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ARQ. GREGORIO MUÑOZ CAMPOS
dom 23 dic 2018, 11:55am 2 de 3

El lugar de la juventud

Vista aérea del predio, donde también se ve el Colegio Villa de Matel y Villa Anita.


SIGLOS DE HISTORIA

Toda conmemoración lleva en su agenda un espacio para la añoranza, la recreación de tiempos idos y la reflexión. El aniversario número ochenta de la apertura del Instituto Francés me ha puesto frente al espejo de mi juventud. Ocasión enla que por fuerza del recuerdo, me sorprenden hechos que silenciosos se añejaban enlamemoria y que producto del tiempo, recupero ahora sustanciales, robustos.

Conocí la escuela años antes de estudiar en ella. Vine aquí, como parte del grupo del colegio de mi ciudad natal participante en los Juegos Lasallistas. Cursaba entonces el último año de primaria y me hospedó con calidez, una familia lagunera. Fue el primer contacto que tuve con la hospitalidad local por gracia de su trato amable y afectuoso. De la misma forma, decenas de participantes quedaron hospedados en hogares de Torreón, Gómez Palacio y Lerdo.

Las instalaciones del Instituto fueron para quienes llegamos de todos los confines del mundo lasallista en México, un espacio para la convivencia fraterna, para la competencia deportiva, sana e intensa; para el encuentro con los otros, los que antes del evento en nuestras mentes no existían. Sus instalaciones me deslumbraron. Lejos estabadepensarquecuatroaños mas tarde ese seríami hogar.

Fue al iniciar la preparatoria que mi casa adquirió unas dimensiones impensadas, un nuevo hogar que compartí con el alumnos procedentes de otros estados de la república y que incluía a estudiantes de secundaria y prepa. Todos ellos bajo la tutela de nuestrosmaestros se convirtieron en mi nueva familia. Éramos mas de un centenar de adolecentes albergados en los diferentes dormitorios. Junto amis compañeros locales de clase, pasaron a ser la compañía cotidiana y en notables casos, nuevos hermanos, con algunos de ellos me une aún sólido y profundo afecto.

Es esta una de las razones por las que hoy, al volver la vista atrás y atisbo con claridad los rasgos singulares de quienes ahora forman una generación entrañable pues la amistad en la escuela preparatoria tiene un matiz muy particular.

Es en este periodo cuando la conciencia se abre a nuevos horizontes: en el conocimiento y las relaciones personales; en las aspiraciones profesionales; en la independencia y la individualidad.Los compañeros y los amigos toman un lugar que antes ocuparon los hermanos; se convierten en nuestros cómplices y confidentes; nos acompañan por igual en el descubrimiento del ser que pronto se convertirá en adulto, fraguando un sólido vínculo afectivo. Existe otro aspecto de mi escuela al que pude valorar de manera distinta conforme pasaron los años y continué estudiando: el de sus instalaciones. Puedo ahora esclarecer el significado que los lugares físicos y los espacios que ellos generan tienen en la formación del individuo. El planteamiento del conjunto de edificios que conforman el instituto son producto de la visión de sus fundadores, de la generosidad de sus benefactores y la comunidad educativa que les dio vida. Un claro ejemplo de como las instituciones pueden llegar a ser el reflejo fiel de los individuos que las constituyen.

No vi nacer el colegio por obvias razones. Bien pude ser hijo de algún integrante de las generaciones fundacionales y adicionalmente, nací en otros lares. No obstante, comprendo que su austeridad, funcionalidad, higiene y confort son consecuencia de la austeridad de la órden de las Hermanos de las Escuelas Cristianas. Entiendo ahora que sus edificios sonmas que simplesmuros y cubiertas; mucho mas que plazas y andadores; mas que ladrillo y concreto y que son la materialización de las aspiraciones de forjar a la niñez y la juventud lagunera y del norte del país, en una ambiente propicio para la salud espiritual, intelectual, física ymental.También, la cristalización del sueño de brindar un espacio para la formación en principios y valores. Una fotografía aérea de la década de los años treinta ilustra con claridad las condiciones iniciales del terreno destinado para la construcción del colegio: los sembradíos, el paisaje cerril, la fábrica de zapatos, la Villa de la familia Paparelli, la VillaMatel, una aislada casa en medio de la nada, la incipiente traza urbana de la calle Agustín Castro y la antigua ruta de un tranvía. Retrato de un páramo que se había convertido en la cuna del oro blanco, tierra que daba frutos a quien se entregaba a ella. Esta sobria imagen se puebla en mi imaginación con los sucesivos inmuebles que con el tiempo fueron ahí erigidos.

