Siglo Nuevo
Redacción S. N.
sáb 12 ago 2017, 1:19pm 1 de 1

El juicio popular en la tribuna digital

Foto: Archivo Siglo Nuevo


Change.org, fraternidad virtual

Desde su llegada a América Latina en 2012, la plataforma para subir peticiones se ha convertido en un referente a la hora de analizar temas que generan descontento al interior de la sociedad mexicana.

Hablar de Change.org no es hablar de una fundación o de una oenegé sino de una empresa que en pocos años se ha erigido como un foro sumamente socorrido para poner a consideración de la opinión pública problemas sociales y políticos a lo largo y ancho del planeta.

Funciona a través de una plataforma virtual y gratuita. La mecánica es simple. El creador de una iniciativa la sube al portal como una petición y quienes concuerdan la respaldan con su 'firma'.

El catálogo de demandas es extenso, tópicos favoritos son la defensa de los derechos humanos y exigencias para que alguna autoridad rinda cuentas.

Son cuestiones como que las mujeres en Arabia Saudita puedan manejar o que una empresa farmacéutica comience una investigación que puede salvar la vida de un niño. Hay solicitudes para crear nuevos espacios públicos o para que un político corrupto sea juzgado a nivel internacional.

La plataforma cuenta con alrededor de 20 oficinas y 150 millones de usuarios a nivel internacional. En el 2017, el sitio cumple una década de ser un escaparate de causas diversas. En América Latina lleva apenas cinco años funcionando, pero ha sido bien recibida ya que le brinda a quienes usualmente no tienen voz el poder de incidir en cuestiones de su entorno ganando adeptos para conseguir un objetivo.

Mientras en algún lugar se lanza una campaña destinada a cambiar de residencia a una familia de refugiados, en otro punto se exige justicia por unos presos políticos y en uno más se anuncia que, gracias a una petición con amplio respaldo popular, se consiguió bajar el precio de los libros de texto.

En sociedades cada vez más inmersas en la tecnología, las formas tradicionales de cooperación no encuentran el eco apropiado. Para subsanar ese cambio en las interacciones de los colectivos la red ofrece nuevas formas de relacionarse y de unirse en torno a propósitos que apelan a cuestiones como la dignidad, la justicia, el derecho a recibir servicios de calidad. Change.org se ha convertido en un vehículo de solidaridad contemporánea. Las millones de firmas recabadas en el sitio demuestran que ciertos sectores no se conforman con el papel pasivo que suelen atribuirle al pueblo las élites del poder. Siempre hay quienes buscan maneras de incidir, influir, lograr un cambio y que éste llegue por la vía pacífica.

/media/top5/SNchange1.jpg Foto: Change.org
BREVE REPASO

El creador de la plataforma, Ben Rattray, es un emprendedor de menos de cuarenta años de edad. Nació en California, Estados Unidos. En 2012 la revista Times lo incluyó en su relación de las 100 personas más influyentes del mundo.

Estudió en la Universidad de Stanford y luego en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres. En 2007, Rattray lanzó la página. Su primera petición, como lo expresó el mismo creador, tuvo que ver con el acoso sufrido por su hermano al declarar públicamente su homosexualidad.

En sus inicios el portal estaba enfocado a problemas sociales mas poco a poco fue expandiendo su rango de acción. Hoy abarca casi cualquier tipo de inconformidad social y política, incluso asuntos de carácter privado y causas altruistas.

En todo el mundo hay más de 100 mil organizaciones que en algún momento se articulan con Change con la intención de hacer que los planteamientos plausibles se hagan realidad o bien sean declarados como victorias.

En tiempos digitales, según la filosofía de la empresa, no hay razón para que la unión no haga la fuerza. A Ben Rattay le gusta ponerlo del modo siguiente: “Nunca antes en la historia, la gente tuvo tanto poder”.

La empresa ha alcanzado más de 22 mil victorias repartidas en 196 países. La facilidad para editar una campaña es uno de sus atractivos. El procedimiento es simple: los usuarios se hacen responsables de la difusión, ya sea a través de redes sociales o de manera local, y de recaudar la mayor cantidad de rubricas de modo que sus peticiones puedan trascender y se vean reflejadas tanto su necesidad como su importancia. El portal ofrece recomendaciones sobre cómo redactar un título más impactante y contiene opciones como delegar la responsabilidad de darle seguimiento a la exigencia en una o más personas o bien cancelar el contenido. Al usuario le corresponde decidir si la campaña es declarada victoriosa, eso depende en general de que la demanda haya sido cumplida por el gobierno, la compañía o la persona a la que iba dirigida.

