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Mímesis y conocimiento (Segunda parte)

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CARLOS CÁRDENAS, , actualizada 09:45 🕚
Mímesis y conocimiento (Segunda parte)

La imitación es un concepto ya abordado por Sócrates, pero de manera muy especial en Platón, para él la mímesis es, en primer lugar, una imitación en el mundo sensible que depende del mundo inteligible, es decir, de la verdadera realidad y, por lo tanto, el arte mimético no es otra cosa que una "imitación de una imitación", tal definición deja al arte en una posición desfavorable en cuanto acceso al conocimiento.

El alejamiento en un tercer nivel con respecto a lo verdadero que reside solamente en el mundo inteligible constituye para Platón una descalificación del arte como herramienta cognoscitiva.

Cuando Aristóteles retoma el concepto le asigna algunas variantes que le confieren a la imitación un desarrollo más activo, la mímesis ya no es solamente una simple reproducción de la realidad, sino que el artista debe esforzarse en extraer aquello de más universal en el modelo: J. Perea afirma en su Manual de Filosofía de 2004 : «Es propiedad de la obra artística- según Aristóteles- revivir a su modo algo particular, ya acaecido o que puede suceder, pero dándole valor universal, por encima de lo concreto e individual, de lo limitado a un momento del tiempo y aun lugar del espacio. La función del arte es idealización y universalización, es poner al alcance de todos lo que en sí es una experiencia concreta y limitada».

Esta aportación al concepto de mímesis le devolverá al arte una cualidad afín al ámbito del conocimiento; el hecho de que la imitación se vea comprometida a buscar valores universales implica una cercanía a la formulación de normas generales que encuentran su concreción en el establecimiento de leyes en el campo científico. La forma en que los artistas griegos, basados en la teoría estética de sus filósofos, desarrollaron su arte, terminó siendo el paradigma del análisis minucioso de la naturaleza para develar la estructura interna que la gobierna y con ello establecer que aspectos de esta son los más eficientes y susceptibles de perfeccionamiento.

Este sencillo razonamiento es el que explica la fascinación que sentirán 1800 años más tarde los artistas del renacimiento y habrá de ser llevado a un nivel prácticamente científico en la persona de Leonardo Da Vinci. El genio florentino habría de mostrar un rumbo que modificaría de manera sustancial, no solo la concepción de la figura del artista sino también la función del arte mismo, al grado de desarrollar toda una teoría y pedagogía documentadas en sus ya conocidos manuscritos.

Los logros técnicos del renacimiento no hubiesen sido posibles sin los antecedentes del mundo antiguo, el descubrimiento y desarrollo de la perspectiva con Brunelleschi a la cabeza ofrecieron a los artistas una herramienta imprescindible para la representación de la realidad de una forma que no había sido alcanzada con anterioridad; los descubrimientos arqueológicos de la Roma antigua rescataron las conquistas de la arquitectura y escultura clásica y se convirtieron en fuentes de inspiración que acercaron nuevamente a los artistas a la mímesis con el propósito de emular a los antiguos, e incluso, si era posible, superarlos.

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