Siglo Nuevo
Iván Hernández
jue 8 nov 2018, 9:53am 3 de 3

Vivian Abenshushan

Foto: Andrea Garza Carbajal


“Antes la fábrica estaba en un lugar, ahora la llevamos con nosotros. Porque parece que el trabajo nunca termina es importante hacer del ocio una forma de resistencia contra el sistema capitalista, es la zona de no producción en la que todavía nos podemos encontrar en los afectos, en la lectura, en el amor.”

Comenzó a teclear a muy temprana edad. La familiaridad con los libros le viene de familia. Su padre, lector omnívoro, tiene “una biblioteca avasalladora, como de 10 mil libros o más”. Su madre fue editora del Fondo de Cultura Económica muchos años. Cuando la pequeña Vivian no iba a la escuela, estaba en el FCE y veía pasar frente a ella a personajes como Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes.

Además de escritora y editora, Vivian Abenshushan (Ciudad de México, 1972) es una desertora del mundo laboral. Para conocer más sobre esas tres facetas basta con ingresar al sitio Escritos para Desocupados y descargar gratuitamente el libro homónimo. En otro giro de los acontecimientos, aquella niña que se familiarizó muy pronto con nombres y rostros de figuras capitales de la literatura mexicana, hoy fomenta y explora maneras de “prescindir de la tiranía del autor”, formatos no convencionales en la escritura. Ejemplo de ello es Permanente Obra Negra, su laboratorio de creaciones colectivas.

Has descrito a los libros como objetos de vínculo, en tiempos digitales ¿sigue firme esa percepción?

El objeto material todavía llamado libro tiene una historia muy poderosa detrás. Son 500 años de una centralidad del libro como objeto cultural que todavía no puede ser sustituida por esos objetos más bien etéreos, abstractos, inmateriales, que son los textos digitales. El vínculo que se establece con los libros tiene que ver también con las personas que los rodean, las conversaciones que suscitan. Es el libro como regalo por ejemplo, hay algo en él que no se puede cuantificar, que no corresponde al valor que tiene en el mercado o en la librería, eso todavía lo tienen los textos aunque estén en Internet porque a través de ellos podemos introducir conversaciones, discusiones, diálogos con otros. También se establecen vínculos con otras personas a través de esos PDF o de las páginas web, pero la gran diferencia es la materialidad del libro. En el tiempo de la memoria, los apegos y las relaciones tienen que ver con la comunicación, con el intercambio, es decir con el libro o con lo que suscita como lugar de encuentro, como espacio compartido.

¿Hoy día un libro contiene los mejores pensamientos del autor? Redes sociales mediante, ¿no está desperdigado el corpus de un autor?

Por fortuna. Creo que la mutación digital sí esta provocando una revolución radical de nuestras ideas acerca de lo que son el autor, la tradición, el libro, la originalidad, el talento. Todos esos mitos que vienen del romanticismo del siglo XIX y que perduraron a pesar de las vanguardias están viviendo hoy un resquebrajamiento yo creo que ya inevitable porque, por un lado, se está perdiendo la idea del autor solitario. A través de Internet se generan y se producen colaboraciones permanentemente; lo que trabaja en la redes sociales, lo que trabaja en los circuitos electrónicos, es la cooperación comunicativa. Lo malo es que luego se lo apropian las grandes corporaciones, se apropian nuestras conversaciones y nuestro ingenio, nuestros juegos de palabras, cosas que no siempre son banales aunque en Internet haya una enorme banalidad. Entonces, como en Internet hay una colaboración permanente, el mito de la autoría solitaria está en jaque. Por otro lado, la estabilidad del texto, es decir, el libro como objeto cerrado, como objeto fijo, también es cuestionado. Estamos produciendo todo el tiempo, todo se está moviendo, siempre es inestable. Un texto en Word, hasta que no lo mandas imprimir, es dúctil, se mueve de arriba abajo; antes, con la máquina de escribir, estaba fijo. Todo eso ha generado una inestabilidad textual que no existía. Podemos trasladar grandes cantidades de palabras y de texto de un lado a otro en cuestión de microsegundos, podemos pasar de un archivo a otro, de una página web a un archivo, entonces, se toca otro mito, un gran mito detrás del cual están todos los intereses del copyright: la originalidad del autor, también en jaque. En realidad, estamos haciendo remix todo el tiempo, de eso se trata básicamente el proyecto de Permanente Obra Negra, es una discusión sobre la perturbación radical, ineludible, que está viviendo el objeto libro y con la que hay que dialogar. También la lectura está siendo modificada drásticamente, leemos muchas cosas de forma simultánea.

