Internacional
GILDARDO CONTRERAS PALACIOS
dom 12 nov 2017, 10:08am 6 de 9

Lucas Alamán y Guillermo Prieto, dos ideologías y una extraña amistad

Lucas Alamán. 1792-1853. (Gran Historia de M…).


SIGLOS DE HISTORIA

Lucas Alamán y Guillermo Prieto, los menciono en ese orden por la edad de los mismos y no por preferencia personal sobre alguno de ellos, dos personajes totalmente opuestos en cuanto a sus ideas; el primero, un conservador que vivió y sintió de cerca la guerra de Independencia, conoció de vista a Hidalgo y sus principales seguidores, en aquel sangriento asalto a Guanajuato, con la famosa toma de la Alhóndiga de Granaditas; este lugar era muy cercano a la casa paterna de Alamán, hecho que le causó una honda impresión negativa respecto al ejército insurgente comandado por el señor cura Hidalgo; le pareció ser una lucha sangrienta y despiadada del pueblo mexicano en contra de los españoles.

En ese tiempo Alamán tenía 18 años de edad. Por sus parte Prieto, era un liberal que se hizo a la vida política en el conflictivo México independiente, personaje muy cercano al presidente Juárez al triunfo de la República. Entre ambos personajes había una diferencia de edad de 26 años. Lucas Alamán nació en Guanajuato en 1792, bajo el amparo de una familia pudiente de la época, sus padres, Juan Vicente Alamán y María Ignacia de Escalada; fue naturalista, historiador, político y escritor, Ministro de Relaciones Exteriores en el Gobierno Provisional, con Bustamante, Victoria y Santa Anna. Guillermo Prieto Pradillo, nació en 1818, por el rumbo de Molino del Rey en las goteras de la ciudad de México; sus padres José María Prieto y Josefa Pradillo; quedó huérfano de padre a los 13 años de edad y realizó sus primeros trabajos de oficina, bajo el amparo de don Andrés Quintana Roo, trabajó para Gómez Farías y A. Bustamante; fue colaborador del periódico El Siglo Diez y Nueve y el Monitor Republicano, entre otros, en donde publicó como escritor y poeta.

En sus memorias, Prieto, nos dice que cuando los invasores norteamericanos se acercaban a la Ciudad de México, y el País se convulsionaba por aquella injusta guerra de intervención, "…con la llegada de la soldadesca norteña, el 9 de agosto (1847), en medio de la agitación y de los toques de alarma de la ciudad, mi familia, dejó mi casa de México y en carros con muebles dispuso su traslado al rumbo de San Cosme. Mi señora enferma con tres niños, uno de ellos recién nacido y el resto de la familia achacosa y llena de cuitas, buscaban en vano una casa en que guarecerse y no encontraban arrimo. Inesperadamente de una casa de rica apariencia, salió un criado a ofrecer habitación a los viajeros, diciéndoles que se arreglarían después con el precio y (establecerían) las condiciones del arrendamiento." Prieto no estaba con su familia en esos momentos, porque era parte de un contingente militar al mando de Félix Galindo, que actuaba en defensa de la ciudad de México.

La familia de don Guillermo, accedió y ocupó aquel departamento que se le había ofrecido, el cual resultó cómodo y decente dentro de aquel amplio edificio. Algunos días después, cuando don Guillermo tuvo la oportunidad de estar y platicar con su familia, se enteró de que el espacio que habían ocupado pertenecía a la casa propiedad y vivienda del señor Lucas Alamán. Con dicha noticia, en principio aquel hospedaje a decir por el señor Prieto, le resulto un tanto incómodo y altamente desagradable debido a las hondas diferencias que tenía respecto a las ideas conservadoras de don Lucas, y contra quien, don Guillermo, según sus propias palabras: "había publicado todo genero de dicterios y a quien sus fantasías lo pintaba como un Rodín, tenebroso, sanguinario y espanto del mismísimo Satanás".

Sin embargo y a pesar de aquella profunda animadversión que Prieto tenía hacia la persona de Alamán, nos da el siguiente testimonio: "…aquella casa era como una casa encantada: reinaba constantemente en ella un silencio profundo. Criados respetuosos con sus chalecos negros; criadas ancianas de armador, delantal y chiquiadores… toques en la capilla para la misa y rosario; a medio día el ruido de la cadena del zaguán, mientras duraba la comida. Antes de las diez de la noche todos dormían…"

"A las doce del día en punto se servía la comida a la que asistía toda la familia, haciéndolos honores la señora doña Narcisa, su esposa, matrona admirable, de trato finísimo y de bondad angélica. Un sacerdote a quien llamaban tata padre, creo que hermano del señor Rodríguez Puebla, bendecía la mesa y al concluir la comida rezaba el Pan (Padre) Nuestro, besando el pan y pidiendo la mano los criados a los amos. Se dormía siesta y se dejaba campo para el chocolate y el rezo del rosario a la oración. …En el interior de la familia del señor Alamán, todo era virtud, regularidad, decencia y orden…"

El espacio o pieza que don Guillermo ocupaba en los bajos del edificio, colindaba con el jardín de la casa, un lugar espacioso "esmeradamente cultivado, con sus corredores de arena, árboles crecidos y algunas fuentes primorosas".

