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EL SIGLO DE DURANGO
dom 21 oct 2018, 10:49am 3 de 3

David Hernández García, tras los pasos de San Ignacio en Casa Íñigo

Folleto de la mesa directiva en el período de David Hernández, S.J. como director (1960-1966).


SIGLOS DE HISTORIA

En el año de 1954, el Padre José de Jesús Hernández Chávez organizó un retiro espiritual en el Instituto Francés de La Laguna, ahí los asistentes se comprometieron a construir una casa de ejercicios para la Compañía de Jesús. Don Hilario Esparza, que se contaba entre los asistentes, donó dos hectáreas de terreno donde, en 1958, el señor Obispo de Torreón, Fernando Romo Gutiérrez, colocó la primera piedra.

El Padre Hernández Chávez siguió alentando al grupo por medio de conferencias mensuales. Al principio, estuvieron bajo la dirección del Padre León Franco, S.J., después del Padre Carlos de la Torre, S.J. y, a partir de mayo de 1959, del Padre Ramón Gómez Arias, S.J. Para ese año, el lugar tenía 59 habitaciones equipadas con baño individual y mobiliario, había anexos provisionales que servían como cocina, comedor y capilla. Tenía dos departamentos destinados a los padres que impartían ejercicios. En aquel momento, se contaba con el 66% de la construcción.

Ahí se efectuaban misas dominicales, retiros mensuales, conferencias semanales, ejercicios espirituales para todas las edades y profesiones, así como conferencias semanales de cultura. Al finalizar 1959, faltaba por construir la capilla, la cocina, el comedor y las oficinas. La directiva estaba conformada por Fernando S. Zertuche como presidente, Bulmaro Valdés Anaya como vicepresidente y Alejandro Gurza Obregón como tesorero. Los socios eran poco más de 150.

Estas eran las condiciones materiales de Casa Íñigo en el momento en que el Padre David llegó a Torreón, el 14 de enero de 1960. Inmediatamente, fue comisionado por el Padre De la Torre para que se hiciera cargo del lugar. El problema era de tipo económico, ya que el Padre Gómez Arias había autorizado el surtido de materiales sin tener recursos y los acreedores exigían el pago de más de medio millón de pesos.

La situación era apremiante para el recién llegado, que confiaba sus cuitas al Padre Provincial:

En realidad, todavía no acabo de cazar esta leona que para mí ha supuesto un buen acto de obediencia. Esto lo entenderá mejor cuando vea los papeles de deudas pendientes que le adjunto... nadie hasta la fecha sabe con exactitud lo que se adeuda... cada día van saliendo nuevos acreedores que me asedian por todas partes, y yo sin con qué pagarles... Los Íñigo andan en busca de un préstamo financiero... El préstamo no va a solucionar el problema, sino a retrasarlo, pues tarde que temprano se deberá pagar eso. Mi interés ahora está en que no se disgregue el grupo al ver cómo están las cosas y quieran dejar que otros arremetan con la deuda. El Padre Gómez Arias dio a la obra un ritmo acelerado...

El préstamo, aunque no era una verdadera solución, sirvió para cubrir muchos compromisos. Empezó reestructurando el patronato, integró a personas muy activas como los señores Paco Martín Borque, Martín Pérez Domene, Bulmaro Valdés Anaya, Luis Gibert, Fernando Zertuche Madariaga, Horacio Madero, Fernando Llama, Pablo López de la Rosa, Carmelo Montes, Alejandro Gurza Obregón y muchos otros caballeros de esa altura.

El préstamo de 200 mil pesos sirvió para pagar las cuentas más urgentes, rindió mucho, pues los acreedores estaban desesperados, temiendo que se perdiera el capital que habían prestado. Con el dinero en la mano, llegaba el Padre David a concertar, preguntando: "¿Cuánto te debe Casa Íñigo?". Si el cuestionado contestaba: "Me debe 15 mil pesos", le decía: "Si te entrego ahorita diez mil pesos, ¿te das por bien pagado?". Casi todos aceptaron, pues se trataba de dinero inmediato y seguro. Así se llegaron a cubrir más de 300 mil pesos de la deuda. Además, la gente ya estaba encariñada con Casa Íñigo y se veía que había futuro y esperanza para realizar ese centro de formación de dirigentes.

A partir de entonces, con menos presión, se inició la tarea de cumplir los compromisos con el producto de diversas actividades apoyadas por el cuerpo directivo. Se organizaron nueve corridas de toros que, indirectamente, motivarían la carrera novilleril de Valente Arellano, ahijado del Padre David, pues don Valente, su padre, fomentó en estos festivales su propia afición que, con el correr del tiempo, quedaría asimilada por el hijo.

Algunas actividades más fueron las famosas ventas de pollo preparado con la "salsa estilo Casa Íñigo". Tampoco se desaprovechó la celebración de la Feria del Algodón, donde todas las clases sociales degustaron tan delicioso platillo.

