Siglo Nuevo
Redacción S. N.
vie 13 oct 2017, 6:27pm 1 de 1

El oscuro príncipe de la isla



Danzar es retar a la anatomía

Salió de las calles de La Habana para convertirse en un referente del ballet a nivel internacional. Ya retirado de las obligaciones de figura estelar de los escenarios, ha asumido otros retos: dirigir su propio grupo de danza y escribir ficción.

Carlos Acosta demostró que un príncipe del ballet podía ser negro, así es como la crítica de danza clásica, Isis Wirth, resume la singladura de su compatriota antes de afirmar que en el podio de los mejores exponentes de este arte, los únicos a la altura del nacido en el barrio de Los Pinos en La Habana son Nijinsky y Nuréyev.

Cuba, esa isla de gran riqueza cultural, obsequió a los públicos del mundo una figura que ostenta los sustantivos de bailarín, coreógrafo, escritor, actor y productor.

Acosta nació en 1973 y a los 11 años de edad comenzó a tomar clases de ballet. Su padre, camionero de profesión, fue fundamental en sus inicios. Las razones, sin embargo, estaban lejos de los reflectores o de una posible bonanza económica. Para el progenitor eran suficientes premios que su niño se sujetara a una disciplina (solía andar en pandillas) y tuviera seguras tres comidas al día.

Sin embargo, el joven Carlos no compartía esa idea, a él le gustaba el futbol y asistir a clases de baile hacía de él objeto de burlas en los círculos callejeros que frecuentaba.

La resistencia se acabó luego de ser cambiado de escuela debido a su bajo aprovechamiento. Su padre, cuenta el bailarín, tuvo que rogar para que le dieran la oportunidad en un centro formativo de calidad.

La influencia de una maestra, Ramona Elcira de Saá Bello, resultó determinante para su salto al estrellado. Ramona lo vio en un examen de pase de nivel y lo eligió para un programa de intercambio cultural entre la Escuela Nacional de Ballet (ENB) y el Ballet del Teatro Nuevo de Turín, Italia,

Sus movimientos precisos, su fuerte presencia escénica y el consejo de algún coreógrafo, decidieron a Ramona, también llamada Cheri. Comenzó a prepararlo con miras al Prix de Laussane, Suiza, y al Concurso Bienal Internacional de Danza de París, competencias internacionales para jóvenes bailarines que tienen la esperanza de convertirse en profesionales destacados. Carlos junior ganó las dos.

Con 18 años cumplidos recibió una invitación para sumarse como Primer Bailarín al English National Ballet en Londres. Luego, se integró al Ballet Nacional de Cuba, donde fue dirigido por Alicia Alonso. Ésta última experiencia duró apenas seis meses. Incorporarse al grupo de casa le valió descender cuatro categorías, de primera figura a 'solista'.

RESCATE

En su libro Sin mirar atrás, Acosta señala, aunque no lo hace abiertamente, que en la compañía cubana sufrió discriminación a causa del color de su piel. No le daban papeles principales a pesar de sus éxitos en el extranjero y da a entender que cuando decidió, por consejo de Ramona, aceptar la invitación del Ballet de Houston, Alicia Alonso le advirtió que su condición de bailarín negro no daba para mucho.

El actor y coreógrafo reconoce que Cheri es conocida en la parcela móvil de la expresión artística como quien salvó la carrera de Carlos Acosta.

En 1998 se unió al Royal Ballet (RB), dirigido en ese entonces por Anthony Dowell, así se convirtió en el primer hombre de color en asumir roles protagónicos dentro de una compañía internacional. Compartió escenario con grandes exponentes de su generación: Darcey Bussell, Tamara Rojo y Zenailda Yanovsky.

Combinó su lugar en el RB con participaciones estelares en otras partes del mundo. Bailó El corsario, con el American Ballet Theater; Don Quijote, con la Ópera de París y Espartaco con el Ballet Bolshói.

En los foros más prestigiosos ha obsequiado actuaciones que además de transmitir carga dramática hacen de cada movimiento un ejercicio de plasticidad y fuerza, la continua proeza del cuerpo y sus potencias opuestas a la corrección anatómica.

