Editoriales
Patricio de la Fuente
vie 29 mar 2019, 7:25am 1 de 8

AMLO y las disculpas o cómo quemar pólvora en infiernillos



SIN LUGAR A DUDAS...

“No existe la guerra inevitable. Si llega, es por fallo del hombre”.— Andrew Bonar

Con la Cuarta Transformación no ha habido descanso ni espacio para habitar en la justa medianía. Así son los cambios, supongo: tajantes. Se busca el divorcio de una narrativa que según el presidente hoy no sirve. El modelo neoliberal, sostiene Andrés Manuel López Obrador, fue incapaz de resolver los grandes males que nos aquejan. En parte tiene razón, sin embargo cabe el matiz que lleve a comprender que nuestra historia no puede ser leída desde el negro o el blanco.

Existen capítulos del pasado con los que el presidente quiere romper de tajo, y otros donde busca encontrar indulgencias y perdones históricos sobre aspectos que a juicio de muchos, ya han sido ampliamente superados.

Comprendo que el capital político del mandatario es muy grande, pero tampoco existe urgencia de tirarlo por la borda a la primera oportunidad. El ejercicio del poder implica la madurez para advertir qué batallas hay que pelear, y los arrestos suficientes para ir hasta el final y ganarlas. Cuando se abren demasiados flancos de guerra, se pierde la concentración y a la par la puntería.

Porque más allá de reconciliarnos con nuestra historia y comprenderla, lo que hizo el Presidente de la República esta semana fue complicar un presente convulso y plagado de temas de urgente resolución para los cuales parece no existir desenlace.

Otros son los apremios nacionales como para quemar la pólvora en infiernillos y exponerse de manera innecesaria a ser cuestionado por sus críticos. No conforme con los que tiene aquí en casa, ahora, al coro de voces críticas que disienten de López Obrador se suman otras desde el exterior. Voces, cabe destacar, que cuentan con la suficiente autoridad moral y política para desestimar los reclamos de presidente mexicano y calificarlos de anacrónicos.

Aunque la carta enviada al Rey de España por el titular del Ejecutivo haya sido escrita en un tono conciliador, no había necesidad de agitar el avispero. Valoro el aprecio y dominio de la historia que tienen tanto el presidente como su señora esposa, la doctora Gutiérrez Müller, pero buscar disculpas de España no servirá de nada ni sacará a nuestras etnias de la postración en la que viven desde hace mucho tiempo.

Para muestra 1994. El 1 de enero, un grupo de indígenas pertenecientes al EZLN se levantó en armas exigiéndole al Gobierno de Carlos Salinas la urgente resolución de sus problemas ancestrales. A 25 años de aquello, ninguna administración ha logrado atenuar los rezagos que enfrentan y ofrecerles mejores oportunidades. Si los gobiernos de nuestro país son incapaces de hacerlo, ¿cuál sería el alivio que traerá un acto de contrición de España por cosas ocurridas hace varios siglos?

Si de disculpas hablamos, es importante recordar que hacia 1836 con la firma del Tratado Definitivo de Paz entre México y España, se acordó el “total olvido de lo pasado, y una amnistía general y completa para todos los mexicanos y españoles”. Desde entonces, la relación bilateral ha atravesado por distintos momentos, no menos complicados, que fueron resueltos con voluntad y el uso de nuestros recursos diplomáticos, mestizaje histórico, e historia ancestral en común.

“Habrá total olvido de lo pasado, y una amnistía general para todos los Mexicanos y Españoles, sin excepción alguna, que puedan hallarse expulsados, ausentes, desterrados, ocultos, o que por acaso estuvieren presos o confinados sin conocimiento de los Gobiernos respectivos, cualquiera que sea el partido que hubiesen seguido durante las guerras y dimensiones felizmente terminadas por el presente Tratado, en todo tiempo de ellas, y hasta la ratificación del mismo”, dice el Tratado de Paz.

Al término de la dictadura franquista, México reestableció relaciones con la Península Ibérica y desde entonces ambos países son grandes aliados. Hoy en día, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha manifestado su simpatía por la administración de Andrés Manuel López Obrador y dado muestras de que pretende afianzar dicha relación.

Al tiempo, nuestro presidente habla de la urgencia de una reconciliación con España. Cosa rara, no sabía que estuviéramos peleados con los españoles. Para mí, es más urgente comenzar con una reconciliación nacional. Mientras el Presidente siga utilizando sus conferencias de prensa para tildar a sus críticos de “fifís” y acuda a una retórica que solo divide y ahonda en heridas recientes, me temo que la reconciliación de la que habla será francamente complicada.

El buen juez por su casa empieza. Urge reconciliarnos aquí, en México. Como escribí desde Twitter: lo de España y las disculpas son ganas de buscarle chichis a las hormigas.

Twitter @patoloquasto

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