/media/top5/Abenshushan01.jpg Foto: Cortesía Vivian Abenshushan

¿Qué es ser un maníaco de la lectura por estos días?

Tener 20 páginas web abiertas, eso es parte de una manía lectora contemporánea, una mucho más intermitente, menos lineal, fragmentaria, que tiende puentes entre cosas que en apariencia no tienen nada que ver entre sí.

¿Conexiones raras o simplemente poco visibles?

El lector activo, crítico, inteligente empieza a ver relaciones entre las cosas. El único problema que tiene la lectura contemporánea, así lo considero, es la sobreproducción. Hay demasiadas cosas en Internet, un reino infinito, pero la atención tiene límites, hay una saturación de la atención, entonces tendemos a concentrarnos menos, ahí se necesita un cierto repliegue, poner pausa para poder asimilar todas esas lecturas, de lo contrario llegas a una especie de embotamiento, de cansancio mental en el que ya ni siquiera estas leyendo o te quedas en lo superficial, por eso creo que el libro material y la lectura y el texto en Internet no son objetos que compiten entre sí, en realidad se complementan: hay una cierta soledad y un cierto espacio de concentración para ciertas lecturas que requieren el objeto libro, pero hay otras muchas posibilidades interesantísimas que se abren con las lecturas ramificadas de Internet.

En un escenario tan desmesurado, por no decir caótico, ¿tiene sentido la escritura como forma de resistencia?

Más que nunca, entendida no como sistema literario, no como lo que hacen los autores que salen en la tele a dar su opinión cuando pierde la selección mexicana, sino como las escrituras que estamos produciendo todos todo el tiempo. Si pensamos en las resistencias de los últimos 15 o 18 años, muchas de ellas nacieron en Internet, es decir, de intercambios en redes sociales o que fueron convocadas a través de esos espacios; primero fueron textos que se mandaban que son casi como invocaciones, invitaciones, convocatorias a la resistencia en un sentido muy directo; luego se tradujeron en el encuentro de las personas y los cuerpos en el espacio público, pero provienen de unas escrituras, aunque sean microescrituras. La escritura, como forma de usar el lenguaje fuera de su uso mas instrumental o más transparente o comercial, sigue siendo importantísima.

¿Algún escritor que te haya impresionado especialmente?

Pues muchísimos. Lo que pasa es que mi relación con la literatura se encuentra, digamos, en un proceso de ¿crisis?, ¿viraje?, ¿modificación? Leo cada vez menos narrativa, ya no leo novela, no le cuento, leo sobre todo ensayo, ensayo contemporáneo, procesos experimentales, y me acerco mucho a la teoría crítica, a la filosofía contemporánea y a la poesía, digamos que tengo un momento como de repliegue ante la narrativa. Me parece que ya no responde, es una forma del siglo XIX, siento que ya no está dialogando con el presente. Por eso ha sido tan importante para mí este proyecto de Permanente Obra Negra como forma de contar de otra manera, narrativas no lineales sino fragmentarias, a través de la reescritura, la copia, el remix y no siguiendo un modelo que surgió en un contexto político, económico y técnico muy diferente.

/media/top5/Abenshushan02.jpg Foto: iberlibro.com

Hablas de la escritura cooperativa...

