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JUAN EMIGDIO PÉREZ
lun 11 sep 2017, 8:26am 8 de 27

Luis Sergio Soto Jiménez, algunos recuerdos de nuestra amistad



LETRAS DURANGUEÑAS

A principios de los años sesenta conocí a Luis Sergio Soto Jiménez, cuando cursábamos la secundaría en la Escuela Nocturna de la Universidad Juárez. Luis Sergio hacía campaña como candidato a presidente de la escuela.

En una visita que hizo a nuestro salón con su comité de campaña, dio a conocer los puntos de su programa de trabajo. Al terminar preguntó si alguien deseaba expresar su opinión. Entonces yo tomé la palabra y le cuestioné algunos puntos de su plan de trabajo, él con atención complementó la explicación y se dio por terminada la visita. Al salir del salón, Luis Sergio y su grupo se acercaron conmigo y me comentó que le había parecido bien el planteamiento de mis preguntas, y me invitaba a unirme a su equipo de trabajo. Invitación que acepté y lo acompañe a visitar a los estudiantes en otros salones. De ahí en adelante nos hicimos amigos y compartimos varios proyectos que al lograrlos fortalecía la comunicación y nuestra amistad. Posteriormente con su apoyo fui presidente de la Escuela Nocturna.

Me invitó a participar en el programa de la Hora Universitaria que se trasmitía por la XEDU, ubicada en la Avenida 20 de Noviembre, antes de la calle Zarco, los sábados a las ocho de la noche: también me invitó a participar en la revista “Vida Estudiantil”, de excelente presentación. La dirigía Antonio Villarreal, Eduardo Campos Rodríguez como subdirector y Luis Sergio Soto Jiménez era el coordinador. Veo las páginas del No.8 de agosto de 1964 y rescato el editorial que hace referencia a la situación de la juventud de ese tiempo. “El siglo XX ha sido para los jóvenes el siglo de la incomprensión; es más, podemos asegurar que nunca habíamos sido tan incomprendidos y calumniados como lo somos hoy….En otras palabras: se nos reprende que pensemos, que pensemos distinto”.

En esos tiempos la oratoria era la reina de la palabra y su palacio era el Edificio Central de la Universidad Juárez. Existía el gusto por la poesía pero estaba destinado al uso doméstico, a disfrutarla entre grupos de amigos en reuniones familiares. Al cursar la secundaria en la Escuela Nocturna de la Universidad, coincidimos que igual que a mí al Luis Sergio también le gustaba declamar.

Vivíamos al norte de la ciudad, él por la calle Patoni y Gómez Palacio, yo por Elorreaga y Patoni; era una cuadra de distancia, eso permitió que llegáramos a ir a fiestas de amigos y hacer en el cotidiano recorrido de la Universidad a nuestras casas.

En las fiestas nos pedían que dijéramos poemas de los que se escuchaban en la radio, principalmente en La Hora Nacional en la voz de Manuel Bernal, el declamador de América, pero igualmente decíamos nuestros propios poemas.

El gusto por la poesía y la declamación fortaleció nuestra amistad y nos propusimos rescatar esta forma de expresión del refugio doméstico donde se encontraba y llevarla a las aulas estudiantiles. Así fue como nos dedicamos a dar recitales poéticos en las escuelas universitarias, Normal del Estado, Instituto Tecnológico y otras academias, logrando acrecentar en el público joven la inclinación por la poesía. Cumplido este propósito decidimos convocar al Primer Concurso Estatal de Declamación en los corredores de la Universidad, que se realizó dentro de los Festejos Estudiantiles en mayo de 1966. El éxito fue increíble. Logramos llenar los corredores del Edificio Central de público asistente y los participantes fueron más de cincuenta.

Antes no existía esta actividad cultural, la oratoria era la que atraía la atención.

Por motivos de estudios profesionales y de trabajo, entregamos la organización a un grupo de jóvenes que nos habían apoyado, entre ellos Rubén Ontiveros Rentería, Jorge Meza Ravelo y Jorge Ricartti. Ellos continuaron organizando los Concursos Estatales de Declamación, hasta que a su vez los dejaron en manos de otros jóvenes, entre ellos la coordinación de Armando López Atienzo y Antonio Solís Muguiro. Estos concursos duraron aproximadamente quince años.

Con ellos se tuvo otra forma de manifestación de la palabra.

Los grandes oradores se hicieron declamadores y ganaron en los Concursos de Declamación. Más adelante algunos de estos oradores-declamadores ganadores, se convirtieron en reconocidos escritores. Con omisiones involuntarias, largos silencios y altibajos, cito a Enrique Torres Cabral, Javier Moreno Barbosa, Elia María Morelos, Rubén Ontiveros Rentería, Luis Sergio Soto, Socorro Soto Alanís, entre otros. Este fue el resultado del proceso histórico-social de los Concursos de Declamación, que aún hoy se siguen promoviendo como actividad cultural sobresaliente en los centros educativos.

El gusto por la poesía y la declamación fortaleció nuestra amistad y nos propusimos rescatar esta forma de expresión del refugio doméstico donde se encontraba para llevarla a las aulas estudiantiles.

Esta son algunas de las actividades que me toco realizar con mi gran amigo, poeta y compañero. Acaba de partir después de veinte años de sufrir los terribles efectos del accidente automovilístico que ocurrió en la Avenida de las Rosas del Fraccionamiento Guadalupe.

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