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lun 20 mar 2017, 4:12am 1 de 2

Día de la Mujer: poco para celebrar



Tradicionalmente, y con justa razón, el sector femenino levanta la voz cuando se conmemora el Día Internacional de la Mujer, ya que, si bien en las décadas recientes se ha avanzado en la concreción de algunos logros para que haya igualdad de derechos con respecto a los que ejercen los varones, aún falta mucho terreno por recorrer en ese aspecto, esto debido a la actitud de un segmento muy significativo de hombres que aún no se han dado cuenta -o fingen demencia, creo- de que ambos nos complementamos y que, por lo tanto, debemos compartir los mismos derechos y obligaciones.

En verdad, es lamentable observar cómo un grupo de varones aún se resiste a conceder a las mujeres los derechos a los que, por ley y por sentido común, deberían tener el mismo acceso, no como una concesión gratuita, sino que porque han demostrado su valor en los diferentes ámbitos de la vida pública y privada de nuestro país, de tal forma que la única manera de reconocerles sus invaluables aportaciones es mediante la asignación de igualdad de oportunidades en todos los aspectos, principalmente, en el renglón laboral, donde aún se les escatiman sus derechos y una remuneración económica justa.

Hace unos días, se publicaba en varios medios impresos una noticia en el sentido de que las mujeres ganan hasta 25 por ciento menos que los hombres, a pesar de que se trata del mismo puesto con la misma carga de trabajo, lo que obliga a reflexionar sobre el tema y a condenar esas prácticas que aún prevalecen no sólo en el ámbito de la administración pública, sino también en el sector privado, donde las féminas, en ocasiones, son sometidas a mayores responsabilidades que los varones y a cambio reciben el mismo pago por los mismos servicios.

De igual manera, se comentaba que, además, en varias de esas mismas empresas y en el ámbito gubernamental, si se ordena prescindir de los servicios de parte del personal de algún departamento, las primeras en ser consideradas son las mujeres, situación que evidencia un arraigado y profundo machismo que no ha podido ser erradicado de los diferentes sectores del quehacer público y privado, sobre todo, si quien ejerce el poder en la toma de las decisiones padece ese sentimiento de rechazo hacia el segmento femenil porque así lo viene arrastrando desde que se le inculcó en el seno materno.

Con razón, las mujeres se niegan a celebrar su día cuando no existen motivos suficientes para ello, cuando a estas alturas del siglo XXI se les continúan negando las oportunidades de crecimiento y desarrollo que se han ganado a pulso, demostrando que tienen una amplia capacidad, talento y habilidades que las hacen aptas para desempeñar cualquier puesto que les asignen; sin embargo, en el camino se encuentran piedras que obstruyen y dificultan su avance, ya que esos obstáculos tienen nombre y apellidos, es decir, se trata de varones que se niegan a aceptar que las féminas también tienen el mismo derecho a superarse y a ocupar los cargos más importantes en los lugares donde se desenvuelvan.

De esta manera, es difícil que las mujeres hagan valer los derechos que les corresponden por el simple argumento de que son seres humanos que, por este mismo hecho, deberían tener acceso a las oportunidades que se les niegan sólo porque son féminas, una actitud que asumen algunos varones que se resisten a admitir que se trata de compañeras no sólo en el hogar, sino en los diferentes ámbitos de la vida, porque compartimos trabajo y otros intereses que nos permiten convivir, de tal forma que no se explica el porqué de esa postura radical y de discriminación hacia las mujeres, si finalmente nos complementamos en todo lo que hacemos cotidianamente.

Resulta incomprensible que persistan esos vicios de cerrarles los espacios a las mujeres en los centros laborales, a pesar de que demuestren capacidad de sobra para desempeñar cualquier puesto y función que les asignen, pues también está más que probado que ellas tienen el talento y los conocimientos suficientes para asumir cualquier tarea que se les encomiende, de ahí que todavía es inexplicable esa actitud de algunos varones para incluir a las féminas en los grandes proyectos relacionados con el amplio quehacer de los ámbitos privado y público.

Por eso, un segmento considerable del género masculino (me incluyo) se declara en contra de esas prácticas nocivas que sólo segregan a las mujeres de las decisiones importantes, cuando ellas son precisamente el sector que mueve al mundo empezando desde el hogar, porque son ellas las que generan vida a partir de todo lo que aportan.

Tomando como base todas estas reflexiones, me pronuncio en contra de todas esas actitudes machistas y misóginas que todavía adoptan y hasta presumen algunos varones, porque nada aportan a la convivencia armónica que debe prevalecer en nuestra sociedad.

Es cierto: no hubo mucho qué celebrar en el Día Internacional de la Mujer, pero habrá que seguir insistiendo para que a este sector le sean respetados los derechos que durante muchos años se le han negado y que le han escatimado.

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