Durango
JUAN M. CÁRDENAS
jue 18 abr 2019, 1:11pm 9 de 27

Semana Santa fue pilar para la evangelización

Viviente. La recreación de la pasión de Cristo fue uno de los elementos que mejor funcionaron para la conversión de los indígenas del Valle del Guadiana. (ARCHIVO)


Durango está por cumplir 456 años de una historia cimentada en sus edificios y sus tradiciones, una de ellas data del proceso de evangelización que acompañó a los grupos colonizadores y se evocará estos días a través de la Semana Santa.

El presbítero Alejandro Vacio Longoria, historiador de la Arquidiócesis de Durango, explicó que en los archivos históricos están documentadas las evidencias de la introducción de la fe cristiana en los grupos indígenas que habitaban en el Valle del Guadiana y que, a diferencia de las etnias del sur del país, no tenían deidades "personales" sino que las identificaban con la naturaleza y sus diferentes elementos.

INICIO DEL PROCESO

El capitán Francisco de Ibarra, considerado el colonizador que fundó la villa de Durango, era acompañado por un grupo de frailes franciscanos y fueron quienes iniciaron la ardua, y en algunos casos mortal, labor de evangelización en esta región a partir del año de 1563; pero fue hasta 27 años después, con la llegada de grupos jesuitas, que se hizo más "personalizado" dicho proceso al buscar crear un enfoque en los indígenas para ya no adoraran a los elementos que los rodeaban, sino que los consideraran como creación de un solo Dios judeo-cristiano.

Los documentos históricos de la Arquidiócesis no contienen evidencia de que dicho proceso fuera violento en el Valle del Guadiana, aunque sí lento, pero que se facilitó debido a que los nuevos colonizadores recurrieron a la catequesis, particularmente en niños y jóvenes, mediante las enseñanzas fundamentales de la escuela pero se percataron de que ofrecía mejores resultados si se hacía con el uso de las representaciones.

Desde entonces, los jueves de Semana Santa se hacía el lavatorio de los pies para lo cual los frailes elegían a los indígenas enfermos, con limitaciones físicas o los más pobres; pero resaltaban la escenificación de la Pasión de Cristo los días viernes, con todo y el recorrido respectivo que marca la historia cristiana, para generar mayor sensibilidad en los receptores.

DÍAS SANTOS

Por su parte, la vigilia del sábado Santo se celebraba en la mañana considerando que antes del Concilio Vaticano II, que se verificó ya hasta el año de 1962, un decreto Papal de que no podía pasar medio día sin que se celebrara misa; con el uso de agua y velas para bendecir, se conmemoraba la Gloria y la purificación mediante el baño para tener una limpieza interna y externa fruto del sacrificio del Calvario.

Debido a las distancias entre el centro de la Nueva España y la región del norte, las tradiciones que se fueron introduciendo en la villa de Durango tenían raíces más europeas, tal como el origen de los colonizadores. El ejemplo más claro referido por el historiador de la Arquidiócesis son las procesiones que tuvieron una práctica muy acentuada en regiones españolas como Sevilla y Córdoba, por lo que solo sufrieron una adaptación con la paulatina aceptación de los pueblos indígenas y posteriormente mestizos.

Alejandro Vacio resaltó que en el año de 1673 llegó la iglesia de San Agustín la imagen del Padre Jesús, que fue mandada traer directamente de España, dando origen a lo que fue la Cofradía de Hermanos de Nuestro Padre Jesús. A la par, fue permeando la visita a los siete templos que evoca el recorrido que vivió Jesús y que tiene su punto culminante en la crucifixión.

Con el desarrollo de las diferentes parroquias a lo largo de los siglos, fueron generándose diferentes expresiones para celebrar la Semana Santa. Ejemplo de esto son los diferentes via crucis que durante el viernes se escenifican en gran parte de las iglesias de barrios y colonias de lo que hoy es la ciudad de Durango.

Finalmente, si bien a lo largo de los años se ha desgastado el sentido espiritual que durante siglos tuvo la Semana Santa en Durango, el historiador de la Arquidiócesis consideró que puede hablarse de que las tradiciones que se desarrollaron desde su inicio no solo se mantienen sino que han permeado en las familias para mantenerse a lo largo de los años.

Viviente. La recreación de la pasión de Cristo fue uno de los elementos que mejor funcionaron para la conversión de los indígenas del Valle del Guadiana. (ARCHIVO)
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