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lun 13 may 2019, 8:38am 8 de 43

'Aquí no hay más que esperar, y esperar y esperar'

Además de centroamericanos, cubanos y de países africanos han optado por entrar a través de México, por lo que las autoridades se encuentran rebasadas en el Instituto Nacional de Migración.


En algunas regiones fronterizas ni siquiera existe un programa fijo de atención a migrantes

Los migrantes se quejan de acosos y secuestros por parte de bandas de delincuentes y de funcionarios corruptos. Algunos pagan para que los dejen adelantarse en la cola. Otros, decididos a ingresar legalmente, esperan pacientemente, a veces por meses.

Esto es lo que sucede desde que el gobierno de Donald Trump cambió radicalmente la forma en que procesa los pedidos de asilo.

Ayer en una primera entrega se expuso la situación de tres ciudades fronterizas: Ciudad Juárez, Reinosa y Piedras negras, hoy presentaremos la situación de otra regiones a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos.

En algunas ciudades pasan días sin que nadie sea procesado, según se comprobó. En San Diego se tramitan hasta 80 solicitudes diarias, pero la cola en Tijuana, la más larga de todas, tiene unas 4.800 personas.

NOGALES: Un asunto de familia

Ninoska Marisol Martínez Ortiz lleva su beba de 15 meses en sus brazos y la limpia de vez en cuando la nariz mientras cuenta su experiencia en Nogales. Pasó 45 días en esa ciudad mexicana de la frontera, en una lista con unos 1.000 nombres.

Fue una de varias decenas de migrantes, mayormente de América Central y México, que se congregaron en una capilla adornada con imágenes de Nuestra Señora de Guadalupe.

"¿Cuántas personas llevan aquí 30 días?", preguntó un periodista. La mitad levantaron sus manos.

Sheyla Matamoros estaba desde hacía 48 días. Carlos Quinteros había perdido la cuenta.

Brenda Nieblas, cuya familia administra otro albergue de la zona, lleva la lista de los que van llegando.

Antes de que ella se involucrase, cientos de migrantes esperaban en el cruce fronterizo y muchos se abalanzaban cuando las autoridades estadounidenses llamaban gente para iniciar los trámites.

Ahora ella les asigna números. La mayoría de los días unos pocos migrantes son admitidos. Algunos ninguno, ninguno.

Cuando llegan, a menudo se los envía a un puesto de primeros auxilios de la Cruz Roja, como ocurrió con una mujer con un hijo de tres años que no paraba de llorar. El personal médico le dijo que no había infecciones, pero que ella se había deshidratado durante el viaje.

Después se los conecta con Nieblas, que los incorpora a la lista de espera, les asigna un albergue en Nogales y los informa cuando llega su turno.

MEXICALI: A LA ESPERA DE UNA LLAMADA TELEFÓNICA

Grupos Beta, una unidad del servicio de inmigración de México que ofrece comida, transporte y otras formas de ayuda a los migrantes, interviene en todas las ciudades pero en ninguna más que en Mexicali, urbe de un millón de habitantes, del otro lado de Calexico, California. Los empleados de Beta lucen camisas anaranjadas y se les informa a diario cuántas personas serán admitidas. Llaman entonces a los números correspondientes. En Mexicali hay unos 800 nombres en la lista.

Dos administradores de albergues dijeron que todos los días se les informa qué números serán llamados. Pero Heidi Láinez y su hijo de tres años Gonzalo tuvieron solo media hora para presentarse con sus números, el 2.155 y el 2.166. Había esperado un mes.

"Tienes que tener la valija lista", comentó Láinez, una hondureña de 29 años que se alojaba en la casa de una amiga. "Si no estás lista, pierdes tu turno. Siempre tienes que tener tu teléfono contigo". El personal de Beta escribe los números en papeles cuando llega una persona que busca asilo y le pide un número de teléfono. Quienes no tienen un teléfono, dejan el nombre del albergue donde se alojan.

SAN LUIS RÍO COLORADO: 'NO HAY UN PROGRAMA FIJO'

Darwin Mora está a cargo de dos grandes tableros blancos con cientos de números escritos con un marcador negro. Cada número representa una familia o una persona. Cuando la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo informa a las autoridades mexicanas cuántas personas admitirá ese día, le corresponde a Mora asegurarse de que esas personas están listas.

Mora, un individuo alto que habla rápido y se precia de estar pendiente de los detalles, dice que la OACF lo puede llamar a cualquier hora del día, desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche. Durante esas horas, él está siempre cerca del tablero, ubicado debajo de un toldo verde. El tablero está dividido en prolijas columnas y líneas. En cada casilla hay un número que representa la cantidad de miembros de una familia.

"En realidad no hay un programa fijo", manifestó. "Sería bueno que tuviesen uno, pero puede ser a las siete de la noche o a las tres de la tarde. No hay nada fijo. 'Oye, necesito un grupo de dos. Necesito un grupo de cinco'. Nunca es lo mismo".

