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La situación pre-electoral

Julio Faesler, , actualizada 10:11 🕚
La situación pre-electoral

Las declaraciones del presidente de la República proponiendo una Unión Latinoamericana, análoga a la Unión Europea, al lado de su insistencia en acabar con la OEA y sustituirla con un organismo ajeno a la influencia norteamericana, revela su fantasía de llevar más allá de las fronteras mexicanas la Cuarta Transformación que lleva más de tres años de estar trabajando.

Desde luego, que esto es un total despropósito. En nada se asemeja este primer paso hacia una institución semejante a la Unión Europea, nacida de circunstancias peculiares diametralmente opuestas a las latinoamericanas actuales.

No es previsible ni factible que nuestras naciones latinoamericanas superen las resistencias de nacionalismos económicos de corta visión que condenaron al fracaso a varios intentos de integración que datan desde los primeros años del Siglo XIX hasta los de la ALALC a mediados del XX y de los cuales cuyos rescoldos sobreviven en los acuerdos de complementación de la ALADI actual.

La integración latinoamericana en que piensa AMLO seguramente obedecería a criterios de izquierda a los que habrían de amoldarse las actividades de las empresas privadas, que lógicamente se resistirían. Estos criterios inspirados en principios muy ajenos al sistema de mercado, no han traído sino fracasos y privaciones de todo tipo a las poblaciones como lo demuestran las economías de carencias y sacrificios cuyos líderes les han recetado tanto a cubanos como a nicaragüenses y venezolanos.

Entidades como el Foro de Sao Paulo, creado en 1970 y el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe, creado en 1975, están encargadas de coordinar y promover las reformas estructurales que postula la izquierda más avanzada en las sociedades latinoamericanas a través de múltiples vías e instituciones parlamentarias.

Es patente el ambiente de impaciencia y el rechazo que cunde en un buen número de países de todo el Continente sin exclusión. Las condiciones de injusticia e inequidad económica y social se traducen en inestabilidad política, resultado del capitalismo liberal que predomina en gran parte del planeta.

Hay urgencia por remediar las privaciones y la pobreza, encontrar otras formas para articular con sentido de justicia social las fases de la producción, distribución y consumo a través del empleo digno para que se desarrollen los vastos recursos humanos que esperan con ansias la creación de nuevas fuentes empleo.

En México el presidente López Obrador afirma que salvo en un solo caso, ha cumplido los 100 compromisos que asumió en su campaña. Los hechos medidos al entrar a la segunda mitad de su sexenio exhiben lo contrario y son ya materia de las rudas campañas electorales que comienzan prematuramente apenas entrada la segunda mitad del sexenio.

Las elecciones que vienen en 2024 podrán centrarse en los candidatos que van identificándose, pero lo esencial estará en los remedios que el próximo gobierno propondrá para arreglar el caótico desastre que AMLO nos habrá dejado en términos de problemas desatendidos en todas los temas, agravados por la desatención y profundas deudas no solo financieras sino sociales que habrán de saldarse.

A medida que pasan los días se observa el deterioro de la seguridad en todos sectores y el declive en todos los niveles del país. Las "mañaneras" que podrían haber servido de canal de denuncia eficaz ya que ellas son convocadas por el propio presidente, quien es la última instancia para la solución de problemas y conflictos, han dejado de tener utilidad puesto que ya sólo sirven para escuchar interminables oratorias, vagas y deshilvanadas sin consecuencia alguna.

La lucha que ya se inicia y que puede ser de intensidad sin precedentes, y de no encallar en negociaciones traicioneras, deberá abocar a una administración ordenada y eficaz. No importará el color o el emblema del partido o partidos que la ofrezcan.

Lo que hay que evitar es el escalamiento de la violencia que comienza a cobrar vidas y más vidas de candidatos y ciudadanos inocentes. El caos que puede preverse se dará si el presidente de la República insiste en fingir demencia y salirse por la tangente por inexplicables razones por no sólo consentir, sino incluso convalidar las tropelías y asesinatos que ve y le reportan.

El asunto es grave. Lo único que salva la permanencia en su cargo es el pleno declive de incompetencia. Desafortunadamente nuestro sistema presidencial no prevé el recurso del "impeachment" como sí lo tiene Estados Unidos, tampoco contamos con el voto de pérdida de confianza parlamentario.

No hay tiempo que perder. Las fuerzas inconformes con que el nuevo gobierno sea continuación del actual, tienen que preparar su acción opositora con la selección del candidato que oportunamente lance a enfrentarse con el heredero que pretende imponer el actual presidente.

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