Sí, exactamente, en ese sentido hay justamente un... no sé como llamarlo porque no es un autor, es un seudónimo multiusuario, se llama Luther Blissett, no es una persona sino una multitud. En los años noventa, con Internet, empezó a producir novelas ademas de muchas otras acciones en la calle que eran políticas. Ahora, cualquiera podía decir “yo soy Luther Blissett”, en realidad todavía no se sabe muy bien quiénes eran los autores ni si había autoras. Una de las novelas que produjeron se llama Q y la produjeron en línea, los lectores también intervenían, luego fue publicada por Mondadori. A mí me interesa más el proceso que el libro mismo, me interesa mucho cómo pudo surgir esta figura anónima que aglutinaba muchos autores para escribir en colectivo.

Un tipo de proceso frecuente en la música...

El lenguaje escrito es más complicado. En el jazz, los músicos están produciendo colectivamente todo el tiempo. Es un poco así.

¿Cuál es el horizonte del libro en estos días?, ¿hay un horizonte o ya es un mar de posibilidades?

Todavía, pero hay que atreverse a experimentar con el formato libro porque si lo seguimos conservando con esa forma de urna que tiene, como cajita de muerto, sí se va a morir. Lo que mantuvo y ha mantenido vivo al libro durante 500 años es que, dentro de su estabilidad, al interior pasan cosas distintas. Quiero decir que la experimentación formal, la experimentación literaria, no debería detenerse, menos ahora que está siendo interrogada permanentemente por nuestros dispositivos digitales. La página también se podría desplegar de otra manera, se pueden usar los márgenes, así como leemos en Internet, en la página se puede leer de otras maneras.

¿Dónde queda la figura del editor?

Es fundamental porque como hay un proceso de sobreproducción no sólo de texto y de libros sino de todo -eso es el capitalismo-, el editor crea un mapeo de rutas posibles para que no te pierdas en ese mar infinito. El editor es alguien que lee antes que los otros lectores y puede ir indicando caminos posibles. Es un cambio de paradigma.

Suena a mucho trabajo y has hablado maravillas del ocio...

Depende de que ocio estemos hablando, porque hay un ocio que evidentemente también ha sido captado por el capitalismo y que es el reino del espectáculo, del entretenimiento, la pérdida del espacio de restitución del ser o de reconstrucción de lo que uno es y que tiene que ver con no hacer nada, con contemplar, conversar, con no estar produciendo. El ocio es el espacio en el que no se produce nada, no se produce ganancia, valor, dinero. Escribí un libro, Escritos para desocupados, que en realidad fue primero un blog que escribí durante más o menos cinco años tras renunciar a una revista. Estaba exhausta de los cierres de edición, una noche que nunca termina porque superas uno y ya tienes el siguiente encima. Empecé a plantearme muchas preguntas sobre el tiempo, sobre el lugar de la lectura en el sistema de producción capitalista, sobre la forma en que estamos haciendo cultura bajo esas dinámicas económicas, si realmente estamos haciendo cultura o no, si acaso nada más estamos reproduciendo el sistema del entretenimiento. Investigué sobre las formas del trabajo contemporáneo y encontré cosas siniestras, desde el trabajo esclavo, el trabajo invisibilizado, hasta el trabajo que nunca se interrumpe con la fábrica portátil.

/media/top5/Abenshushan03.jpg Foto: Secretaría de Cultura CDMX

Acabo de publicar un texto en The New York Times (https://www.nytimes.com/es/people/vivian-abenshushan/) sobre eso, son estas maquinitas que llevamos a todas partes (señala el celular que graba la conversación). Antes la fábrica estaba en un lugar, ahora la llevamos con nosotros. Porque parece que el trabajo nunca termina es importante hacer del ocio una forma de resistencia contra el sistema capitalista, es la zona de no producción en la que todavía nos podemos encontrar en los afectos, en la lectura, en el amor, en el estar con uno mismo, en todos los ámbitos; esa es la importancia del ocio hoy día, históricamente tuvo muchos apologistas y muchas culturas le dieron un lugar importante, ahora es casi un acto de resistencia.

