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La observación electoral Balance de la agenda ambiental (I)

A la ciudadanía

GERARDO JIMÉNEZ GONZÁLEZ, , actualizada 06:58 🕚
La observación electoral Balance de la agenda ambiental (I)

A fines de cada año realizamos un balance sobre el estado de la agenda ambiental de nuestra región, estamos por concluir 2021 y vale la pena repetir esa reflexión. Antes de entrar en materia quiero hacer una precisión que surge de comentarios vertidos por algunas personas: cuando hablamos de agenda ambiental solo nos referimos a aquellos temas relacionados con el estado del ambiente, que incluye los recursos naturales, la cual no es sinónimo de sustentabilidad o desarrollo sustentable, este concepto tiene acepciones más amplias en su definición puesto que incluye también aspectos económico-productivos, sociales, políticos y culturales. En otra ocasión ahondaremos en esto.

Tal parece que la agenda para el desarrollo sostenible de la Comarca Lagunera tiene tantos vértices que es inevitable observar los vacíos y omisiones existentes, además de que también es ineludible considerar el cambio climático como un fenómeno que nos exige revisar por los posibles impactos que tendrá en la economía y la vida doméstica de los laguneros. En esta ocasión solo abordaremos aquellos que destacan dentro de la temática ambiental, no todos porque el espacio es insuficiente.

Iniciemos con el gran pasivo ambiental de la Comarca Lagunera: el agua, que sigue siendo el tema toral cuya problemática derivada de la forma en que actualmente se está manejando y usando este recurso, constituye un factor que puede inhibir el crecimiento económico futuro, que ya afecta la vida diaria de la población por el desabasto que sufre y el ya crónico problema de contaminación que ha dañado la salud de muchos laguneros, sobre todo poblaciones con mayores condiciones de riesgo y por tanto más vulnerables.

Es cada vez más evidente que resulta ineludible cambiar las prácticas que favorecen la extracción y el tráfico ilegal del agua, anomalía en la gestión hídrica que ha tenido un alto costo ambiental y social que ya no es posible ocultarlo, como han intentado hacerlo quienes las realizan, particularmente los grupos económicos, principalmente los grandes usuarios, que han monopolizado concesiones y volúmenes. Finalmente, la crisis hídrica por la que atraviesa nuestra región tiene en gran parte como telón de fondo el uso insostenible del agua.

Después del debate público que ha generado en La Laguna el programa Agua Saludable, que se acentúo cuando Prodenazas interpuso el amparo por las posibles afectaciones ambientales en el último tramo vivo del río Nazas, para muchos ciudadanos comunes, pero también para empresarios, políticos despistados que no se han preocupado por informarse y entender esta cuestión, colonos urbanos, habitantes de comunidades rurales y otros sectores de la sociedad, quedó claro que el problema central que provoca esa crisis hídrica es la sobreexplotación del Acuífero Principal.

El debate y las acciones jurídicas emprendidas por Prodenazas y los ejidos ribereños retrasaron la implementación de Agua Saludable, particularmente la construcción de la presa derivadora, lo que se ha llamado el punto de extracción, difiriéndola para otro momento porque ya no será posible realizarla antes de que inicie el siguiente ciclo agrícola. Tal parece que antes estos hechos el gobierno federal ha decidido revalorar esta parte del proyecto, por lo que habrá que esperar que decisión se toma al respecto, existiendo la posibilidad, en voz del nuevo coordinador de Agua Saludable, el senador Gabriel García, de que modifique.

Pero la discusión pública continúa sobre cómo resolver el problema de la sobreexplotación del Acuífero Principal, y con ello mismo de la contaminación, lo cual presupone reconocer, como en su momento lo hizo el director general de la Comisión Nacional del Agua, Germán Martínez, que Agua Saludable no fue diseñado para atender tales problemas, sino solo para asegurar el abasto de agua potable a la población lagunera.

Lo que se observa es la posibilidad de que dicho programa se redimensione, que incluya otros posibles componentes que no se contemplaron inicialmente, inclusión que debe considerar atender las causas y no solo los efectos de la problemática hídrica de La Laguna. Si esto ocurre, aunado a una debida aplicación de los fondos públicos en la implementación del proyecto, el contenido y sentido del mismo implica una redefinición en la política pública hídrica regional, más acorde con los componentes que se consideran en el Programa Hídrico Regional.

Independientemente de cuáles sean los posibles cambios que se consideren en este programa gubernamental, lo cierto es que será fundamental que los laguneros, los ciudadanos que habitamos en esta región, observemos lo que el gobierno hace y también la reacción de los diversos actores económicos, sociales y políticos involucrados en la gestión hídrica, puesto que la inversión, muy significativa por ser el principal proyecto hídrico de este gobierno en el norte del país, abone en la resolución de la crisis hídrica que se padece.

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