En ellos quedó plasmado el espíritu de cada una de las etapas que como estratos fueron acumulándose a lo largo de ocho décadas. La añosa casa de patio y arcadas de la fábrica como el primer asiento de las aulas, representando el espíritu emprendedor y fabril de los pobladores de la región; la villa que pasaría a ser la Villa Anita, residencia de los Hermanos y las distintas generaciones de formadores, pergeñada de anécdotas de los tiempos de la revolución, en una finca solariega con el sabor de casa de campo.

También el testimonio de la voluntad de hacer de la arena un nuevo asentamiento y de imponer la racional urbanización sobre los surcos. Los edificios entendidos como el simiente de la cultura de una región.

En el terreno yermo se erigen los dos pabellones que sucesivamente han alojado a la primaria, preparatoria y ahora las oficinas de la dirección, austera construcción de los dos edificios edificados por iniciativa del Señor Thierry y que han sido ennoblecidos por la formación demúltiples generaciones de educadores y educandos. Resuenan en ellos los pasos y las voces demis compañeros, amigos y un sinfín de recuerdos.

En mi imaginación veo crecer el césped dando forma a las primeras canchas de futbol en la zona, veo las glorias juveniles del deporte, algunas de ellas figuras en el deporte nacional.

Un trampolín que se eleva sobre el agua, espejo y líquido vital, desde donde inició el vuelo angelical de una gloria olímpica invitada: Joaquín Capilla. El edificio coronado por dos cubiertas quebradas y la planta en forma de ‘U’ del antiguo internado, proyecto de los arquitectos Ávalos Reyna y Palazuelos, se sostiene sobre columnas de concreto y abraza un patio.

Ayer dormitorio y aulas, ahora solamente aulas. El tiempo y el humano todo lo transforman.

Dice el poeta: ‘Nosotros, los de antes, ya no somos losmismos’.

En la tarde otoñal recorro los andadores del colegio. Me toman por asalto los recuerdos.

Ya no está la antigua arboleda ni las acequias, el lugar de una parte de mi juventud se ha transformado, los rostros familiares moran ahora en el recuerdo. En mi espacio interior resuenan los acordes de una orquesta estudiantil memorable, las cuerdas de las guitarras, las voces de las reyertas adolecentes, el vibrante murmullo de los espectadores en las gradas.

Las voces de losmaestros como bálsamo o como canción de siesta, son parte de una orquestación pretérita.

En fracción de segundos miles de imágenes vitales pasan pormimente, suprimiendo el tiempo. Vuelvo a la conciencia por el sonido de otros pasos.

Menudos y joviales corren por nuevos senderos de un lugar para mi ahora ajeno. Son las nuevas generaciones que ahora habitan el lugar de mi juventud remota. Nuevas voces pueblan las aulas, torrente sanguíneo que da vida una vezmas alquerido y añoso Instituto.

Juan Bautista de la Salle imaginó entre los siglos XVII y XVIII en Francia, una nueva forma de transmitir y generar el conocimiento para la niñez y juventud de su época. Su visión pedagógica concibió la educación simultanea en la que los infantes recibieron la formación en grupo, no en forma individual, dando existencia alas aulas. Estableció la educación en los seminarios de maestros, las actuales normales; trabajó en reformatorios, fundó residencias estudiantiles llamadas internados para estudiantes de localidades sin escuelas. Escribió también, un documento fundamental para la educación llamado ‘Guía de la escuelas’.

Su obraha florecido en la tesonera labor de sus hermanos maestros en la planicie lagunera sostenida por la voluntad de sushabitantes.Es la inspiración de estanoble instituciónquepara millares de jóvenes y niños, ha sido aula, espacio recreativo, lugarpara el cultivode lamente y del espíritu. También un hogar donde despertaron los ideales que hoy en la unidad fraterna, nos siguen inspirando.

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Vista aérea del predio, donde también se ve el Colegio Villa de Matel y Villa Anita.
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