El éxito depende de llegar a cantidades considerables de individuos. De otro modo, la iniciativa difícilmente hará eco entre los responsables de tomar decisiones relevantes al interior de una empresa, o entre las autoridades; tampoco llamará la atención de organizaciones con fines altruistas.

Change.org trabaja con una licencia B-Corp, un tipo de certificación otorgado por B Lab, un organismo independiente sin ánimo de lucro. Mantener esa credencial de calidad implica cumplir con estándares de rendimiento social y ambiental completos, elevados estándares de responsabilidad y nutridos criterios de transparencia.

Al interior de la compañía existen dos elementos clave para el funcionamiento. El primero es la persona que sube la petición o el responsable de darle seguimiento. Del usuario depende la confección y la distribución de la propuesta. Una recomendación básica es nutrir la causa mediante una buena comunicación y claridad en el trato con quienes la respalden. Esto es indispensable pensando en que la demanda se haga viral y en que los firmantes sigan aportando su granito de arena en la consecución de la meta. Cuando surgen causas virales el director o directora de Change asignado en el país de origen del documento brinda asesoría en materia de manejo de publicidad.

El otro elemento, el más importante, es el de las personas o entidades encargadas de la toma de decisiones. Pueden ser desde una persona hasta una entidad administrativa, ya sea el gobierno o una institución pública. Para tender puentes entre las partes de las demandas se ha creado una modalidad en la página: los perfiles verificados, un tipo de cuenta que permite, por ejemplo, a un diputado filtrar las peticiones dirigidas a su persona por fecha de creación o por el número de firmas.

Cuando el legislador en cuestión reciba la alerta de que se ha hecho una petición podrá responder y esa respuesta llegará por correo electrónico tanto al peticionario como a todos los que se hayan sumado a la solicitud. Cualquiera que considere que tiene el poder y los recursos para cumplir una demanda puede abrirla. El representante popular no tiene la obligación de resolver nada, pero, siguiendo con el ejemplo del diputado, la falta de interés será mal vista y eso afectará la popularidad del político en cuestión.

Change.org tampoco es responsable de que se cumpla el objetivo de una campaña, sólo sirve como plataforma. El hecho de que se realicen cada vez más perfiles verificados es porque representa un medio para ganar adeptos.

La sociedad actual, con su dinamismo y diversidad, es escenario de la batalla entre los medios electrónicos y las redes sociales por convertirse en el canal más importante a la hora de difundir las peticiones de la sociedad. Emprender una cruzada en pos de que se concrete alguna acción es apuntar a una zona determinada, dar en el blanco de la prensa, la radio, la televisión, los portales electrónicos de noticias, Facebook y Twitter.

Si bien el ciberperiodismo se ha instalado como una práctica habitual en estos días de celulares inteligentes y conectividad garantizada, aún hay un grueso sector de la población sin acceso a Internet. Al momento de que la petición sale de la pantalla de un dispositivo digital, su impacto puede ser mayor.

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Campaña masiva #Bringbackourgirls, gente alrededor del globo exigiendo la liberación de 219 chicas nigerianas raptadas por Boko Haram. Foto: Time

MÉXICO

El portal se abrió en 2007 y su expansión no demoró. La versión en español se estrenó 2012 y ese año ya había oficinas de la empresa en México, Brasil, Colombia y Argentina, ésta última funge como soporte en Chile. El año pasado, se registraron en Latinoamérica cerca de 20 millones de usuarios, de esa cantidad 4.5 millones son mexicanos. La cifra de 2016 duplicó el número de connacionales registrados en 2015.

El director de Change.org en México, Alberto Herrera, con experiencia en Amnistía Internacional, tiene, dentro de sus actividades de promoción de la marca, la encomienda de dar conferencias a lo largo de la República Mexicana para informar a la gente sobre las modalidades de la plataforma. También asesora a quienes elaboran peticiones en línea.

En el país se hacen, principalmente, planteamientos sobre derechos humanos y de los animales, justicia, salud y educación. En el Foro Monterrey 2016, celebrado en noviembre, Herrera comentó que la empresa de Rattray no cambia cosas específicas, mas si apoya el que la gente proponga y consiga aquello que solicita. Al explicar la dinámica de su compañía transnacional estableció un símil con un partido de futbol donde un equipo se ve más beneficiado que el otro por factores como que a uno le da el sol en la cara y al otro no o que un conjunto tiene mejores entrenadores que el otro. Una premisa de Change es conseguir un equilibrio entre actores sociales, que se reduzca la disparidad de poder. Como parte de sus políticas, representantes de Change.org se reúnen con los tomadores de decisiones para entablar diálogos.

