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CARLOS CÁRDENAS
dom 10 feb 2019, 9:15am 4 de 28

Espacio tiempo (segunda parte)



GALERÍA SEISDIECIOCHO

Definir lo que es el tiempo es un asunto que ha interesado a muchos grandes pensadores, desde los presocráticos hasta Kant (1724-1804) se han elaborado argumentos para darle explicación a esa realidad mediante la cual hemos podido darle sentido a la historia, el conocimiento y nuestras vidas. Todos parecemos comprender lo que es el tiempo, sin embargo, el tener que explicarlo representa todo un reto.

Cuando Heráclito (540 a.C. - 480 a.C.) formuló su teoría del "devenir" con todo lo que ella implica para la concepción del cosmos, el pensamiento del hombre sobre el proceso de cambio continuo de todo lo que nos rodea fue evolucionando desde un deseo por explicar la realidad hasta la obsesión de cálculo y medición de prácticamente todo a través de la ciencia moderna.

Y es precisamente con la llegada de los grandes descubrimientos científicos, y en particular los de Isaac Newton (1643-1727) y Albert Einstein (1879-1955) que la concepción del tiempo se ve ampliada de manera significativa.

Las teorías de la relatividad especial y general vendrían a transformar por completo todo lo que habíamos entendido por concepto de tiempo y espacio y que al final vendrían a ser definidos como dos aspectos de una misma cosa: el espacio tiempo.

Después de todo este desarrollo sobre el concepto del tiempo pareciera haberse aceptado que el mismo corresponde a una realidad, más bien personalizada, una construcción individual; si bien los relojes sincronizados parecen moverse al mismo ritmo para todos, la percepción del tiempo resulta también modificada por las circunstancias en las que nos encontramos cada uno, por ejemplo, si estamos repletos de actividades el tiempo parecerá ir más rápido que cuando no tenemos nada que hacer o si nos encontramos aislados.

Uno de los pensadores que se ocupó del tiempo, su naturaleza y la forma en la que lo medimos fue San Agustín y en el capítulo XI de sus 'Confesiones' concluye que el tiempo es medido gracias al alma humana y su conciencia donde la memoria juega un papel crucial para poder aterrizar un concepto tan complejo, para San Agustín es imposible medir el pasado porque ya no existe, el futuro porque todavía no es y el presente porque fluye tan velozmente que parece no tener permanencia suficiente, solo es posible medirlo cuando determinamos el inicio y final de un acontecimiento, es decir, por intervalos bien definidos y que, por otro lado, gracias a la facultad de la memoria es posible hacernos una idea del tamaño de su duración para fines muy específicos: "No es, pues, el porvenir lo que es largo ya que no existe; un largo porvenir es una espera del porvenir, que lo concibe como algo largo; no es el pasado lo que es largo, puesto que no existe; un largo pasado es un recuerdo del pasado que se lo representa en prolongación" (Confesiones Capítulo XI).

Este proceso para medición del tiempo descrito por San Agustín lo conocen los artistas, porque la creación supone la participación de la memoria, los tres estados del tiempo, pasado, presente y futuro que, sin su presencia en la conciencia humana, no podría originarse el arte.

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