¿Qué discusiones consideras que son urgentes en el país?

Considero que las que están emprendiendo las feministas son las más importantes. Mientras en México no empecemos a desmontar la violencia y sus raíces machistas buena parte de lo que está pasando no se va a resolver. Es una labor colectiva, de hombres y mujeres: preguntarnos de dónde vienen los feminicidios sistemáticos, brutales, crecientes, números verdaderamente escalofriantes; tenemos que preguntarnos de dónde viene la violencia cotidiana hacia las mujeres y qué nos está indicando. Luego de hacernos esas preguntas, en nuestros espacios de discusión, la academia, la universidad, la oficina, el café, los cuates, las librerías, los periódicos, hay que plantearnos qué responsabilidad tenemos en ese contexto de violencia. Un movimiento internacional llamado la Cuarta Ola Feminista nos está moviendo el tapete a todas y a todos. Es una discusión fundamental porque el feminismo no es sólo una discusión sobre el género sino también sobre el sistema económico, sobre cómo nos relacionamos con la Tierra. Aunque nace de ahí, el feminismo trasciende la discusión del género.

¿Tu opinión sobre el lenguaje inclusivo?

Es un temazo. Me parece bien interesante en la medida en que trabajo con el lenguaje, con las palabras, y sé que las palabras no son inocentes, que significan cosas. Si un grupo o un movimiento hace indicaciones sobre el lenguaje le presto atención. Las feministas que han puesto esta discusión sobre la mesa apelan -y hay que escucharlas, porque las discusiones hay que escucharlas no retacharlas con prejuicios-, me parece, a que el lenguaje también nos constituye como personas, constituye cómo pensamos, cómo actuamos. Me he dado cuenta de que cuando estoy en un espacio feminista y empiezo a hablar, al cambiar el masculino por el femenino empiezo a pensar de otra manera inmediatamente, me doy cuenta de todas las omisiones que hago, de los machismos incorporados. Hay muchas cosas que salen a la superficie. Como ejercicio para sacar a la superficie todas esas cosas incorporadas me parece importante; que luego eso se convierta en algo que la Real Academia (de la Lengua) adopte me interesa mucho menos, que se legisle sobre esa discusión me parece menos productivo que la discusión misma.

¿Ya estás viviendo la cuarta transformación de México?

Estoy viviendo una transformación personal de la que no voy a hablar porque es un asunto privadísimo (risas de Vivian). Creo que en el estado de ánimo sí. También hay signos de decepción anticipada, al menos en mi caso y en el de muchos otros. Las estrategias cupulares del Congreso (de la Unión) ya están operando a todo lo que da. Pienso que la verdadera transformación llegará cuando la sociedad organizada le ponga límites al sistema de partidos que hoy hace reparto. Ha habido una transición importante, pacífica, hubo una participación popular contundente, sí, pero pienso que el sistema de representación de los partidos también está en crisis, como los sistemas del autor y de la originalidad. Son sistemas de representación similares, tenemos que encontrar nuevas formas de democracia directa, de más participación, no siempre delegarle el poder a otro porque, al final, va a hacer lo que quiera. ¿Cómo acotamos ese poder? Participando, actuando desde lo local, mientras no hagamos eso, el poder sólo va a cambiar de manos. Sin la inteligencia para discutir, para entablar diálogos, va a ser el cuarto hundimiento, el cuarto despeñadero del país. Nos urge entender que la transformación no está en manos de los demás, sino en manos de quienes hacemos la calle y padecemos las consecuencias de las decisiones de arriba. Creo que hay mucha movilización en México, lo que pasa es que en estos años hubo mucha represión, una represión tremenda y mucho miedo, la guerra del narco produce mucho miedo y eso paraliza. Lo que nos puede dar este periodo es tiempo para pensar y organizarnos, una tregua, eso, una tregua.

Foto: Andrea Garza Carbajal
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