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ÓSCAR JIMÉNEZ LUNA
lun 29 oct 2018, 8:58am 13 de 22

Abel Gamboa Montenegro, comerciante, golfista, escritor



LETRAS DURANGUEÑAS

Los rasgos esenciales de la poesía de Abel Gamboa Montenegro (Joya de Pinos, Tepehuanes, 1934-ciudad de Durango 2018) aparecen ya en sus primeros escritos. Poeta tardío –comienza a escribir a los treinta años de edad-, recreador festivo de lo cotidiano y del asombro místico, recorrió muy frecuentemente los fuegos helados de la temática amorosa. Y como en tantos escritores, sin saber exactamente el por qué, su pluma asume su condición lírica en aquellas páginas inaugurales a través del influjo de las letras sentimentales de la música popular. Escrito por encargo, “Retorceduras”, un trabajo crítico-irónico, fue su primer texto propiamente formal.

En efecto, con los beneficios de la notas elementales de la rima, Abel Gamboa ejercita tópicos literarios que van del elogio al héroe cívico (“A Emiliano Zapata”, “A Juárez”) hasta llegar a un núcleo bien definido de su obra: la composición moral (“A los esposos”, “Al amor”, “¿Cuánto vale un hijo?”, “Nuestra madre”), para citar sólo algunos títulos. Todos los escritos están inmersos en un sutil ámbito lúdico; si la imperfección de la forma los caracteriza, también sostienen un ritmo en el que los cuestionamientos “¿Y si allá encuentro otro amor?, ¿Y si tú encuentras otro?, ¿Qué es lo que haríamos los dos?” juegan un papel central. Textos, sí, de principiante, pero que ya muestran las coordenadas temáticas que habrá de mantener por muchos años su producción poética.

A propósitos de otra de las claves visibles en sus versos, el ameritado poeta Luis Carlos Quiñones señala con razón: “En la poesía de Abel Gamboa la bondad que el hombre tiene que entregar es un mundo donde lo mejor ya está dado”. Y respecto a la línea moral antes referida, el mismo comentarista agrega que esta obra “hace flotar en sus significados que todas las acciones del hombre deben ser respetadas”.

Viviendo en esta atmósfera literaria, llenando páginas y páginas en la vieja mueblería de su propiedad (negocio que la ciudad conoció en sus galas de prosperidad ya ida), el comercio y el gol, sus otras dos ocupaciones principales, se entrelazaron con su vocación más recientemente encontrada: la Palabra de Dios. En esta soledad atemperada por su intensa labor con las letras, lo conocí en el mes de octubre de 1989 en un taller de periodismo auspiciado por la UJED. Ya entonces este autor era conocido sobre todo por su libro “Destino…Londres” (Editorial GAMO, 1982), obra que le vale cierta valoración en el modesto ambiente literario de Durango. La inolvidable poetisa Beatriz Quiñones –sirva de ejemplo- afirmó en una reseña periodística, el 18 de julio de 1982: “Un concepto que parece presidir toda la vida de Abel Gamboa Montenegro, en una época desacralizada en la que el hombre ha dejado de creer en todo aquello que, como Santo Tomás, no puede tocar con las manos, parece estar seguro de que la redención de nuestra condición efímera y tan cerca de la bestia en muchos aspectos, es algo posible”.

La segunda etapa creativa de Abel Gamboa –porque se puede establecer con claridad tal deslinde- se da en un ámbito literario más riguroso, más comprometido, animado en gran medida por otra generación de escritores, representada por José Reyes González, el cubano arraigado por un tiempo en Durango Ernesto Olvera, Petronilo Amaya, yo mismo. Incluso se puede llegar a la conclusión de que es en esta segunda estación donde la poesía de Abel encuentra su vos más auténtica; los talleres, los cursos de obras clásicas, las series de conferencias, van guiando una sensibilidad artística hasta entonces a la deriva, apoyada como estaba en sus propios y limitados recursos líricos. No es exagerado pues decir que este momento de ruptura sea una especie de redescubrimiento de sí mismo, básicamente también por la corrección a la que somete sus textos. Y todo ello, con un enorme esfuerzo, porque fueron décadas las que se mantuvo promovido por otra corriente poética, con sus antiguos aires decimonónicos, hay que apuntarlo. Poco a poco fue dejando para bien la rima gratuita, la exacerbación sentimental, la emoción omnipresente.

Por mi parte, testigo como he sido de una parte de sus esfuerzos literarios –de sus escaladas y despeñaderos por la tierra de la composición lírica- he querido entender, así sea solamente en algunas de sus manifestaciones, la sustancia que emana de su escritura. Creo, finalmente, que esta apuesta poética tiene su apoyo principal en la virtud como flujo y reflujo de la vida. Al mismo tiempo, es verdad: nos pueden parecen sus poemas demasiado sentenciosos, muy seguros de sí mismos., pero no obstante –como ya lo anoté- muchos de sus textos se salvan porque sobre ellos incide el signo de la contradicción, una trascendente conquiste de la poesía moderna. Son los lectores, sin embargo, quienes tendrán la última palabra.

Por sus huellas literarias, por el lugar que ocupa en las letras durangueñas, este próximo 1 de noviembre se rendirá homenaje al escritor Abel Gamboa Montenegro con la presencia de familiares, amigos del fallecido- en la ceremonia de Altar de Muertos en la Biblioteca Pública Central del Estado. La cita es a las 11.00 horas). Descanse en paz nuestro buen amigo.

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