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FCO. JAVIER GUERRERO GÓMEZ
lun 31 jul 2017, 8:24am 9 de 30

El destino de la estrella



LETRAS DURANGUEÑAS

La encontré entre el lodo de un charco, sin brillar, abandonada.

Creí que estaba muerta ¿Has visto una estrella muerta?

Las estrellas se lavan solamente con agua del cielo recién llovida, sin que haya tocado la tierra. La llevé a casa, sus puntitas dobladas querían abrazar el aliento.

No palpitaba, como esos sueños profundos en que se pierde la línea que separa la vida de la muerte.

Las estrellas no brillan de día, son como los murciélagos, todo se les va en dormir, aunque el día sea uno de los más bellos de primavera, por eso la envolví en un pañuelo negro. Durante todo el camino parecía que temblaba dentro de mi bolsa del pantalón, como si el brincoteo del camión la incomodara y se volteara de un lado para otro.

La coloque dentro del cajón del buró con la esperanza que se recuperara de la caída.

Imagínense que largo el viaje desde el cielo a la tierra y más que eso, de la noche al día.

El tiempo no tiene descansos, sigue sin detenerse, rodando. No sé cuánto esperé que lloviera para quitarle el polvo de la tierra. Todas las noches iba a su escondite a saludarla: Buenas noches mi querida estrella, el cielo ha escuchado mi ruego y está reuniendo nubes. Tal vez mañana lloverá.

Un día amaneció lloviendo.

La pobre estrella callaba su dolor dentro de la soledad del cajón del buró, palidecía de tristeza. La tomé con cariño como a una novia y en medio del chubasco limpie su carita, sus puntas, filos, los ángulos. La cubrí con una frazada para que no tuviera frío y la devolví al cajón, limpia de tierra.

Así paso el día, ella durmiendo y yo simple mortal continuando la vida. A media noche, me despertó una luz intensa que inundaba toda la recámara, parecía que el día se hubiera escapado de la cuenta y se escondiera en mi cuarto. De pronto mis ojos se fijaron de donde salían los borbotones de luz, el cajón del buró estaba desbordada, una cascada luminosa salía en silencio y chorreaba hasta el suelo, lo abrí, y pude encandilado, observar la felicidad de la estrella. Volvía a latir y a ser como las del cielo, la puse en la palma de mi mano, irradiaba belleza, abrí la ventana y como un pajarillo, voló de mi mano y se perdió ente todas sus hermanas que asombradas parpadeaban coquetas, como dándome las gracias.

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