Editoriales
RAFAEL ALARCÓN
lun 20 nov 2017, 6:24am 5 de 8

A Propósito del buen fin



Pura intuición

Entramos a una época de compras de crear necesidades, de amplia publicidad, de aparadores y de ofertas permanentes, del dinero de plástico y asumir una identidad determinada exige aceptar además la aprobación y la desaprobación de los otros en un juego especular que nunca termina.

Esta evaluación depende del sentido común dominante en la sociedad que define los valores orientadores de las relaciones sociales, como también las instituciones destinadas a producir el ordenamiento social.

La aceptación de dicha evaluación por parte del socializado proviene del reconocimiento de los otros como significativos en principio por imposición, aunque esa significación admite luego una selección condicionada por la búsqueda de confirmaciones y de compatibilidades sociales, económicas e ideológicas.

El ser humano desde su nacimiento consume como forma de satisfacción de sus necesidades básicas. Pero a medida que el individuo se desarrolla, a estas necesidades básicas se le suman nuevas necesidades de origen social por razones externas a su naturaleza, sino para crear una identidad.

El individuo nace con una predisposición hacia la socialidad, y luego llega a ser miembro de una sociedad. Asume el mundo donde ya viven otros comprendiendo los procesos subjetivos momentáneos y comprendiendo el mundo en el que vive.

Socialización puede definirse como la inducción amplia y coherente de un individuo en el mundo objetivo de la sociedad o en un sector de él.

En toda sociedad hay una vida cotidiana y todo hombre, sea cual sea su lugar ocupado en la división social del trabajo, tiene una vida cotidiana.

La socialización primaria es la primera por la que el individuo atraviesa en la niñez; por medio de ella se convierte en miembro de la sociedad. La socialización secundaria es la adquisición del conocimiento específico de roles, lo que significa la internalización de campos semánticos que estructuran interpretaciones y comportamientos de rutina dentro de un área institucional.

La inestabilidad de la sociedad moderna se compensa en el hogar de los sueños, donde con retazos de todos lados conseguimos manejar "el lenguaje de nuestra identidad social". Las identidades han estallado, pero en su lugar no está el vació, sino el mercado, y quien no puede realizar allí sus transacciones queda fuera del mundo.

El deseo de lo nuevo es algo inextinguible, se impone en forma perpetua: Quien tiene el dinero para invertir en él como consumidor, es una especie de coleccionista al revés. En lugar de coleccionar objetos, colecciona actos de adquisición de objetos, mientras que el coleccionista del viejo tipo sustrae los objetos de la circulación y del uso para atesorarlos. Para el coleccionista al revés, su deseo no tiene objeto que pueda conformarlo, porque siempre habrá otro objeto que lo llame. Colecciona actos de compra-venta.

Los objetos crean sentido más allá de su utilidad o su belleza, o mejor dicho, su utilidad y su belleza son subproductos de ese sentido que viene de la jerarquía mercantil.

Siempre el puntaje de una marca, una etiqueta o una firma tiene otros fundamentos, además de sus cualidades materiales, de su funcionamiento o de la perfección de su diseño. La libertad de quienes los consumimos surge de la necesidad que tiene el mercado de convertirnos en consumidores permanentes.

Consumidores efectivos o consumidores imaginarios, los jóvenes encuentran en el mercado de mercancías y en el de bienes simbólicos un depósito de objetos y discursos fast preparados especialmente. La velocidad de circulación y, por lo tanto la obsolescencia acelerada se combinan en una alegoría de juventud: en el mercado, las mercancías deben ser nuevas, deben tener el estilo de la moda, deben captar los cambios más insignificantes del aire de los tiempos

El shopping se opone a un paisaje del "centro" su propuesta de cápsula espacial acondicionada por la estética del mercado, todos los shoppings-centers son iguales, se come, se bebe, se descansa, se consumen símbolos y mercancías según instrucciones no escritas pero absolutamente claras. Se pierde el sentido de la orientación. Esto carece de importancia porque estas trampas del azar son una estrategia de venta. Quienes usan el shopping para entrar, llegar a un punto comprar y salir inmediatamente contradicen las funciones de su espacio.

El shopping es todo futuro: construye nuevos hábitos, se convierte en punto de referencia, acomoda la ciudad a su presencia, acostumbra a la gente a funcionar en el shopping. Produce una cultura extraterritorial de la que nadie puede sentirse excluido: incluso los que menos consúmense manejan perfectamente en el shopping e inventan algunos usos no previstos. Estos visitantes, que la maquina del shopping no contempla pero a quienes tampoco expulsa, los admite en una "libertad plebeya"

Solo una minoría es consciente de la pérdida de soberanía para poder decidir lo que quiere consumir. Es realmente un sujeto, tiene creada una identidad, aquel que sabe lo que quiere, que es capaz de formular objetivos, y de elaborar y ejecutar estrategias individuales y colectivas para el logro de los mismos, que sabe cómo reflexionar y evaluar sus prácticas y las de los demás, que conoce en gran medida la lógica de funcionamiento de la sociedad y es capaz de adaptarse y proponer su transformación al mismo tiempo.

Es mi intuición que compramos por el marketing o realmente porque lo necesitamos aunque nos cueste realmente más caro ¿o usted qué opina?

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