Dentro de aquel remanso de paz y quietud que representaba la casa de Alamán para el señor Prieto, cotidianamente y al caer la tarde don Lucas, tenía la costumbre de pasear por el descrito jardín, y pasaba por el frente del aposento ocupado por don Guillermo, el anfitrión, usaba un sombrero de paja de alas grandes, utilizaba un grueso bastón y su levita de lienzo; sobre su apariencia personal, don Guillermo expresó sobre don Lucas lo siguiente: "… era el señor Alamán de cuerpo regular, cabeza hermosa, completamente cana, despejada frente, roma nariz, boca recogida y como de labios forrados, con dentadura blanquísima, fina, cutis fino y rojo de color de las mejillas. ...Se levantaba con la luz, se lavaba y componía. Escribía en la sala que da a la calzada de "Tlaxpana", con unos cuantos libros a la mano. Su escritorio elevado le hacía escribir de pie y su manuscrito lo asentaba en un libro como de caja, sin mancha, ni una borrada, ni una entrerrenglonadura, ni ceniza en las hojas, porque no fumaba. Al escribir guardaba suma compostura y casi no se le veía la cara, porque la visera de la cachucha que usaba le hacía sombra…".

Así como don Guillermo se enteró de que vivía en casa del señor Alamán, de igual manera don Lucas supo que involuntariamente tenía de inquilino en su domicilio al señor Prieto, quienes entre si no eran unos desconocidos a pesar de no haber tenido trato personal con anterioridad. Nos relata don Guillermo, que de tarde en tarde y en sus paseos diarios, al pasar don Lucas por su cuarto, tenía la cortesía y la amabilidad de preguntarle, a través de la puerta: "…señor don Guillermo ¿damos una vuelta por el jardín…?" y el señor Prieto, reconoce que contestaba negativamente en forma "un tanto brusca y de mala manera porque como lo reconoce, tenía fuertes prevenciones contra el señor Alamán."

Por algún tiempo, aquella invitación de don Lucas se siguió dando en forma diaria, y la respuesta de rechazo era siempre la misma por parte del señor Prieto. Sin embargo, una de esas muchas tardes, la madre de don Guillermo, quien también acompañaba a su familia, molesta y mortificada por la conducta de su hijo, en una de esas invitaciones, tomo su sombrero se lo puso en la mano y le dijo al señor Alamán, "Allá va señor…" y allá fue don Guillermo, quien nos dice que en esa primera tarde se habló de cosas indiferentes y de algunos oradores españoles. Al siguiente día pusieron su atención en discusiones literarias, y cada día que pasaba era más relajante la charla para don Guillermo, a grado tal de que a los quince días era él, el que buscaba al señor Alamán, "…por el encanto de sus narraciones de viaje, su versación profunda en las literaturas latina y española, sus tesoros de la historia anecdótica de la Francia y la España y por supuesto que no había en estas conversaciones la mas leve alusión a la política".

A pesar de aquellas largas charlas que nuestros personajes tuvieron en el tiempo de referencia, don Guillermo confiesa en sus memorias que: "…creía entonces como creo ahora al señor Alamán, un fanático cerrado en política, que creyó inmatura la independencia y como una insurrección de criminales el grito de Dolores y estaba persuadido de que eran una serie de delirios sacrílegos y peligrosos, los principios que proclamó como dogmas la revolución francesa. Y estas creencias eran tan obstinadas en el señor Alamán, que aunque él, el primero, denuncia en su historia abusos y censuras, prácticas funestas, encarece el sistema colonial, cerrando los ojos a la verdad y condenando como charla impía la propaganda de la libertad."

Sin embargo y a pesar de aquellas diferencias ideológicas, don Guillermo reconoció que: "…Yo merecí a esa familia la honra de que me admitiese en su seno, recibí distinciones del señor Alamán que me hace grata su memoria y ante todo, empeña mi gratitud el afecto con que siempre me trató y respetó mis opiniones, no obstante la acritud y suficiencia tonta con que a veces combatí las suyas."

Prieto abandonó la casa de Alamán cuando se terminó el conflicto con los Estados Unidos con la firma del tratado de Paz de Guadalupe Hidalgo en febrero de 1848, y se presentó al cuerpo de Hidalgo al que pertenecía y que se encontraba entre Belén y Chapultepec. La larga carrera política de don Guillermo, estaba por empezar, al lado de los más connotados liberales de la época. Acompañó al licenciado Juárez, en la guerra de los tres años, posteriormente en su largo peregrinar por el México Norteño en tiempos de la Intervención y del Segundo Imperio. Al triunfo de la República llegó a ocupar diversos cargos políticos hasta la fecha de su muerte en el año de 1897, fue autor de innumerables ensayos, escritos y tratados de diversa índole. Su obra merece un escrito especial.

Por lo tanto Alamán en ese tiempo estaba retirado de los puestos públicos, o más bien de la política, sin embargo en 1853, Antonio López de Santa Anna, lo designó Ministro de Relaciones Exteriores, puesto que ya no pudo desempeñar plenamente debido a una fuerte neumonía que le aquejó y le causó la muerte el 2 de junio de 1853. Su obra más sobresaliente fue la "Historia de Méjico" por el periodo comprendido de 1808 a 1849-1852. A su muerte tenía Alamán 59 años de edad.

No cabe duda de que no son las personas como individuos las que las hacen diferentes y antagónicas entre sí, sino lo que les lleva a ello son sus ideas y creencia.

gilparras47@ yahoo.com.mx

www.parrasylalaguna.com

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