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Carlos se impuso un reto cuando formó parte de Don Quijote. Foto: Johan Persson

FACETAS

La carrera como coreógrafo de Acosta inició con Tocororo, una obra de su autoría que cuenta la historia, con adversidades y dichas, de tres generaciones al interior de una familia cubana. Se estrenó en su patria. En el londinense Teatro Sadler´s Wells la pieza rompió récords de taquilla y fue nominada a un premio Olivier en 2004.

En la ínsula natal, esta celebridad con infancia difícil recibió el Premio Nacional de Danza en 2011. Tres años después, le dieron un galardón con título similar, pero en Inglaterra, y estrenó su versión de Don Quijote. En 2015, además de estrenar su coreografía de Carmen, se despidió del gafete de bailarín clásico del Royal Ballet.

Meses antes de su retiro fundó Acosta Danza, grupo que hizo su debut en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso el 8 de abril de 2016.

Enfocada a las danzas clásica y contemporánea, la compañía del laureado cubano busca impulsar a bailarines jóvenes de la isla que no disponen de muchos recursos. Sin embargo, su acción no está exenta de críticas; es cuestionada por sectores que apuntan a la inexperiencia de Carlos en la dirección y todo lo que conlleva el cargo: la salida de bailarines del país en busca de mejores oportunidades, la competencia interna, o la coordinación entre grupos para presentaciones o prestamos de elementos, entre otras cuestiones.

Para poblar Acosta Danza se realizaron audiciones en la isla con el fin de ubicar una decena de nuevos talentos.

La conformación del equipo también fue objeto de polémica. En una entrevista para el diario isleño Juventud Rebelde, Acosta declaró que en su grupo no había primeros bailarines y que incluso había quienes no tenían experiencia alguna como solistas o como integrantes de un cuerpo de baile.

Miembros de la compañía declararon a medios de comunicación que casi todos los seleccionados por Acosta provenían del ballet nacional.

También señalaron que las motivaciones para sumarse a su equipo son la paga y el hecho de que Carlos tiene muchos patrocinadores y conexiones. Incluso comentaron que si el Ministerio de Cultura lo apoya es porque por ahí saldrá mucho dinero.

PUERTO

El escenario sobre el que se representa El cascanueces o Pájaro de fuego no es el único lugar donde se expresa el ex primer bailarín.

Líneas arriba se mencionó que escribió un libro autobiográfico. Sin mirar atrás se publicó en 2007. Hay opiniones divididas en torno a los párrafos hechos con recuerdos de su niñez y de los años en la primera fila de la danza clásica.

Isis Wirth comentó en un texto dedicado a la novela difundido en octubre de 2007 que leyó las 319 páginas del volumen de un tirón. Compartió que la lectura le provocó una fascinación y que la vida de su paisano “es una especie de cuento de hadas cubano -otra versión del patico feo convertido en cisne”.

La periodista Irma Alfonso Rubio, compatriota de Acosta aunque radicada en España,, comenzó su critica en la Revista Hispano Cubana diciendo que sentía curiosidad por saber quién había escrito el libro. Luego de aseverar que las estrellas de la danza no tienen tiempo para dedicarse a escribir, llama al volumen “un monumento a la hipocresía y un ejemplo paradigmático de cursilería literaria”.

En 2013, Carlos junior reincidió en los anaqueles de las librerías con una novela titulada Pata de puerco.

En 2009, el príncipe oscuro hizo sus pininos en la actuación. Se integró al elenco de la película New York, I love you, en el segmento dirigido por Natalie Portman.

En una plática para el portal Cuba Debate, el ex primer bailarín compartió que no cree en el retiro. Lo que el artista vive, indicó, es una evolución, una mutación hacia otras áreas.

Sobre la celebridad y sus inconvenientes, señaló que si bien su carrera lo alejó del seno familiar, su mayor felicidad es no haber perdido nunca contacto con su genre.

Un elemento distintivo, quizá el más llamativo en su trayectoria, es el de ser un cubano de color que fue nombrado, gracias a la excelencia de su arte, Comendador de la Orden del Imperio Británico.

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