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ÓSCAR JIMÉNEZ LUNA
lun 26 jun 2017, 8:10am 11 de 39

Hesíodo, lecciones milenarias para nuestros días



LETRAS DURANGUEÑAS

Nunca deja de sorprender la cualidad por excelencia de los clásicos: ese tejido de palabras capaz de atravesar siglos. Como si el tiempo no pasara, son obras que cada generación descubre en lecturas incesantes, renovando sus sentidos y derivaciones. Es el caso notable de Hesíodo, el poeta griego casi contemporáneo –se dice- del gran Homero. Un reciente repaso por su legado literario (ahora que abre sus alas el siglo XXI la editorial Gredos ha puesto en circulación otra publicación de sus versos) permite acercarnos a esa condición perdurable de su envío milenario. Digamos algo a propósito.

Si la tradición homérica se ilustra en las destrezas e ingenios de los súper hombres (la “Ilíada”, la “Odisea”), y en sus vínculos con los dioses y semidioses, el legado hesiódico pone el acento en la vida cotidiana, en la realidad más terrena de lo humano.

Después de dar lugar a su Teogonía, Hesíodo nos lleva a recorrer los calendarios más propicios para la siembra, por ejemplo, para gradualmente darnos algunas lecciones para un vivir mejor. El impulso que irradia obra “Los trabajos y los días” es precisamente una herida interna: su pleito con Perses, su hermano, por la herencia paterna, y los regalos que este último había hecho a los jueces para que fallaran a su favor. Estamos, pues, ante la respuesta de un ciudadano ejemplar e indignado frente a los agravios de la injusticia. De tal interlocución se desprende un verdadero tesoro de sabiduría, y cuya actualidad –subrayo- todavía nos asombra.

Luego de invocar a las musas, el poeta prepara mediante un diagnóstico lo que vendrá mucho más adelante: “Mil diversas amarguras deambulan entre los hombres: repleta de males está la tierra y repleta el mar. Las enfermedades ya de día ya de noche van y vienen a su capricho entre los hombres acarreando penas a los mortales en silencio, puesto que el providente Zeus les negó el habla. Y así no es posible en ninguna parte escapar a la voluntad de Zeus”. Seguirá entonces una descripción de las edades del mundo (cinco en total), a partir de la dorada, hasta llegar a un escenario de degradación y de ruina moral: “…ya no hubiera querido estar yo entre los hombres de la quinta generación sino haber muerto antes o haber nacido después; pues ahora existe una estirpe de hierro. Nunca durante el día se verán libres de fatigas y miserias ni dejarán de consumirse durante la noche, y los dioses les procurarán ásperas inquietudes; pero no obstante, también se mezclarán alegrías con sus males”

Hesíodo recordará enseguida el relato del halcón y el ruiseñor, con una crítica muy fuerte a la soberbia del poderoso, para continuar amonestando a su hermano: “¡Oh Perses! Grábate tú esto en el corazón; escucha ahora la voz de la justicia y olvídate por completo de la violencia”, y se completa el impulso expresivo de esta manera: “…de la maldad puedes coger fácilmente cuanto quieras; llano es su camino y vive muy cerca.

De la virtud, en cambio, el sudor pusieron delante los dioses inmortales; largo y empinado es el sendero hacia ella y áspero el comienzo; pero cuando se llega a la cima, entonces resulta fácil por duro que sea”.

Hay posteriormente un párrafo por lo demás muy vigente. Sigamos oyendo la recomendación del célebre poeta griego: “Las riquezas no deben robarse; las que dan los dioses son mucho mejores; pues si alguien con sus propias manos quita a la fuerza una gran fortuna o la roba con su lengua como a menudo sucede –cuando el deseo de lucro hace perder la cabeza a los hombres y la falta de escrúpulos oprime la honradez-, rápidamente le debilitan los dioses y arruinan la casa de un hombre semejante, de modo que por poco tiempo le dura la dicha”.

Y la alocución se cierra con verdadera contundencia: “No te hagas rico por malos medios; las malas ganancias son como calamidades”.

Parecen palabras escritas hoy por la mañana.

Más perdurables que las piedras de Troya, digámoslo una vez más, los versos de los clásicos renacen en cada lectura, como las ramas en primavera. En un México, en un Durango, acosados por la violencia del crimen organizado, dentro de la náusea ocasionada por la corrupción casi generalizada, amenazados por el gobierno norteamericano, invadidos por la hipocresía religiosa y la demagogia política, y los consejos de los poetas de la Antigüedad parecen más que pertinentes. Al mal se le combate con el buen comportamiento y, sobre todo, con el trabajo constante y productivo. Tenemos muchos problemas, habrá otra sexta edad ¿cuál será su signo?, seguimos al final en un obscuro laberinto: “pero no obstante, también se mezclarán alegrías con sus males”.

Si queremos, hay remedio; es una de las grandes lecciones de Hesíodo.

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