Siglo Nuevo
Juan Eusebio Valdez Villalobos
dom 4 feb 2018, 10:23am 1 de 2

Las dimensiones del ser

Foto: Archivo Siglo Nuevo


Rutas para cambiar

¿Por qué es tan difícil cambiar? ¿Por qué es tan difícil ser feliz? ¿Por qué es tan difícil ser exitoso? ¿Por qué es tan difícil entendernos? ¿Por qué es tan difícil aceptarnos?

All that glitters is gold/ Todos lo que brilla es oro

Don't believe what you've been told/ No te creas todo lo que te han contado

People lie, people love, people go/ la gente miente, la gente ama, la gente se va

But beauty lies in every soul/ pero la belleza reside en cada alma

Fragmento de “A dream of you and me”, Future Islands

Poco a poco las calles y los hogares van dejando atrás la resaca que acostumbran traer diciembre y sus días de movimiento frenético. Las fiestas generan recuerdos que nos obligan a mirarnos de frente con el ser que somos. Es tiempo que nos cuestiona los pasos dados. Rodeado de alcohol, familia y celebraciones, suele haber un momento de la madrugada del primero de enero en el que, sentados en el sillón de la sala, nos tumba la posibilidad de desear cambiar algo para poder alcanzar la felicidad.

La felicidad no es un recipiente que se llene con el aguinaldo y los regalos de navidad. Tiene mucho de anhelos y aspiraciones, de entrever, por un instante acaso, la posibilidad de adelgazar. Hallar un mejor empleo o comenzar una nueva relación de pareja son otros ideales que acostumbran postrarse ante nuestros ojos. Sin embargo, al mismo tiempo, el 'miedo' y la posibilidad de fracaso aparecen. Aun así, te comes esa quinta uva esperando que este año sea el bueno: “Quiero ser feliz”.

Esta escena se repite de un fin del calendario a otro y es probable que se siga repitiendo. Los propósitos se quedan ahí en forma de deseos. Al final de los 365 días volvemos a comprar esas uvas, esos calzones rojos, verdes, amarillos… Seguimos en la busca, a la espera de la felicidad que jamás llega.

Cambiar algo en nuestras vidas es difícil. Es un camino lleno de baches y piedras. Es por eso que uno sueña, mientras el mundo nos da lo que tiene para nosotros, mientras el destino toma fuerza y sentido, convirtiéndonos en un títere, sin voluntad. “La gente no cambia”, alguna vez escuche en una reunión.

¿Por qué es tan difícil cambiar? ¿Por qué es tan difícil ser feliz? ¿Por qué es tan difícil ser exitoso? ¿Por qué es tan difícil entendernos? ¿Por qué es tan difícil aceptarnos?

/media/top5/SNfamDimensiones.jpg Foto: Archivo Siglo Nuevo

DIMENSIONES

Hablar de los seres humanos es complejo, requiere empezar desde su raíz. Describirlos como meros Homo sapiens sapiens parece, además de insuficiente, una ingrato ejercicio. Lo mismo ocurre cuando se trata de definir la existencia humana. Es casi una misión imposible hablar del sentido de la vida, hacerlo de forma simple parece un absurdo.

Es por eso que teóricos especializados en la psique humana han tratado de crear puentes entre el hombre y el impacto en su propia entidad, así como con en el mundo que lo rodea. En su libro Sexualidad, el psicólogo Carlos Ramírez nos habla de 6 dimensiones que componen al ente humano:

La dimensión somática es el cuerpo, la interacción de nuestros pensamientos, motivaciones y emociones con nuestro soma; qué tanto habla nuestra relación corporal a propósito de nuestra propia interacción con el mundo y todo aquello que nos rodea; el amor demostrado en cuidados, así como la falta de, reflejada en cuerpos abandonados.

La dimensión del conversar consiste en todo aquello que tiene relación con nuestro intelecto. Es aquello que nos habla del respeto a nuestros ideales y principios. Toda esa información le da un sentido a nuestras emociones.

La dimensión sentimental es donde se atrinchera el nivel de entendimiento que tenemos de nuestros propios sentimientos. Señala la importancia de aceptar esa parte de nuestra vida que no tiene control, pero que sí tiene un sentido de ser. Emociones percibidas como monstruos que, si entendemos su necesidad, nos ayudaran a entendernos y conectarnos desde la imperfección con otros humanos.

La dimensión de la sexualidad nos presenta el amor a través de nuestro propio cariño que busca con quién poder conectar. Es la capacidad de vincularnos por medios corpóreo, espiritual y emocional guardados en nuestras formas de demostrar nuestra propia sexualidad.

La dimensión del sentido de vida, es decir, no solo basta con estar. En un mundo acostumbrado a lo inmediato, a lo efímero, es difícil plantarnos la idea de un proyecto a largo plazo. De construir nuestro futuro es de lo que nos habla esta esfera.

La dimensión del poder: el dinero y la jerarquía están impregnadas en el mundo que nos rodea. Esta franja nos reclama dilucidar cómo interaccionar con nuestro propio poder y cómo podemos convivir con el éxito.

Esa es, a grandes rasgos, la propuesta del sexólogo Ramírez.

/media/top5/SNfamDimensiones2.jpg Foto: Archivo Siglo Nuevo

INTERACCIÓN

Al basarnos en lo antes expuesto, podemos inferir que si estas áreas no convergen en un equilibrio es probable que sintamos cómo el mundo se va de nuestro control. Puede llegarse al caso de que todo nuestro alrededor nos parezca que abruma a la existencia, coartando nuestra calidad de vida.

Poner en claro esta idea es relativamente sencillo, basta con imaginar que eres un niño de cinco años, así todo parece más simple, esto es algo simple de comprender, ser un infante es una cuestión de felicidad. Lleva a ese niño a la fiesta de cumpleaños de un amigo del colegio. Imagina la emoción de asistir a un lugar lleno de colores y de juegos. Es difícil no verlo gritando y bailando de una forma natural.

“¿De qué te ríes? No te rías, pareces loco”, se escucha detrás de nuestro niño, es una voz conocida que, ante la vergüenza de los demás asistentes, trata de sofocar la felicidad. Esa voz se ha olvidado de su propia infancia, proviene de una madre, de un padre, de un adulto, mas repite lo que alguna vez escuchó.

Así, el niño que saltaba y gritaba a los cuatro vientos y reía aprendió que su dimensión emocional es censurable, llenó su cabeza de pensamientos donde la espontaneidad no es permitida. Ahora imagina que esta escena se repite cada vez que el niño muestra sus sentimientos: miedo, enojo, tristeza etcétera, hasta el día que ya no lo hace más, negando así una parte de su ser.

Se trata, sin duda, de un ejemplo radical, pero así es, en esencia, como se inaugura nuestro problema. A fin de cuentas, en un mundo lleno de adultos, es común ver estas conductas repitiéndose ante nuestros ojos.

Lo invito a reflexionar sobre nuestras dimensiones y conductas. A realizar un diagnóstico personal y ser honesto. Si es necesario, busque ayuda. Como en la historia relatada líneas arriba, así también se puede modificar nuestra propia vida, para emprender el cambio. Tómelo de quien viene, un profesional de la salud y, como ser humano, testigo del cambio.

Correo-e: jueuval@gmail.com

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