Editoriales
LUIS LOZANO
mar 25 jul 2017, 8:21am 8 de 8

Auténtico terror



A simple vista

¿Qué tan grande debe ser el miedo para que alguien abandone todo lo suyo y se vaya sin garantía de recuperarlo? Gigante, de un tamaño casi inalcanzable.

A lo largo de su carrera periodística, el que esto escribe ha escuchado decenas de testimonios de personas que prefieren arriesgar su integridad, antes que abandonar el hogar que con tanto esfuerzo construyeron.

Casi siempre son habitantes que, irregular e ilegalmente, aceptaron la oferta de un defraudador que -a muy bajo precio- les ofreció terrenos para construir en zonas de riesgo.

El caso más reciente es el de la Presa del Hielo y los alrededores, donde casi 90 familias rechazaron la recomendación de irse para amainar peligros, pese a que el año pasado recibieron un cruento ejemplo de lo que puede ocurrir con una lluvia extraordinaria.

De entre más de 90, solo seis aceptaron la reubicación; el resto optó por exponerse a un destino como el sufrido por las cinco víctimas mortales que la lluvia del 29 de septiembre de 2016 dejó.

El miedo, para ellos, no es lo suficientemente grande. Vale más el patrimonio y arraigo en zonas donde la naturaleza tarde o temprano los desplazará, que su tranquilidad.

Sin embargo, al tiempo que esas 90 familias optan por quedarse en un lugar inadecuado, hay quienes a unos 140 kilómetros de distancia optaron por lo contrario. Irónicamente, se van huyendo de un sitio en el que vivir no tiene nada de malo, en condiciones normales.

La semana pasada, este medio de comunicación relató la decisión tomada por unas 400 familias asentadas en comunidades muy cercanas al Puente El Baluarte, en territorio sinaloense, que se fueron (contrario a lo que sucede en la Presa del Hielo), evadiendo un riesgo inminente.

Sin embargo allá no escapan de la naturaleza, sino de la irracional conducta humana: huyen de la cruenta lucha por un territorio fértil para el cultivo, trasiego y tráfico de estupefacientes.

Ahora mismo, en sitios como Concordia y Mazatlán, están alojados más de mil sierreños que se retiraron a tiempo del peligro de las balas. Para ellos, la tranquilidad tuvo mayor valor que el riesgo de morir en el más que constante fuego cruzado.

En ambos casos, se requiere atención urgente para abatir la problemática.

En la Presa del Hielo, autoridades municipales y estatales tuvieron que echar mano de un plan "B" (el "A" era la reubicación), para evitar que la tragedia se repita.

Y es que a diferencia de otras invasiones, la que ocurre en el lecho de la Presa y sus alrededores se da en terrenos ejidales y no propiedad gubernamental, lo que limita la capacidad de acción de las autoridades. En términos simples, no tienen manera legal de justificar un desalojo; este está sujeto a la petición y demanda de los propietarios, en este caso el ejido.

El plan "B", tiene que ver con una serie de obras complementarias para evitar que un fenómeno meteorológico mayor provoque que el agua llegue hasta ellos.

Respecto a la región serrana, allá no ven luz. Y Durango tendría que estar preocupado por ello.

La importancia del territorio en disputa -el cercano al Puente Baluarte- radica en que desde ahí, se hace más sencillo el tránsito de los estupefacientes en prácticamente cualquier dirección, reduciendo los gastos operativos de uno de los más jugosos negocios ilegales.

Basta, de hecho, recorrer unos cuantos kilómetros de terracería para poner los bienes ilegales, vía carretera, camino a la frontera norte, a través de casi cualquier entidad limítrofe con Estados Unidos; o si el interés es el sur, por la ruta Nayarit a cualquier estado de dicha región, a través de la red carretera nacional.

Está claro que las corporaciones locales, sinaloenses y duranguenses, estarían en una desigual disputa si se lanzan a tranquilizar la región. Por ello es que hace falta la intervención federal, aunque la frase luzca como el cliché reutilizado hasta el cansancio por políticos estatales que buscan eludir su responsabilidad.

En todo caso, el Estado tendrá que buscar la forma de que el Ejército, Marina o Gendarmería, lleguen hasta la región en disputa para frenar las intensiones delincuenciales. De lo contrario, el histórico éxodo de "La Petaca" y "Chirimoyas", municipio de Concordia, se sufrirá pronto en poblaciones de Pueblo Nuevo, a una escala mayor a la conocida.

Curioso: es la naturaleza el ser más poderoso que existe. Pero miedo gigante, casi inalcanzable, no lo están provocando sus embates, sino los del ser humano.

Twitter: @luizork

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