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FCO. JAVIER GUERRERO GÓMEZ
lun 17 jul 2017, 8:09am 10 de 26

Alfonsina enamorada



LETRAS DURANGUEÑAS

Ella lo presintió desde siempre, tal vez cundo flotaba insensible a la vida, en el líquido amniótico del útero materno.

Las normas del ser humano que conllevan su existencia, tan estrictamente ante la sociedad a más de las vivencias de los años, a querer o no, van dejando una marca en el cerebro de los niños, aunados a los genes de la herencia, indicarán el comportamiento del individuo.

La rebeldía innata y propia hace florecer los pensamientos, así en ella su femenina esencia y el arte de sentirse libre, comenzó a volar como toda mariposa de su edad, en busca del complemento de su ser.

En esas vacaciones a la playa su vista quedó prendada un momento que se volvió eterno. Allí lo reconoció, lo descubrió lo comprobó. Sí existía, era real. No solamente el dueño de su vida nocturna cuando lo imaginaba. La sensación del sueño se volvía realidad.

Allí estaba, reacio, imponente, majestuoso y a la vez suave. Sus caricias eran como lamidas de luciérnagas, que dejaban su luz recrearse entre su piel.

Le cantaba al oído, ese como rumor que contagiaba a los caracoles, que lo bebían ávidos adueñándose de él. Era una voz melancólica que hablaba de una paz profunda, pero también retumbaba entre los días de lluvia, en voces que devolvían las rocas ante el estruendo de las tormentas eléctricas.

Ella se estremecía sintiéndose sacudida al abrazo, como si él le quisiera succionar la sensación exacta del vivir.

Nada los detenía, eran las horas más hermosas las que pasaba en esos lánguidos brazos, cuando la cubrían más allá de su cuerpo, como haciendo una comunión de almas.

Sus amigos la veían con ojos de ensoñación y el pecho enjaulando suspiros.

El amor es egoísta y ella no rebelaba a nadie su pasión secreta, era solo para Ella.

Escribía poemas como un escape a su quimera, a su idilio, a ese remanso que llegó como una golondrina a construir el nido en su corazón. Palabras que escapaban de sus labios, para que él las degustara, besos dulces para esos labios de sabor a sal.

Todo no es para siempre, la conclusión es impredecible, por lo que ella deseo con gran prisa la entrega.

Esperó la soledad, cuando la tarde se hacía noche. Él se vería, más amoroso, acariciante, con sus movimientos lentos, acariciando la arena de la playa, como tantas noches en la quietud de su alcoba, lo había soñado ella.

Sin que nadie lo notara, se dirigió decidida al encuentro, él la esperaba con los brazos cálidos, iluminados por el sol poniente.

Se encontraron, él comenzó a lamer sus pies, haciéndola estremecer, ella sintió flotar envuelta en una como duermevela que la envolvía entre lo real y lo soñado. Ella sostenía cada vez con más fuerza, más íntimo, hasta que ella se olvidó de todo y de todos, sólo estaba en Él, las espumas besaban su cuello y poco a poco en besos certeros le quitó suavemente la respiración, hasta que Alfonsina se unió para siempre a su amante el mar.

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