En 1959, 60 médicos del Sanatorio Español, encabezados por su presidente, Emilio Murra Talamás, comenzaron a vender pollos con una salsa elaborada por Heriberto Álvarez, que era el cocinero en el Hotel Calvete. Los llamaban "pollos quirúrgicos", porque lo que se recaudaba era para equipar la sala de quirófanos del Sanatorio Español. En 1961-1962, los doctores Emilio y Antonio Murra Talamás y Javier Aranda Soto, le propusieron al Padre David vender los pollos con la rica salsa y poner un stand en la Feria del Algodón. Los pollos se hicieron sumamente populares. En 1965, contrataron a Tila Larrañaga como secretaria administrativa de Casa Íñigo; ella y Heriberto Álvarez elaboraron por años esta rica salsa. Cuando falleció Heriberto, la señora Larrañaga continuó con esa tarea. En 1969, nació el nombre de "Pollos Casa Íñigo". En los años ochenta, el Padre Salvador Álvarez Domenzain, S.J., ante la imposibilidad de indemnizar a Tila, le dio la autorización para que ella comercializara dicha salsa con el mismo nombre. En 1983, el DIF solicitó a Tila que les apoyara en el stand con su rica salsa.

En los primeros años de la década de los sesenta, se concluyó la edificación de la capilla de Casa Íñigo, obrando la circunstancia de que el señor Octaviano Longoria (Chito), por gestión de Fernando Zertuche, donó la construcción pidiendo a Dios por el restablecimiento de doña Alicia P. de Longoria, que estaba enferma. La capilla está presidida por un Cristo que esculpió Ernesto E. Tamariz, artista capitalino. La obra mide 2.80 metros, el lugar fue inaugurado y bendecido por el señor Obispo Monseñor Fernando Romo Gutiérrez, y como testigos, estuvieron presentes los grandes bienhechores, don Chito Longoria, su hija Elena y parte de su familia.

En una visita que hizo a la capilla Enrique de Zunzunegui y Moreno, invitado por su gran amigo, el ingeniero José F. Ortiz, le dijo al Padre David: "¿En qué puedo ayudar?". Se le dijo que podía ayudar a construir lo que faltaba: el comedor, la cocina y las oficinas; regaló 12 mil 500 dólares que se invirtieron en esas obras.

El día de la inauguración del comedor, todo era alegría, ahí cantaron Rosario Lamberta Montalbán y María Estela González Domene. El padre alteño cumplía su cometido en su paso por Casa Íñigo, donde fue director en el período 1960-1966.

Mucha actividad se realizó en ese período: tandas espirituales a profesionistas, estudiantes, obreros y empleadas domésticas; misas, ejercicios espirituales, semanas sociales, conferencias y todo tipo de actividades culturales sucedían en el recinto, con extraordinaria respuesta de los laguneros. Los salones se veían repletos de asistentes, especialmente cuando conferencistas, procedentes de la Ibero de México y de países como Colombia, hacían su presentación, como el Padre Salomón Rahaim, el Padre José de Jesús Hernández Chávez y Monseñor Taylor, hombre culto y capaz. Los temas que se trataban eran acordes con el momento: la formación cristiana, la educación mexicana, la problemática en América Latina, etcétera. Y todavía el Padre David se daba tiempo para asesorar a la Corporación de Estudiantes Mexicanos y a la Unión Femenina de Estudiantes Católicas, organizaciones que controlaban las directivas de escuelas oficiales y eran garantía de orden, dedicación y estudio.

Durante su gestión en Casa Íñigo, el Padre David también tuvo a su cargo la capellanía del templo a la Virgen de San Juan de los Lagos, ubicado en la Avenida Abasolo y Calle 26, inició esa labor en 1960, y en sólo seis meses, promovió mejoras, como el recubrimiento de paredes, la construcción del altar de granito, pintura, ornamentos y dotación de enseres que forman el ajuar de una iglesia.

FUENTES

Roberto Martínez García, David Hernández García, S.J. tras los pasos de San Ignacio de Loyola. Ayuntamiento de Torreón 2003-2005, Colección Centenario, edición especial, tomo X, Torreón, 2004.

2.Carta del padre David Hernández a don Adalberto Saracho y familia, 18 de noviembre de 1982.


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En uno de los ejercicios espirituales en Casa Íñigo, se encuentran de pie en la primera fila: Leopoldo Vivanco, S.J., David Hernández, S.J. (director de Casa Íñigo, 1960-1966), Sra. Lety F. de Gurza, Alejandro Gurza, Ricardo Lombardi, S.J., Carlos de la Torre, S.J. Foto: Archivo Juan Agustín de Espinoza, Universidad Iberoamericana Torreón, Fondo No. 89 Padre David Hernández García, S.J.
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