Editoriales / Aleatoria

De política y cosas peores

ARMANDO CAMORRA, , actualizada 10:33 🕚

"¡No puedo creer que ya estemos casados!" -le dijo llena de alegría la feliz novia a su flamante maridito en la habitación del hotel al empezar la noche de bodas. Y repitió exultante: "¡De veras, Leovigildo! "¡No puedo creer que ya estemos casados!". Se oyó una voz de enojo en la habitación vecina: "¡Ya convéncela, Leovigildo, para que todos podamos dormir!". La esposa de don Languidio, señor de edad madura, se presentó en la compañía de seguros y pidió que le pagaran la mitad del seguro de vida de su cónyuge. "¿Por qué la mitad?" -se desconcertó el agente. Explicó la señora: "En las noches está muerto". El cirujano iba a operar de las anginas a Pepito. En la mesa del quirófano le hizo un examen previo y exclamó lleno de asombro: "¡No lo puedo creer! ¡Este niño tiene cuatro amígdalas!". Aclaró, humilde, el chiquillo: "Son solamente dos, doctor. Lo que pasa es que estoy asustado"... Doña Niba alquilaba los cuartos de su espaciosa casa a señoritas decentes, según decía el aviso de ocasión que publicaba en el periódico local. Cierta noche oyó ruidos que le parecieron sospechosos en la habitación de una de sus inquilinas. ¿En qué consistían tales ruidos? Lo diré en el modo más honesto posible: eran jadeos, respiraciones agitadas, gritos contenidos y balbuceos de palabras que claramente eran de pasión. La casera llamó quedamente a la puerta y preguntó, cautelosa: "¿Hay en su habitación un caballero, señorita Dulciflor?". "No, doña Niba -respondió la interrogada-. Por lo que está haciendo no creo que lo sea". Dos sujetos de mentes extraviadas llegaron a la orilla del mar. Uno de ellos probó el agua y declaró: "Está muy amarga". El otro sacó una azucarera y echó al mar varias cucharaditas de azúcar. Probó el agua a su vez y dijo: "Sigue amarga". Le indicó el primero: "Es que no le meneaste". La niñita estaba haciendo su tarea del catecismo, y no pudo recordar el nombre de Sansón. Le preguntó a su padre: "Papi: ¿quién derrotó a los filisteos?". "No sé -replicó él-. Nunca me ha interesado el futbol". Meñico Maldotado es un joven varón con quien natura se mostró avara en la parte correspondiente a la entrepierna. Contrajo matrimonio con Pirulina, muchacha con bastante experiencia de la vida. La noche de las bodas el impaciente novio se presentó por primera vez al natural ante su desposada. Lo vio Pirulina y sugirió. "¿Qué te parece si mejor jugamos a las cartas?". El pollito se portaba mal, y mamá gallina se desesperaba: "¡No sabes los sacrificios que tu pobre madre ha hecho por ti! ¡Cuando naciste me costaste un huevo!". Aquel traje era color morado con rayas verdes y anaranjadas. El vendedor de la tienda le dijo al vacilante cliente: "Cuando se lo ponga no le lucirá muy bien, es cierto, pero en su clóset se verá fantástico". La joven recién casada le comunicó a su marido: "Tendremos que irnos a vivir a otra casa, Filigardo. En ésta ya todos los platos están sucios". (Nota: Eso lo contó la suegra de la muchacha. No sé si sea cierto). En Cuitlatzintli había un pequeño museo de la Revolución. Un turista norteamericano mostró interés por conocerlo, y el director del museo se ofreció a darle el recorrido por la exhibición. El visitante vio una ametralladora y exclamó: "Oh! The machine gun!". "No, mister -lo corrigió el guía-. El más chingón es un cañonsote grandote que tenemos en el patio". Las señoras del rancho hablaban de los diversos métodos anticoncepcionales. "Yo -declaró una- uso la píldora". Manifestó otra: "Yo sigo el método del ritmo". Dijo la tercera: "Yo empleo el nopal". Las otras se asombraron. "¿El nopal es anticonceptivo?". "Y muy seguro -confirmó la señora-. Cada noche pongo varias pencas en la cama entre mi marido y yo. No fallan. FIN.