Editoriales / Aleatoria

De Política y Cosas Peores

ARMANDO CAMORRA, , actualizada 08:32 🕚

Las socias del Club de Costura "¡Que puntadas!" invitaron al coronel Azo a su sesión mensual a fin de que les hablara de sus experiencias en la milicia. Manifestó él: "Les agradezco la invitación, amables damas, pero me veo en la penosa necesidad de no aceptarla. Soy muy mal hablado, estoy acostumbrado a la vida de cuartel, y temo que en el curso de la plática se me escape alguna palabra inconveniente, lo cual me apenaría mucho". "No se preocupe, coronel -lo tranquilizó la presidenta-. Si se le ofrece decir alguna palabra mala diga en su lugar: 'la consabida'. Nosotras entenderemos". Asistió, pues, el coronel a la reunión y narró una de sus experiencias de soldado. "Estaba yo destacado en un pueblo del norte del país y ahí conocí a una hermosa mujer. Tenía un busto enhiesto y firme; una grupa como de potra arábiga; cintura cimbreante de palmera; piernas bien torneadas y muslos que se adivinaban invitadoras puertas que conducían a placeres inefables. Y no le sigo, señoras mías, porque nomás de acordarme de aquella mujer ya se me está alborotando la consabida". No sé si todavía se construyan las casas que antes se llamaban "de interés social". Esas casas no eran nada interesantes, y menos aún sociales. Tan pequeñas las construían a veces que para que entrara el sol debía salirse el ocupante. La primera vez que me mostraron una de esas casas exclamé gratamente sorprendido: "¡Qué bien está! ¡Tiene hasta elevador!". No era elevador, sin embargo: era la sala comedor. Tales viviendas tenían paredes tan delgadas que si un marido le decía a su esposa: "¿Hacemos el amor, mi vida?", de cinco casas llegaba la respuesta: "Esta noche no. Me duele la cabeza". Con todo eso era muy bueno que se construyeran dichas casas. Se aliviaba así el déficit de vivienda y se evitaba que millones de mexicanos vivieran en habitáculos indignos en condiciones inhumanas. La 4T no parece estar poniendo suficiente atención en este tema. A pesar de la pandemia y la crisis económica el gobierno federal debe llevar a cabo acciones intensas en el campo de la vivienda, y propiciar en todas las maneras posibles mejores bases para que los particulares puedan construir, pues si no el aumento de la población agravará el problema de la falta de vivienda popular. ¡Bravo, columnista! Tus expresiones en torno de esta cuestión son dignas de inscribirse, si no en bronce eterno o mármol duradero, sí por lo menos en plastilina verde. Es necesario ahora que aligeres el contenido de tu inane columneja narrando algunos otros chascarrillos. Por ejemplo, el de la muchacha que en el aeropuerto, antes de pasar a la sala de abordaje, se despidió con amorosos abrazos y apasionados besos del apuesto joven que fue a despedirla. Cuando el avión levantó el vuelo la joven rompió a llorar desconsoladamente. La bondadosa dama que iba a su lado le preguntó, solícita: "¿Lloras porque tu esposo se queda y tú te vas?". "No, -respondió la muchacha sin dejar de gimotear-. Lloro porque ahora voy a mi casa con él". El enamorado novio se dirigió a su dulcinea: "Flordelisia: si te propongo matrimonio ¿me dirás que sí?". Respondió al punto la doncella: "Si me propones matrimonio te diré que sí varias veces a la semana". Delgadina era una chica muy flaquita. Cierto día se tragó entera una aceituna, y cinco muchachos huyeron del pueblo... Un grupo de parejas de edad madura se reunieron a cenar. Los maridos empezaron a hablar de sus respectivas experiencias. Acabados los relatos uno de ellos comentó en tono filosófico: "No cabe duda. Hemos tenido altas y bajas". Su esposa le comentó a la amiga que tenía al lado: "Él ya tiene puras bajas"... FIN.

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