabilidad financiera y estemos preparados para las contingencias que se podrían presentar en nuestro convulsionado país por las medidas tomadas recientemente por el Gobierno Federal.

Por ello, amable lector, si contamos todavía con algo de efectivo de ese que nos otorgaron con motivo del aguinaldo, procuremos guardarlo y utilizarlo sólo en caso de una verdadera necesidad o emergencia, como puede ser el pago del refrendo vehicular o del impuesto predial que nos corresponde cubrir durante los primeros tres meses, esto para aprovechar el descuento que se nos ofrece en este primer trimestre del año, lo que nos servirá para gastar lo menos posible que si cumpliéramos con estas obligaciones fiscales después de este periodo, ya que posteriormente hay que hacerlo con recargos, que sólo nos ocasionará que desembolsemos más de lo que debimos en el momento oportuno.

Nuestros hijos ignoran muchas de estas situaciones, porque finalmente ellos están en su mundo, en el que aún no tienen que soportar esta carga económica, pero sí podemos platicar con ellos y hacerles ver que el dinero del que disponemos en el hogar se debe gastar con racionalidad, aunque se tenga para pagar todo lo necesario, pues de lo que se trata es de contar con un "colchoncito" que nos permita hacerle frente a desembolsos imprevistos, lo que nos ahorrará la molestia de tener que pedir prestado o de empeñar artículos en alguna institución financiera.

Por ello, los padres tenemos la obligación de instruir a los hijos sobre cómo distribuir los ingresos económicos que entran al hogar gracias al trabajo de uno o los dos progenitores, para que de esta manera también aprendan que el dinero que se gana producto del esfuerzo cotidiano se debe gastar racionalmente, para solventar las necesidades más importantes de todos los integrantes de la familia, empezando por los servicios básicos como son la electricidad, el agua potable y el teléfono, además de renglones prioritarios como la salud, la alimentación, el vestido y el calzado, entre los fundamentales para el desarrollo armónico de la familia.

Tradicionalmente, se afirma que la llamada "cuesta de enero" es el periodo más complicado del año, debido a que muchas personas gastan en diciembre hasta lo que no tienen, y una vez que llega el primer mes del año se encuentran con que sus bolsillos están vacíos y que su o sus tarjetas de crédito también están saturadas de deudas que no era necesario contraer.

Es entonces cuando resienten la "cruda" moral y se enfrentan a la dura realidad de tener que hacerles frente a los inevitables gastos de principios de año como son los pagos de impuestos por el vehículo y por la vivienda, los cuales son ineludibles y que sólo esperan hasta marzo, pues a partir de ahí hay que cubrir multas y recargos por pagar de manera extemporánea.

De ahí la necesidad, estimado lector, de planear adecuadamente los gastos que no podemos diferir y desembolsar sólo lo necesario, para cuidar los sagrados ingresos económicos con los que tenemos la fortuna de contar cada semana o quincena, según sea el caso. ¿No lo cree?

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