Antes de la creación del sitio, comentó, las personas buscaban ayuda en organizaciones sociales. A la larga, algunas de esas asociaciones se convirtieron en centros de poder. La ventaja con esta herramienta es que la responsabilidad ya no recae en otros o en alguna entidad sino en la persona que sube la petición.

Desde su puesta en marcha ha sido el escaparate para denuncias relevantes, como una titulada Los Porkys deben ser detenidos y consignados en la que se solicitó a las autoridades castigar a los violadores de Daphne Fernández. El contenido, creado en marzo de 2016, acumula 298 mil 719 firmas.

Cuando Carmen Aristegui fue despedida de MVS Noticias, la petición de Alberto Escorcia, responsable de la campaña en defensa de la periodista, tuvo mucha relevancia (la suscribieron más de 234 mil individuos). Change.org asesoró a Escorcia en cuestiones de publicidad. Se le sugirió que mantuviera comunicación con los simpatizantes a través de comunicados que serían entregados por correo electrónico así como elaborar e imprimir un documento en formato PDF para recaudar rubricas fuera del mundo virtual. El usuario acudió a las oficinas de MVS e hizo más visible el respaldo existente hacia la especialista en periodismo de investigación y gracias a la información difundida, alrededor de 5 mil personas lo acompañaron. El fenómeno, señalan en Change, aunque no resultó definitivo, fue trascendente en cuestión de organización social, se trascendió la defensa digital y se originó una movilización.

Otra victoria fue para la entrada iniciada en julio de 2015 con el título ¡Reinscriban a Floriberto en la licenciatura de odontología! Era una petición dirigida a la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas y al gobernador del estado Manuel Velasco para que Floriberto Núñez Martínez, indígena tzotzil, fuera readmitido en la unidad académica ya que había sido víctima de discriminación: lo dieron de baja a la mitad de sus estudios. El motivo expuesto fue que no tenía conocimiento suficiente del idioma español. El alumno presentó una queja ante el rector de dicha institución. La desagradable respuesta que obtuvo fue: “No se te olvide que eres un indio”.

Cuando la campaña se acercó a las 90 mil firmas (reunió más de 93 mil), Change se contactó con el promovente y con las autoridades en busca de una posible solución. La institución educativa dio marcha atrás. Influyó que la noticia se hizo viral a escasas dos semanas de un proceso electoral en el estado; si el gobierno de Manuel Velasco no respondía, la imagen de la administración se vería afectada. La presión social encontró suelo fértil, quienes respaldaban a Floriberto contribuyeron realizando “bombas de tuits” por cinco días, etiquetaron al gobernador del PVEM y le espetaron: “¿Cómo te atreves a pedir mi voto si no eres capaz de garantizar educación a un joven indígena?”. Luego, medios convencionales y digitales prestaron más atención al caso y al actuar de los funcionarios tanto universitarios como gubernamentales. La campaña no sólo consiguió que se readmitiera al estudiante discriminado, también se obtuvo una disculpa pública por parte del rector, Domingo Rodríguez Castellanos.

En 2015 se dio a conocer la petición Los animales no son piñatas ¡Alto a Kots Kaal Pato! subida por Erika Samara Rodán y dirigida al gobernador yucateco, Rolando Zapato Bello, y demás autoridades de la región. En ella se pedía prohibir una celebración en Citiculm, Yucatán, debido a una de sus características: el maltrato animal. Como parte de las festividades, iguanas y zarigüeyas eran matadas a golpes y se degollaban patos. La petición requirió más de año y medio para que se declarara como victoria. Asociaciones como Humane Society International, Igualdad Animal, entre otras, estuvieron al tanto del incremento en el número de firmantes y del flujo de información. En marzo de 2016 se anunció que se harían cambios en la ceremonia, la muerte ritual fue sustituida por prácticas como golpear piñatas llenas de dulces y rifar regalos.

