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MARIO JIMENEZ
lun 18 mar 2019, 10:33am 10 de 16

Jacarandas, los azules que se caen de morados en la ciudad



Se aproxima la primavera. Cada año que pasa y se acumula en la experiencia de nuestra trayectoria, nos parece que los ciclos se repiten con más celeridad y se necesita más atención y disposición para saborear y disfrutar los regalos de la naturaleza. Entre esos festejos naturales está la aparición de las princesas azules, las flores de las jacarandas con sus destellos violetas. Un árbol holgado, alto y muy fuerte que ha inspirado a todas las personas que las admiran, así han creado poesías, canciones y pinturas comparando su belleza con el cielo, el mar, la mujer, lo diáfano y alegre.

Con el trajín diario las cosas se ven solo de soslayo, la atención está como debe ser en el trabajo y la actividad diaria, pero en un momento nos puede llamar la atención el color azul de esa flor en las alturas, que nos quiere decir algo pero no tenemos la sensibilidad para entenderlo o cuando menos tiempo para sentirlo, como lo han hecho poetas como Rafael Alberti, Alberto Ruy Sánchez y Renato Leduc, que se fascinaron con el matiz de estas flores.

La jacaranda es originaria de Sudamérica; se encuentra en regiones de Brasil y Paraguay a México llegaron en 1900 procedentes de Manau, Brasil, con su nombre en Guaraní: el jacarandá, aquí perdió el acento y cambio a femenino. El señor Tatsugoro Matsumoto y su hijo Sanshiro Matsumoto, migrantes japoneses, las cultivaron en sus viveros de la colonia Roma y en 1922 le ofrecieron al presidente Álvaro Obregón plantarlas en las principales avenidas y jardines de la ciudad de México como un tributo a su país de adopción; de la capital se distribuyeron a otros estados de la república.

En la ciudad de Durango podemos encontrar este árbol por todos los puntos cardinales, con más frecuencia en las áreas más antiguas de viviendas y solares. Al paso de los años, se aprende a observar detalles de nuestra tierra que permiten pronosticar los cambios de su paisaje urbano, y ahora nos disponemos a disfrutarlos con el sabor de la añoranza y la ansiedad de la espera.

Se anuncia ya la primavera y esperamos la aparición de las princesas azules de Durango. No hay duda, llegarán y unirán el cielo y la tierra;hacia arriba veremos el azul del infinito hecho flor, abajo la alfombra que nos integra en un momento de plenitud, alegría y confianza envueltos en una esfera diáfana y plena de luz y energía. El tiempo se detiene bajo su fronda y se goza el momento sin pensar en nada.

Las princesas azules son bellas y como todos los seres vivos su belleza es efímera, pero suficiente si la apreciamos con amor a la vida. Ellas han inspirado a poetas, músicos y pintores y han hecho perdurable su imagen en la memoria, dice Alberto Ruy Sánchez: "La flor de la jacaranda es como una mano que hace magia girando. En su hechizo, al mirarla nos alegra". Y Rafael Alberti la mira con otros ojos: "Por la tarde, ya al subir; por la noche, ya al bajar; yo quiero pisar la nieve azul del jacarandá". Y el poeta Mario Molina Montes nos regaló su hermosa canción: "Te quiero por bonita, y por tu cara extraña. Te quiero por tus ojos de jacaranda en flor. Te quiero por el dulce, que llevas en los labios. Te quiero porque hiciste, olvidar mi dolor. Y por tu pelo de oro, que brillo aquella noche. Y la luz de tus ojos de jacaranda en flor".

La existencia acumula años y a mayor edad más sabor tiene la vida, y más sencilla es disfrutando de los regalos cotidianos y gratuitos: las aves, las flores, el fresco amanecer y las llameantes tardes. ¡Hermosa ciudad es Durango!, su clima benéfico para las jacarandas las deja lucir todo el año, en un tiempo su follaje en otro sus ramas desnudas que recuerdan los relámpagos o las ramificaciones de las neuronas, y lo espectacular cuando llega con su pléyade de princesas; cada año nos alegran los días y por ellas se añoran más las tardes de abril ¿quién no recuerda sus tardes de abril? Esta primavera vamos a caminar por la alfombra azul tomados de la mano por el piso azulado, con quien tengan a su lado y con nuestros recuerdos, una selfie será excelente para preservar esos momentos.

Al contemplar esta joya vegetal, aflora un sentimiento de agradecimiento hacia las personas que acertaron a plantar y cuidar esta giganta que cada año visita nuestra ciudad, con la Diosa Flora y sus damas azules vestidas con sus atuendos destellantes de violeta. Estemos atentos en esas ramas obscuras que son los camerinos de las estrellas, allí está bullendo la renovación y a la tercera llamada de natura aparecerán las brillantes caudas. Que florezcan nuestros corazones esta primavera como dice Carlos Pellicer en su "Discurso por las flores: "Ser flor es ser un poco de colores con brisa; la vida de una flor cabe en una sonrisa". El color de la flor de la jacaranda tiene tonos azules, violetas y morados lo que hace más atractiva su imagen. Aprovechando la mención del poeta Carlos Pellicer nos despedimos con este poema: "Hay azules que se caen de morados". Y este fragmento "Quiero que nadie sepa que estoy enamorado. De esto entienden y escuchan solamente las flores. A decir me acompañe cualquier lirio morado: señoras y señores, aquí hemos terminado".

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