Editoriales
LUIS ALBERTO VÁZQUEZ ÁLVAREZ
sáb 13 abr 2019, 7:07am 5 de 8

La silla embrujada



Metáfora ciudadana

"Si quieres conocer a un hombre, revístele de gran poder"

Pitaco de Mitilene

El pasado miércoles se recordó el centenario del asesinato de Emiliano Zapata; pasaje que nos ubica en la actualidad política. Después de vencer a Victoriano Huerta y tras el fracaso de la "Convención de Aguascalientes"; Villa y Zapata llegan a la ciudad de México y firman el tratado de Xochimilco. El 6 de diciembre de 1914, ambos posan en el salón presidencial para una fotografía que la historia registra como grandiosa: Villa sentado en la silla presidencial, quien luego invita a Zapata a hacer lo mismo; pero este expresa: "La silla presidencial está embrujada; cualquier persona que se sienta en ella se convierte en mala". En opinión de Zapata representaba aquello contra lo que luchaba: abuso de poder, injusticias, pobreza. En realidad, ninguno de ellos tenía interés de quedarse con el poder; sus objetivos precisos eran dotar al pueblo de tierras y dignidad. "¿Y por esto nos estamos matando?" expresaría Villa. "Debimos quemar ese trono cuando pudimos", comentaría Ricardo Flores Magón recordando que lo quiso hacer Eufemio Zapata.

¿Cómo nació este episodio que hoy traemos a la memoria? Francisco I. Madero era un idealista con tan buenas intenciones como ingenuidad. Creía que desde la presidencia podría resolver todos los males de México. Después de derrocar a Díaz, en noviembre de 1911, se convierte en presidente legítima y democráticamente. De inmediato se le echan encima quienes estaban acostumbrados a recibir limosnas de Díaz y los corruptos científicos, millonarios gracias al gobierno. Se burlaban de su espiritismo, de su estatura; cualquier comentario que hacía era sacado de contexto y tergiversado. Los políticos porfiristas y los detractores de la revolución; en especial, los periodistas "maiceados", fueron furibundos atacantes; los caricaturistas lo ridiculizaban cruelmente llamándole "loco"; le acusaban de hechos negativos ocurridos antes de su gobierno y hasta de catástrofes naturales. Lo que más les dolía era que él no les repartía dinero como el viejo dictador; los beneficiados del porfirismo estaban en extinción.

Estas acciones destructivas del crédito nacional, (justo lo que quiso evitar don Porfirio cuando renuncio), trajeron innumerables problemas; hubo desabasto intencional de alimentos, retraso en trenes; e infinidad de circunstancias que llevaron al pueblo, quien mayoritariamente había votado por Madero, a creer que se había equivocado... A Madero le faltó el coraje del hombre honesto que lucha contra las injusticias; no tomó el "toro por los cuernos" ni enfrentó a la casta científica, causante de graves daños al pueblo; tal como se lo referiría Blas Urrea en una carta histórica donde lo comparaba con un cirujano quien habría dejado inconclusa una operación al enfermo moribundo que era México.

Madero hubo de soportar burlas y amenazas de Estados Unidos a través de su embajador Henry Lane Wilson; quien reunió a políticos porfiristas para desestabilizar al gobierno revolucionario. Sembraron el caos en la economía a fin de poner a la opinión pública en contra de los maderistas. Embajadores latinoamericanos, en las horas más álgidas, le pidieran renunciara. Todo esto sirvió para justificar, en su momento, la rebelión neoporfirista conocida como la "Decena Trágica" que, a través de un golpe de estado, permitió a Victoriano Huerta derrocar y asesinar a Madero. Los antiguos porfiristas apoyaron la asonada, creyeron que con ella regresarían sus prebendas; estaban completamente equivocados; su fin había llegado. Huerta se hizo de todo el poder para sí, quitando a los caciques y hacendados "científicos" de cargos y privilegios, desapareciendo el congreso y el estado de derecho; con tristeza y furor, sus cómplices descubrieron que el gobierno al que ayudaron a hacerse con el poder era mucho peor que aquel que habían derrocado.

Cuando Zapata aseveró que la silla presidencial estaba embrujada; se refería específicamente a Madero; quien no supo o no pudo mantener el poder popular con que había sido investido, se entregó a los enemigos del pueblo y él mismo quedó aniquilado. Con todo, el mexicano ya conocía su capacidad decisoria y no iba a retroceder, sabía que podía cambiar y lo iba a lograr a cualquier costo. Al final de cuentas ninguno de sus lacayos enemigos subsistió; ya no digo a la revolución; ni siquiera a la dictadura huertista y, más tarde, la historia los acabo de destruir a todos, encerrándolos en una putrefacta masa informe que los recuerda como traidores y oportunistas.

Andrés Manuel López Obrador, ateo descreído de todo lo sobrenatural, tomó protesta tras bendiciones y ritos indígenas, más tarde pidió a la madre tierra su anuencia para el arranque del tren maya. Hace unas semanas presumió haber "hecho una limpia" a la silla presidencial, esa que ni Villa ni Zapata quisieron. Inmediatamente sus detractores se burlaron... me cuestioné a mí mismo: ¿Quién habrá reído de quién? ¿Realmente él cree todo lo que dice o es un ladino que pasa por taimado?, embabuca con "giros lingüísticos" para ver cuántos caen en sus celadas políticas. Ejemplo: ¿le ha pasado que un conductor furioso le insulta y amenaza de carro a carro? usted, simplemente sonríe y le hace señales de amor y paz. ¿Le recuerda eso las relaciones AMLO-Trump?; ¿y el cierre de la frontera apá? ¿Habrá AMLO realmente deshechizado su silla? O ¿acaso el hechizo reencarnó en las sillas de sus subalternos? (caso tenencia vehicular y otros más...) Y de pronto, esa fascinación exorcizada, cual fantasma chocarrero, le salta al propio presidente...

Aprovecho este espacio para agradecer al Maestro Israel Castillo Hernández y a su equipo directivo de la Preparatoria Venustiano Carranza, el reconocimiento que amablemente me brindaron. Lo aprecio infinitamente, aunque dudo mucho ser merecedor del mismo.

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