Las demandas relacionadas con la creación de la constitución de la Ciudad de México son consideras como el proyecto más ambicioso dentro de la compañía en la nación mexicana. La plataforma sirvió como un portal de diálogo entre ciudadanía y autoridades. El equipo de Change entabló diálogo con el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, para que los planteamientos más populares fueran atendidos. Si una solicitud reunía más de 10 mil apoyos, se formaba una comisión de tres integrantes del grupo de trabajo que apoyó en la redacción del documento; la comisión se reunía con el promovente y luego de ese diálogo la iniciativa era presentada ante el pleno del equipo. Si una petición alcanzaba las 50 mil firmas se invitaba al promovente a presentarle su propuesta directamente al grupo.

Este tipo de esquema se popularizó al grado de que Change creó un micrositio en el que se difundían exclusivamente novedades en torno a las inquietudes ciudadanas dentro del proceso de creación de la Constitución. Un diálogo así no hubiera sido posible en años anteriores y no nada más por la falta de conectividad, simplemente, no se estila.

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Manuel Granados, consejero jurídico y de servicios legales, presentando el informe de respuesta a las controversias de la Constitución de la Cd. de México. Foto: El Universal/Alejandra Leyva

PRESIÓN SOCIAL

La presión social, cuando cobra una fuerza considerable, puede ser una herramienta para el cambio. Sin embargo, no son pocas las ocasiones en que se convierte en un factor que perjudica al promovente o a su familia.

Un caso de este tipo se presentó en Hermosillo, Sonora. Todo comenzó a mediados de septiembre de 2015. Un niño de cuatro años le dijo a su mamá que lo habían expulsado del colegio por traer el cabello largo. La madre presentó denuncias ante la Secretaría de Educación Pública, la Comisión Nacional para Prevenir la Discriminación, la Comisión Estatal de Derechos Humanos y la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas. La falta de respuesta en dichas instancias la llevó a registrar su inconformidad en Change.org. Convenció a más de 30 mil cibernautas. La queja llegó hasta los medios nacionales. El instituto educativo pagó una multa de 96 mil pesos a la madre del menor. Se declaró la victoria.

El suceso dividió a la opinión pública. Por una parte, los inclinados a la defensa de la promovente argumentaron que era un caso de discriminación, que era una imposición de género, que las reglas de la escuela eran absurdas. Otros opinaban que se trataba de ordenanza y disciplina escolares y que no había ningún trato discriminatorio ya que la madre estuvo de acuerdo con el reglamento de la institución. La división de opiniones derivó en una excesiva exposición en los medios y un aluvión de especulaciones amarillistas sobre la forma en que era criado el pequeño

El 28 de junio pasado se inició una campaña que tuvo un impacto inmediato. El título es: Juicio penal internacional contra Javier Duarte.

El objetivo, más desglosado, es que el ex gobernador de Veracruz sea juzgado en el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya, ubicado en Países Bajos. La demanda destinada a la Procuraduría General de la República y al presidente, Enrique Peña Nieto, acumuló, en menos de 24 horas, 66 mil firmas y en cuatro semanas sumó prácticamente 153 mil respaldos.

El primer aluvión fue por los cargos que pesan sobre el exmandatario. El segundo se debió al mal papel hecho por los fiscales en la primera comparecencia de Duarte de Ochoa ante el juez que lleva su caso.

Portales de noticias consignaron que los representantes de la Procuraduría General de la República no conocían la información más elemental de las acusaciones contra el expriista e incluso tardaron hasta una hora en responder a las preguntas de la defensa y acabaron proporcionando datos que no cuadraban.

El promovente del juicio en La Haya se identifica como Sociedad Organizada y pide que quien fuera destacado por el presidente Peña Nieto como un ejemplo del nuevo PRI sea llevado a la corte internacional acusado de crímenes de lesa humanidad. Hay pruebas de que durante su sexenio se suministró a niños con cáncer agua destilada que se hizo pasar por material para quimioterapia. También se autorizó la circulación de pruebas falsas de VIH.

Más allá de si se canta victoria o no se consigue el objetivo, Change se ha convertido en un escaparate en el que la sociedad mexicana exhibe su deseo de que se castigue la corrupción y su desconfianza en el actuar de las autoridades encargadas tanto de investigar crímenes como de impartir justicia.

Enrique Peña Nieto también figura en la plataforma. Un contenido creado en septiembre de 2016, que pide la renuncia del presidente mexicano, lleva más de 121 mil firmantes.

Las propuestas más populares, sin embargo, están relacionados con la formación académica del titular del Ejecutivo federal. En una, promovida por Luis Corona, ex alumno del Tecnológico de Monterrey, se pide al rector del ITESM, David Noel Ramírez Padilla, que se retire la maestría otorgada por esa institución a EPN porque se comprobó el plagio de más del 28 por ciento de su tesis de licenciatura.

