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IGNACIO ESPINOZA GODOY
lun 19 jun 2017, 10:14am 3 de 3

Los padres de la actualidad



PADRES E HIJOS

En la actualidad, los padres varones no se parecen mucho a los de antaño en aspectos como la crianza de los hijos o en el involucramiento que se observa en actividades que antes eran consideradas exclusivas de las madres, como el lavado de trastes, de ropa, la limpieza del hogar (barrer y trapear), e incluso, hasta en el planchado de las prendas de vestir, pues existe la clara conciencia de que los tiempos han cambiado (afortunadamente para bien) y que se precisa de la colaboración de ambos para hacerle frente a todo lo que implica el mantenimiento del hogar en sus distintos aspectos.

Recuerdo cómo hace algunas décadas era impensable que los hombres, dentro de una relación matrimonial, apoyaran (no es correcto decir "ayudaran", aclaran los psicólogos) en los diversos quehaceres domésticos, ya que hasta corrían el riesgo de ser calificados como "mandilones", lo que representaba un golpe muy fuerte al orgullo masculino, a la virilidad que los varones deberían de presumir ante la sociedad, como para demostrar quién mandaba en casa, de tal manera que la mujer era quien terminaba cargando, de manera callada y abnegada, con todas las actividades consideradas como propias sólo de su género.

Y así transcurrieron las décadas para la mujer, con ese pesado lastre sobre sus espaldas, condenada a lavar, barrer, trapear, limpiar, planchar, preparar la comida, llevar a los hijos a la escuela y todas esas actividades que sólo le correspondían por el hecho de pertenecer al entonces mal llamado "sexo débil", cuando demostraban todo lo contrario con todo ese descomunal despliegue de energía y que hasta las costumbres y tradiciones las obligaban a consentir al marido cuando regresaba del trabajo, ofreciéndole hasta su platillo favorito ya que su jornada laboral había sido demasiado extenuante y necesitaba descansar en el hogar, para olvidarse de su pesada rutina diaria.

Al respecto, las películas, programas y hasta telenovelas de la época reflejaban fielmente esas costumbres donde, con una exagerada actitud de abnegación, la mujer se desvivía por atender a su cónyuge en cuanto este entraba al hogar, "rendido" por el exceso de trabajo, aunque su actividad realmente no correspondía a la imagen que pretendía dar ante su esposa e hijos, ya que finalmente sus labores eran de tal carácter que no implicaban un gran esfuerzo físico y mental, con lo que sólo buscaba ser apapachado y consentido para sentirse el rey de la creación, sin importarle todo lo que había hecho su pareja durante el día.

Tuvieron que pasar décadas para que la mujer reaccionara y se decidiera a demandar la igualdad de derechos y obligaciones con respecto a los hombres, pues no era justo que las actividades dentro del hogar, por ejemplo, les correspondieran exclusivamente a ellas, pues finalmente se trata de una responsabilidad compartida, lo que incluye, por supuesto, la crianza y educación de los hijos, un aspecto que durante mucho tiempo se le atribuyó al género femenino, de ahí el apego desmesurado de los pequeños y pequeñas hacia la figura materna (que persiste hasta la fecha), si esta los sacaba adelante en todos los aspectos, como lo sigue haciendo en la actualidad en muchos casos en que a algunos varones no les ha caído el veinte de que los tiempos han cambiado y que ya no hay roles exclusivos dentro y fuera del hogar.

Algunos hombres hemos aprendido que todas las actividades no tienen etiqueta ni están clasificadas para que las ejecute el hombre o la mujer, pues esas absurdas costumbres, tradiciones y prejuicios deberían de ser cosa del pasado, ya que los tiempos actuales demandan la cooperación mutua, de ambos esposos, para que el hogar funcione de la mejor manera, también con la colaboración de hijos e hijas, toda vez que a ellas y ellos les corresponderá crear conciencia de que féminas y varones nos necesitamos y nos complementamos en todo lo que emprendemos cuando somos pareja, dentro y fuera del hogar.

Los padres de la época actual estamos plenamente conscientes de que, sin el apoyo constante en las diferentes actividades que nos involucran como pareja, mujeres y varones no podemos solos con todo el paquete que representa el sostenimiento del hogar en todos sus aspectos, ya que al final de cuentas se trata de una responsabilidad compartida, de un compromiso que asumimos cuando decidimos caminar juntos, siempre uno al lado del otro, en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, tal como rezan los votos matrimoniales para quienes nos unimos por la fe católica.

Tampoco -aclaro- es para vanagloriarnos en el sentido de que los hombres apoyamos en todo lo que se puede para que en el hogar impere la armonía entre todos los integrantes de la familia. No, y nada más alejado de la realidad. De lo que se trata es de ofrecer nuestro tiempo, nuestra disposición y todo lo mejor que tengamos para que nos desarrollemos en un ambiente donde se respiren el amor, la tranquilidad, la solidaridad, el apoyo mutuo y todos esos elementos indispensables que nos impulsan a ser mejores seres humanos cada día.

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