Después del cierre de un gran campamento de personas que buscaban asilo a principios de año --más de 200 familias bajo lonas en una faja de tierra, que respiraban las emisiones de los autos-- Mora impuso nuevas reglas y ahora se permiten campamentos de no más de seis toldos y 15 familias. Pueden permanecer allí familias que van a ser llamadas pronto, lo que les permite estar listas cuando les llega su turno.

Hay unas 900 personas en la lista si se da por sentado que hay tres personas por familia. Los arribos más recientes pueden tener que esperar al menos cinco meses.

Isabel Mola, de 29 años, le escapó a un marido abusivo en el centro de México y se llevó consigo a sus tres hijos, de ocho, cinco y un año. Una amiga le dijo que San Luis Río Colorado era un sitio seguro y que las esperas para cruzar la frontera eran tolerables. Está 306 en la lista y no sabe cuánto tiempo permanecerá allí.

"A veces llaman gente, otras no. O lo hacen cada tres días", declaró luego de preparar una gran cacerola de sopa de verduras para el albergue para mujeres y niños migrantes donde está alojada.

Mora sabe que manejará la lista por poco tiempo. Es un migrante venezolano que espera con su familia y dos hijos ser admitida en Estados Unidos e instalarse en Phoenix, donde tiene familiares.

Mora está preparando a un mexicano que también pide asilo para que coordine la lista cuando llamen su número, el 181.

TIJUANA: LOS ANOTADORES

Tijuana tiene mucha experiencia con el sistema de números. Lo empezó a usar en el 2016, cuando llegaron numerosos haitianos que pidieron asilo en Estados Unidos. Su lista de espera tiene unos 4.800 nombres.

Todas las mañana Beta entrega anotadores gastados a personas que buscan asilo que se ofrecen como voluntarias para registrar los nuevo arribos. Un domingo reciente, había casi 100 personas haciendo fila, casi todas camerunenses que habían llegado el día previo.

Un voluntario usó luego un megáfono para llamar las 70 personas que podrían cruzar ese día.

"Es desgastante no saber cuánto tiempo vas a tener que esperar", dijo Pedro Trujillo, de 43 años, después de que se llamó su número. Su familia espera poder instalarse en lo de amigos en Kansas.

MATAMOROS: LARGA ESPERA Y 'NO HAY LUGAR' PARA FAMILIAS

Al pie del puente que conecta Matamoros (México) con Brownsville (Texas) hay más de 20 hojas de papel pegadas a un gran tablero con los nombres escritos a máquina de más de 800 personas. Son migrantes que esperan en Matamoros ver qué nombres son tachados con un marcador negro porque han sido llamados

Algunos de los nombres tienen la palabra "río" escrita a su lado porque se cree que esos individuos se cansaron de esperar y trataron de cruzar el río ilegalmente.

Unas 50 personas pueden dormir en carpas cerca del puente si están arriba en la lista. El resto se quedan en albergues, hoteles y casas de huéspedes.

Muchas personas que tenían preguntas en torno a la lista acudían a Cynthia Mayrena, una nicaragüense de 29 años que estaba en la lista desde enero junto con su esposo y su hijo de cuatro años. Dice que los adultos y adolescentes que viajan solos son llamados más rápidamente que las familias.

"A veces pasan 20 días sin que pase una sola" familia, afirmó. "Dicen que no hay espacio allí para familias".

Abundan las denuncias de que funcionarios mexicanos o guardias exigen dinero para incorporar a la agente a las listas o para adelantarlas. Varios migrantes que esperaban junto al puente, no obstante, dijeron que no se les había pedido dinero y que daba la sensación de que las litas estaban bien manejadas, solo que el proceso es muy lento.

Las personas que esperan en carpas junto al puente han formado una especie de comunidad cerrada. Una mañana reciente de fin de semana una hondureña le entrelazaba el pelo a una venezolana. Una niña contorneaba su cintura con un aro. Hubo festejos cuando unos voluntarios de una agrupación llamada Team Brownsville llegaron con un desayuno de leche, cereal y huevos duros.

El campamento, sin embargo, es un sitio duro, especialmente por las temperaturas, que llegan a los 32 grados centígrados (90 Fehrenheit) un mes antes de que empezase el verano. Algunas personas se las rebuscan para conseguir cuatro pesos mexicanos (25 centavos de dólar) para usar el baño del puente internacional y luego regresan.

Un hombre se zambulló en el río para bañarse. Podía llegar nadando al país al que quería entrar, pero permaneció cerca de la ribera mexicana.

Después de un rato salió del agua y regresó a las carpas. A esperar.

Además de centroamericanos, cubanos y de países africanos han optado por entrar a través de México, por lo que las autoridades se encuentran rebasadas en el Instituto Nacional de Migración.
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