La misma razón fue esgrimida por Guillermo Luna, quien se identifica como ex alumno de la Universidad Panamericana, para iniciar una campaña que solicita a esa institución educativa retirarle al ocupante de Los Pinos su título de licenciado en Derecho.

La causa de Luis Corona acumula, desde agosto de 2016, 119 mil 838 vistos buenos. La de Guillermo Luna ha sumado 139 mil 552 firmantes.

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Ilustración del proceso del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, en el reclusorio Norte (2017). Foto: Agencia El Universal

CONTROVERSIA

Un claroscuro de la empresa es el relativo a la autenticidad de las firmas. Para suscribir una petición, la plataforma pide el nombre, un correo electrónico y un código postal. Usuarios de Facebook y Twitter señalan que puede suscribirse cualquier petición con nombres y correos electrónicos falsos. También hacen notar que al introducir una dirección electrónica real, no llega una notificación de que el apoyo quedó debidamente registrado. En la pagina oficial de Change.org en México se asegura que al momento de ingresar un dato falso, la rubrica se da de baja automáticamente. Sin embargo, no hay un control de identidad, la empresa se limita a restarle un apoyo a la entrada si el correo no existe, esto cuando el servidor de correo devuelve el mensaje. Tampoco hay restricción de votos por IP (dirección de la conexión a Internet). Otra sombra detrás del escaparate de causas es la sospecha de que se venden los datos de quienes suscriben las peticiones.

Un claroscuro más es la nula información que la empresa brinda sobre sus ingresos. Se ha difundido que en 2012, con una plantilla de cien empleados, facturó 15 millones de dólares. Si bien se le reconoce su utilidad para visibilizar cuestiones que de otro modo no llamarían la atención, a la plataforma se le reprocha que sea un medio para exigir claridad y coherencia a diversas entidades y ella misma no sea transparente.

La compañía expone que obtiene sus ingresos de donadores, peticiones y campañas patrocinadas. En una nota sobre sus fuentes de efectivo comparte que ha obtenido 50 millones de dólares de inversionistas como Bill Gates, Arianna Huffington o Ashton Kutcher. No obstante, una política de Change.org que sus portavoces aplican a rajatabla es no hacer declaraciones sobre la cantidad total de entradas de dinero.

A pesar de las críticas, la plataforma se ha consolidado como una impulsora de ideas y propuestas ciudadanas. En 2016, según Alberto Herrera, se declararon más de 100 victorias en México. Si bien es una cifra pequeña en comparación con la cantidad de peticiones que se redactan o con los resultados en otros países (en España hubo 500 victorias), es posible apreciar que en la nación mexicana también ha arraigado un sentido de solidaridad cuya semilla es digital.

Muchos contenidos tienen que ver con la defensa de la inclusión, el respeto a los demás y el derecho a recibir servicios de calidad. Los llamados al odio, a la violencia o que pueden ser ofensivos para ciertos sectores se dan de baja automáticamente, empero, son pocos los casos que llegan a ese extremo.

No faltan peticiones que carecen de fin social o que no están dirigidas a obtener un beneficio comunitario, tampoco están ausentes las campañas simplemente absurdas.

En Florida, Estados Unidos, se recabaron rubricas para que unos pastores religiosos fueran amparados y no los enjuiciaran por no casar a homosexuales. En Madrid, España, hubo una campaña que acusaba al gobierno de manipular la salud física y mental de las personas. Sin embargo, la petición estaba dirigida a la administración de Estados Unidos. Según el usuario se estaba utilizando una tecnología hecha por Hitler que luego pasó a manos de la Unión Americana. En México, apareció una entrada en la que se pedía la intervención rusa para eliminar al mal gobierno. Esa iniciativa fue respaldada por más de 16 mil 800 personas.

Hay cerca de 4 millones de usuarios en el país mexicano. Change.org se ha ido consolidando como un vehículo ideal para conducir los reclamos y la búsqueda, así sea virtual, de justicia, compensación, de cambios que favorezcan a quienes suelen llevar las de perder. En sus contenidos, preparados muchos de ellos al calor del momento, están presentes varios de los actores y de los temas (problemas, causas, carencias) más importantes de la escena nacional. La solidaridad digital, cuando se materializa, es como una bocanada de aire fresco en un ambiente enrarecido.

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