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El presidente más honesto

El menos común de los sentidos

EDUARDO RODRÍGUEZ, , actualizada 09:30 🕚

Nuestros gobernantes ya comenzaron a culpar por todo a la pandemia, lo cierto es que la incapacidad para gestionar, administrar y ejercer los recursos públicos nada tiene que ver con la situación sanitaria que vivimos desde hace un año.

Los gobiernos actuales llegaron al poder gracias al hartazgo de la gente que, a pesar de confiar en la alternancia, sigue desilusionada y se siente traicionada por los pocos y malos resultados que han entregado las administraciones. En el caso de Andrés Manuel López Obrador, ofreció revertir las reformas estructurales de Enrique Peña Nieto que tanto daño le causaron a las clases baja, media baja y baja; sin embargo, poco ha hecho para generar un cambio real en este rubro. Aseguró resultados en dos temas muy importantes para los mexicanos: seguridad y corrupción. En ambos ha fracasado rotundamente.

Hablando de corrupción la conclusión es que la 4T solamente ha fingido que lucha contra ella pues la Auditoría Superior de la Federación (ASF) presentó un informe que coloca al gobierno de AMLO como uno de los peores, incluso más corrupto que el de Peña Nieto, al menos en su primer año. Bajo la bandera del “combate a la corrupción” ha defendido todas las atrocidades que ha cometido: la cancelación del aeropuerto, las rondas de CFE, la compra de medicinas, el desabasto de combustible… por mencionar algunas; no obstante, para que haya corrupción en el uso de los recursos públicos se requiere que haya arbitrariedad y discrecionalidad a la hora de tomar decisiones y, además, asignar recurso a través de adjudicaciones directas.

Miles de millones de pesos han terminado en empresas fantasma, campañas políticas, empresas de amigos o familiares del gobierno y otros mecanismos que sexenio tras sexenio se repiten. Pareciera que la creatividad de los políticos emerge únicamente cuando se trata de desviar recursos, cambiar presupuestos y firmar contratos amañados.

Cuando analizamos el uso del presupuesto por parte del gobierno de López Obrador encontramos que estos mecanismos siguen siendo utilizados incluso de forma más intensiva, este gobierno se ha destacado por usar el recurso público de manera discrecional. Cualquier intento real de combate a la corrupción e impunidad debe estar cimentado en el control y la transparencia sobre el uso del erario para evitar esa arbitrariedad que legal o ilegalmente ha sido aprovechada para adecuar las partidas presupuestales a conveniencia y adjudicar obra o adquisiciones a los amigos y familiares de Andrés Manuel.

El uso discrecional de los recursos fue uno de los principales señalamientos del actual presidente y de su partido antes de que llegaran al gobierno pues mientras gobernaba el PRI, en 2017 y 2018, presentaron iniciativas para regular las adecuaciones presupuestarias, es decir, quitarle la oportunidad al presidente de modificar el presupuesto de egresos. Como se esperaba, estos deseos de controlar las adecuaciones presupuestarias se esfumaron una vez que MORENA llegó al poder y la muestra está en que AMLO ha hecho uso de ellas como nunca antes.

Según el reporte de la ASF, la Cuenta Pública de 2019 presenta ciertas particularidades que ponen en duda el correcto uso del dinero público, lo que queda claro es que sus prioridades están bien definidas ya que el presupuesto para la Secretaría de Defensa y PEMEX han sido de los más beneficiados por este “re direccionamiento” del gasto.

Para que haya ganadores también deben existir perdedores, en este caso, las dependencias que han perdido recursos son la Secretaría de Salud –sí, por increíble que parezca estando en pandemia- y programas como Prospera o los que se dedican a promover la atención y prevención de la violencia contra las mujeres que estaban a cargo de la Secretaría de Gobernación.

¿Cuál es el meollo de este asunto? Que ni la pandemia, ni la crisis económica, ni la incontenible violencia, ni la hostilidad de la oposición, ni los errores que ha cometido la dirigencia de Morena y sus representantes, han alterado los altos niveles de popularidad del presidente López Obrador. Sin embargo, él sabe que algo que sí puede generarle negativos es que lo tachen de corrupto, más aún cuando dijo “no somos iguales”, refiriéndose a los expresidentes.

Es por eso que el discurso presidencial grita a los cuatro vientos que la corrupción ha terminado, pero en los hechos, las reglas que permitieron que los gobiernos anteriores se enriquecieran siguen intactas y, peor aún, en esta 4T se ha abusado de ellas. El contacto diario que tiene el presidente con los mexicanos a través de la mañanera es su principal apuesta para seguir repitiéndole a la gente que tiene “otros datos” y mientras no se demuestre lo contrario, le seguirán creyendo.

Según la consultora SPIN, “corrupción” y “pueblo” son las dos palabras más usadas en la conferencia matutina, López Obrador sabe perfectamente que decir, a quien decírselo y cuando decírselo, todas sus acciones y declaraciones están perfectamente armadas… tiene el país justo donde lo quería y hasta que no le demuestren lo contrario, es y seguirá siendo el presidente más honesto, aunque en los hechos no existan resultados tangibles de su supuesta lucha contra la corrupción.

@eduardguezh

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